La generación en México que no le teme al Apocalipsis | #Elecciones2018

El Apocalipsis es lo que le espera a México después de las elecciones presidenciales del 1 de julio. Al menos esa es la versión que circula en este país que vive bajo un ambiente polarizado desde que iniciaron las campañas. Para unos, el triunfo del candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, se traduciría en tomar un rumbo hacia la catástrofe, poniendo como ejemplo el caso de Venezuela; para otros, el ver ungidos a Ricardo Anaya o José Antonio Meade sería perpetuar y acentuar la enorme brecha de desigualdad social y económica, así como la corrupción, impunidad y violencia que han prevalecido durante los gobiernos del PRI y el PAN. Todos los bandos temen lo peor. Menos la generación Millennial.

México cuenta con la generación de jóvenes más grande de su historia y por eso mismo, representan casi un tercio del padrón electoral. Son alrededor de 25 millones de entre 18 y 29 años de edad, de los cuales, 12 millones estarían ejerciendo su voto por primera vez en su vida, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional Electoral (INE).

De izquierda a derecha: Miguel Millán, Janice López, Jim Valdés, Vania López, Martín Hernández, María Fernanda Avilés, Carlos Damián | Foto: Josué Parra / Yahoo

Para este último segmento de electores, el discurso de miedo que pinta escenarios apocalípticos no causa el mismo efecto que en las generaciones anteriores y es su mismo contexto histórico el que lo explica. Los jóvenes que votarán por primera vez tienen entre 18 y 20 años de edad y nacieron justo en la llamada transición democrática del país, esa en la que el hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió la presidencia luego de 70 años en el poder.

Por eso mismo, las referencias de este grupo de electores no son las grandes crisis económicas de los años 80 y 90, ni tampoco el sistema antidemocrático de sucesión presidencial donde el mandatario en curso nombraba a su sucesor, con una oposición sin fuerza o casi inexistente y que cuando llegaba a tener presencia, era arrasada por un sistema electoral controlado por el mismo gobierno.

Lista Nominal del Padrón de Electores para la elección de 1 de julio de 2018 por segmentos de edad | Fuente: Instituto Nacional Electoral

A esta generación la caracteriza el vivir y crecer bajo un panorama de economía de mercado abierto (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá entró en vigor en 1994) y una revolución tecnológica donde la telefonía celular es preponderante, el consumo de música y video es digital y las comunicaciones y la información se basan más en el Internet y sus redes sociales y no en la radio y la televisión.

Pero también ha vivido bajo un panorama de violencia continuo en su memoria. Cruzaron de la niñez a la adolescencia y después a la edad adulta bajo una guerra del gobierno contra los cárteles del narcotráfico que ha dejado cientos de miles de muertos y desaparecidos. Para ellos, la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, es una herida reciente y los escándalos de corrupción de gobernadores y funcionarios públicos de todos los partidos, incluido el actual presidente Enrique Peña Nieto, los pone en la disyuntiva de si en verdad es posible un cambio sustancial en México como para participar activamente en la cercana jornada electoral. Sin embargo, de lo que sí están seguros, es que pase lo pase, y gane quien gane, el país seguirá adelante. Por más negro y desolador que quieran pintarles el futuro.

Los jóvenes, el sector que menos vota en todas partes

Vania López tiene 19 años, estudia Comunicación en la Universidad Anáhuac y si de algo está segura es que participará en la elección presidencial de este año. De hecho, ya tiene definido por cuál de los candidatos votará el próximo 1 de julio y no es el candidato puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador. Aún así, no cree que el país vaya a derrumbarse si gana AMLO. Aunque critica el dispendio hecho en las campañas electorales, sobre todo en la parte de propaganda por considerarla errónea e ineficiente, no dejará pasar de largo esta primera oportunidad de enfrentarse a las urnas. Sin embargo, Vania es la excepción a la regla que parece haberse establecido en los dos anteriores procesos electorales en México.

Vania López, estudiante de Comunicación en la Universidad Anáhuac campus Querétaro | Foto: Josué Parra / Yahoo

Según las estadísticas del INE, en 2015, cuando se eligió a los representantes del Congreso, el nivel de abstencionismo en el rango de personas de entre 18 y 19 años fue de 55%, mientras el de 20 a 29 años fue mucho mayor, en el orden del 64%, convirtiéndose en el segmento del padrón electoral donde un mayor número de personas no ejerció su derecho al sufragio.

Aunque hace 6 años, en la elección presidencial de 2012, la participación juvenil fue mayor, no superó el 62% en el caso de los chicos de 18 y 19 años ni el 53% en los de 20 a 29 años, convirtiéndose de nuevo en el sector con menor asistencia a las urnas.

Participación electoral por edad en la elección presidencial de 2012 en México | Fuente: Instituto Nacional Electoral

Para Greta Ríos, presidente de Ollín Jóvenes en Movimiento, una asociación enfocada en promover la participación electoral, el problema de la baja participación no es exclusiva de México y eso es consecuencia de la ausencia de propuestas enfocadas a cabalidad hacia la juventud.

“Las propuestas que hay hacia los jóvenes por parte de los candidatos son poco desarrolladas, como tarjetas de transporte y becas para estudiantes que no tienen un impacto en la juventud. Lo que necesitan es una política pública coordinada que genere oportunidades, que produzca espacios no sólo de educación, sino un esquema donde puedan alcanzar la movilidad social dentro de México sin tener que ir a la escuela. ¿Por qué en México las profesiones técnicas están tan devaluadas, por qué en México pareciera que no eres nadie si no tienes una licenciatura, por qué no puedes tener acceso a un nivel de vida digno para ti y tu familia si no es por este camino?”, precisa.

Greta Ríos, presidente de Ollín Jóvenes en Movimiento AC | Foto: Josué Parra / Yahoo

Fernanda Caso, consejera jurídica de la excandidata presidencial independiente, Margarita Zavala, secunda ese argumento, al decir que pareciera que los candidatos presidenciales no entienden a la generación Millennial ni sus preocupaciones.

“La mayoría de ellos en sus propuestas te habla de universidades, cuando es una generación que ya está en la universidad o ya decidió no asistir a una y está pensando en el siguiente paso, los primeros votantes lo que están pensando es en qué van a trabajar, pero aparte, de una manera totalmente distinta a las generaciones anteriores que buscaban entrar a una empresa y quedarse ahí para toda su vida”, agrega.

Fernanda Caso, representante ante el INE de la excandidata presidencial independiente, Margarita Zavala | Foto: Josué Parra / Yahoo

Si uno visita los sitios en Internet de los 4 candidatos, descubre que en los apartados destinados a las propuestas para jóvenes todos, sin excepción, prometen iniciativas destinadas a la educación, incluso a nivel bachillerato, enfocándose entonces en un segmento de jóvenes adolescentes que ni siquiera tienen la edad para votar. La mayoría son ambiguas, hablan de becas, tarjetas para transporte, y sin bien todos coinciden en la necesidad de fomentar el emprendedurismo, no abundan, al menos en sus plataformas online, cómo lograr insertar a los jóvenes en el campo laboral.

Participación ciudadana en la elección federal de 2015 en México | Fuente: Instituto Nacional Electoral

El único que detalla una cifra es Andrés Manuel López Obrador, quien propone que 2 millones 300 mil jóvenes desempleados de todo el país sean empadronados para que trabajen como aprendices en empresas pequeñas, medianas o grandes, tanto del sector público como del privado, dándole a cada uno un pago equivalente a 1.5 salarios mínimos por día (132.54 pesos / 6.62 dólares).

Roberto Castillo, un joven de 27 años que se ha postulado como candidato independiente para el congreso local de la Ciudad de México pone el dedo en la llaga con respecto a lo que en realidad le preocupa a los jóvenes hoy en día, esto es, saber que no contarán con un un buen sistema de pensiones o pensión siquiera, ni a un buen sistema de salud, además de tener empleos precarios y condiciones laborales malas, donde lo que prevalece hoy en día son contratos temporales y en outsourcing.

Roberto Castillo, candidato independiente a diputado local por el Distrito 26 de la Ciudad de México | Foto: Josué Parra / Yahoo
El mito de cambiar una elección

Para Martín Hernández esta será la primera elección que viva en su vida y a pesar de que está seguro de que irá a votar, lo hará como una mera experiencia y no porque considere que su participación pueda lograr un cambio significativo, ni mucho menos cambiar el rumbo y el destino del país. Es más, para él la mejor opción de vida ni siquiera la visualiza en México, sino en algún país del extranjero. Con un marcado escepticismo, no cree en esa versión de que su generación pueda determinar si un candidato u otro quede como presidente, aún cuando en porcentaje es la población más grande de votantes. Sin embargo, tampoco teme que gane López Obrador, Ricardo Anaya o José Antonio Meade. Simplemente el país seguirá su rumbo, sin caos, sin dramas, y él, su propio camino.

Martín Hernández, estudiante de Administración y Estrategia de Negocios en el Tecnológico de Monterrey | Foto: Josué Parra / Yahoo

En un escenario donde todas las encuestas ponen como vencedor al izquierdista Andrés Manuel López Obrador, se ha generado una expectativa por parte de los otros candidatos de que existe un voto oculto, el de los indecisos, que podría darle la vuelta a los resultados, ya que su porcentaje oscila entre 25 y 29% del electorado.

De igual forma, se ha fomentado la especie de que la generación de entre 18 y 29 años, con 25 millones de votantes, podrían definir al próximo mandatario mexicano, ya sea porque voten en masa o por el contrario, por el hecho de que dejen de acudir a las urnas.

Para Fernanda Caso eso no sería del todo cierto, pues se estaría afirmando, de forma errónea, que los jóvenes se comportan de una manera radicalmente diferente al resto del electorado.

Dos mediciones hechas entre marzo y abril (cuando aún no declinaba la candidata independiente, Margarita Zavala) dan cuenta de que, si bien Andrés Manuel López Obrador capta la simpatía del mayor número de jóvenes votantes, esa cifra va en sintonía con las preferencias en el resto de los segmentos de edad. Es decir, que si bien la mayor base de las preferencias por AMLO está en el nicho de los que tienen entre 18 y 29 años de edad, eso no quiere decir que no haya un sector de jóvenes que prefiera a uno de los otros candidatos.

Encuestas publicadas por el diario El País y el sitio de internet Nación321

“No creo que la población joven se comporte distinto a la población general, no creo que porque voten los jóvenes entonces eso favorece a un candidato, esto se va distribuir como se distribuye el resto de la población, Andrés Manuel tendrá un porcentaje importante, los otros candidatos lograrán otro, pero al final su voto responderá a los mismos razonamientos por los que la población toma sus decisiones.

“Es favorable que los jóvenes participen, sin embargo no creo que su participación o su abstencionismo pueda determinar a un candidato u otro. Ellos pertenecen también a ciertos sectores socioeconómicos, a ciertas universidades, centros de trabajo, distintas familias, viven en diferentes regiones y muchas veces la lógica de su voto responde más a esos criterios que a su propia edad”, señala Fernanda Caso.

Lo mismo sucedería con los indecisos. Al final, esas personas que no han definido por quien votar se repartirían de forma proporcional entre los 4 candidatos, pues sería casi imposible que uno sólo de ellos logrará captar a la totalidad, así como en las encuestas de jóvenes se nota una distribución proporcional a la que tienen en los demás rubros de edad.

“Desde mi perspectiva, es erróneo que se nos juzgue a los millenial de manera general, porque somos muy diferentes, cada uno vive en condiciones económicas muy distintas, con ideales diversos y ha pasado por cosas muy particulares. No se puede generalizar que toda una generación está con un solo candidato”, indica María Fernanda Avilés, estudiante de Relaciones Internacionales en la UNAM.

María Fernanda Avilés, estudiante de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México | Foto: Josué Parra / Yahoo

María Fernanda, de 18 años, es una de esas personas que aún se debate entre si elegir a Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya y lo que la detiene a decidir son más las deficiencias de cada uno que sus virtudes. Con todo y eso, considera que es importante que su generación participe porque será en el gobierno del próximo presidente cuando ellos tengan que insertarse en el campo laboral. No obstante, no ve un panorama catastrófico para después de las elecciones, gane quien gane. Lo que sí vislumbra es un escenario de desilusión para los próximos años, pues considera que ninguno de los dos candidatos podrá cumplir las altas expectativas que han generado con sus propuestas.

¿El nuevo PRI perdió una oportunidad histórica para redimirse?

Miguel Millán tiene 20 años y es mecánico de bicicletas. De eso vive y le va bien. Por años, su familia, conformada principalmente por policías, votó por el PRI. Pero esta vez no lo hará. Ni él tampoco en esta su primera vez. Su elección es Andrés Manuel López Obrador. No es porque le tenga aversión a ese partido, aún cuando las historias negras sobre esa institución en el siglo pasado se las cuentan una y otra vez. De hecho, dice, no conoce a alguien que no hable mal del PRI. Pero a él le bastó un solo sexenio, el actual, para saber que no votaría por ellos, por la Reforma Energética, los escándalos de corrupción del exgobernador Javier Duarte (ahora en prisión), el aumento de la violencia, entre otras cosas. Simplemente, apunta, “lo echaron a perder”.

Miguel Millán, mecánico de bicicletas | Foto: Josué Parra / Yahoo

Que un alto porcentaje de los jóvenes encuestados tenga preferencia por el candidato de oposición dice mucho sobre la popularidad del actual gobierno. De regreso en 2012 tras haber perdido una hegemonía de 70 años en el año 2000, lo que el presidente Enrique Peña Nieto prometía como un Nuevo PRI finalmente no terminó por darse cuando su administración se vio envuelta en casos de corrupción (Odebrecht) o presunto tráfico de influencias (la casa de su esposa comprada con el préstamo de un contratista del gobierno), aunado a seguir la misma estrategia contra los cárteles de la droga que no redujo la violencia sino que incrementó el número de muertos con respecto al sexenio anterior.

Si a eso se le agregan las múltiples protestas por el aumento del combustible que derivaron hasta en saqueos y reformas estructurales que no han sido para nada populares (energética, educativa) podría decirse que el PRI tuvo una oportunidad de oro para redimirse y ganarse a una generación a la que no había gobernado jamás. Y la dejó ir.

Mariana Benítez, vocera de José Antonio Meade, candidato presidencial del PRI, no lo ve de la misma forma, aunque acepta que hubo decisiones en el gobierno actual que tuvieron un costo político alto y que ahora les está pasando factura, como es el caso de la reforma fiscal.

“Yo creo que mucho es percepción alimentada por un número importante de actores, políticos y pseudoactivistas cuya misión es poner en el mundo y aquí en México ese panorama de que estamos demasiado mal”.

Mariana Benítez, vocera de José Antonio Meade, candidato presidencial de la coalición PRI/PVEM/Panal | Foto: Josué Parra / Yahoo

No obstante, hace hincapié en que el difícil escenario que hoy viven bajo el proceso electoral, con un candidato en tercer sitio en la mayoría de las encuestas, es también una parte lógica de competir siendo gobierno y no oposición como hace seis años.

Sin embargo, para Vania López, estudiante de la Universidad Anáhuac, el PRI es uno de los factores que hicieron que no se decidiera por José Antonio Meade, pues a pesar de considerarlo la persona con más experiencia en el campo de la administración pública, no puede quitarse de encima el estigma de ser candidato de un partido cuya último gobierno se vio envuelto en escándalos.

“A mí Meade se me hace una persona muy preparada y muy coherente, pero la carga de este partido que lleva atrás que es el PRI no le permite avanzar. Es un partido que ha propiciado una serie de situaciones que derivan en muchas de las deficiencias que ahora tenemos en nuestro sistema democrático; para mí, el PRI sólo busca salvarse a sí mismo”, agrega María Fernanda Avilés, estudiante de la UNAM.

En el caso de Carlos Damián Aguilar, músico de orquesta con 18 años de edad, el PRI no significa ese ente tan satanizado del que ha escuchado desde que era niño, más cuando creció dentro de una familia sumamente politizada con inclinaciones de izquierda y donde por ende, casi todos votarán por López Obrador. De hecho, a él no le parecería el fin del mundo que el PRI ganará la presidencia una vez más para continuar por otros seis años. No lo ve de forma apocalíptica, como muchos le dicen, pero aún así, no votará por Meade, pues desde su perspectiva, la reforma educativa no fue de las mejores decisiones que pudo tomar el gobierno de Enrique Peña Nieto. Curiosamente, al día de hoy, tampoco está tan seguro de que vaya a votar por AMLO.

Carlos Damián Aguilar, músico de viola en la Orquesta Infantil y Juvenil de Azcapotzalco | Foto: Josué Parra / Yahoo
La desconfianza: votar aunque no crean en el proceso electoral

La última elección presidencial polarizada al extremo en México sucedió en 2006, cuando Felipe Calderón, del PAN, venció a Andrés Manuel López Obrador en una final de fotografía que terminó con una diferencia de 0.56% entre uno y otro candidato. Esa mínima diferencia en un sistema electoral donde no existe la segunda vuelta polarizó a la sociedad mexicana con una crisis de legitimidad para el presidente electo y una sospecha de fraude que aún prevalece en estos días. Pero fue el Instituto Federal Electoral (ahora INE) el que se vio más afectado en su credibilidad al no anunciar resultados sino hasta dos días después.

Hoy el INE tiene la titánica misión de generar confianza entre los mexicanos, una tarea que no ha tenido fácil bajo un escenario de crispación donde tanto candidatos como sus seguidores reclaman su actuación y toma de decisiones. El caso de las candidaturas independientes (modalidad que se aplicó por primera vez en la historia del país) fue la gota que derramó el vaso, cuando a pesar de documentar el mismo Instituto que uno los aspirantes falsificó firmas para obtener su registro, tuvo que validarlo para que compitiera por la presidencia, por orden del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un órgano autónomo e independiente cuyas decisiones deben ser acatadas por el INE.

Jim Valdés, estudiante de la UNAM con 18 años de edad, está seguro de que votará el 1 de julio, aunque no sabe aún por quién; sin embargo considera como de vital importancia su participación en la elección por la magnitud de la decisión que ahí se tomará, además de que, para él, es la única manera de generar un cambio como ciudadano siempre y cuando se haga de manera consciente e informada y no por lo que digan las redes sociales y los candidatos mismos. Lo paradójico del asunto es que no tiene plena confianza en las instituciones electorales, por lo que los resultados que se den en la noche de la elección los tomará con reservas.

Jim Valdés, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México | Foto: Josué Parra / Yahoo

“Yo creo que el INE no es muy transparente, basándome en lo que ha sucedido en la historia de otros procesos electorales; eso me genera dudas, pero tengo esperanza de que quien resulte ganador sea en verdad el que eligió la gente. Yo haré mi parte y estaré tranquilo porque participé. Eso sí, ya sea que gane Meade, Anaya o López Obrador, estoy seguro que la gente sabrá cómo manejar la situación, no creo que suceda algo extremo, quizás no estemos conformes con el resultado pero entonces se hace algo para servir de contrapeso. Creo que los mexicanos tendremos la suficiente madurez para afrontar lo que venga”, sostiene.

Sin miedo al apocalipsis

Jim no es el único que tiene esa reticencia hacia el INE. Janice López, de 21 años y estudiante en la Universidad Panamericana, no considera que el Instituto sea confiable, al menos no al 100%, por todo lo que se ha visto en el pasado. Sin tener aún definido por quién votará no comulga con las ideas de López Obrador y aun así, está convencida de que un eventual triunfo de ese candidato no llevaría a México a convertirse en Venezuela.

“Confío en cierta forma, pero no del todo. Me quedan ciertas dudas. No creo que sea el INE directamente pero sí que hay movimientos e intereses detrás que no vemos y que influyen en la decisión final, entidades con mucho poder; creo que se llega a la elección con muchas cosas ya pactadas. Puede que ir a votar y participar no tenga el peso que yo quiera, pero al menos intentarlo no me quita nada”, puntualiza.

Janice López, estudiante de Comunicación en la Universidad Panamericana | Foto: Josué Parra / Yahoo

“Personalmente no creo que si gana AMLO se vaya a acabar el mundo o que si ganan Meade o Anaya haya un cambio radical en México porque al final el presidente sí es una parte muy importante en el gobierno pero para eso tenemos Cámaras de Diputados y Senadores que le hagan contrapeso”, comenta Janice.

En la recta final de las campañas electorales, los anuncios que avisaran lo peor para el país se han recrudecido con ataques hacia el candidato puntero en las encuestas, se han filtrado videos que acusan a otro de lavado de dinero, mientras en redes sociales se crucifica a aquellos personajes públicos que dicen abiertamente que no apoyan al candidato de izquierda, un escenario que en nada ayuda para calmar los ánimos de nadie.

Y sin embargo, la generación de jóvenes más grande en la historia de México está ahí, expectante, sin marchas ni protestas en las calles como le sucedió a Enrique Peña Nieto en su campaña con el movimiento universitario #YoSoy132, pero sí activos en la crítica, a su manera, a veces con memes, pero no inertes. Impávidos ante los discursos de miedo y ante esa presión social que les dice que serán ellos los que determinen la elección, aunque no sea del todo cierto. Están ahí, a la espera y sin miedo al Apocalipsis. Ese discurso no funciona con ellos. Al final de cuentas, el futuro es suyo, sea cual sea, y ellos lo saben.

 

Leer | Pedro Kumamoto, el independiente que puede hacer temblar al sistema político mexicano