La falsa teoría de que el eclipse solar del 21 de agosto es un presagio del fin del mundo

Los eclipses de sol, sobre todo cuando son totales y pueden ser vistos en amplias regiones, son momentos maravillosos e inolvidables. Pero aunque se trata únicamente de un fenómeno natural producto de la alineación del sol, la luna y la Tierra, han suscitado desde tiempos remotos temores, supersticiones y arrebatos.

Y el caso del gran eclipse total de sol que podrá apreciarse este 21 de agosto en una franja que corre de costa a costa por todo Estados Unidos, no ha sido la excepción.

Así, ha corrido en Internet el dicho, por lo demás falso y sin sentido, de que ese eclipse es el “presagio” del fin del mundo, un aviso del apocalipsis que, algunos imaginan, sucederá el 23 de septiembre a causa de un magno cataclismo causado por la irrupción en el sistema solar de un supuesto planeta nómada llamado ‘Nibiru’.

El eclipse total de sol del 21 de agosto no es sino uno más de los maravillosos fenómenos de la naturaleza. (Time)

Quienes difunden esa idea incurren en una mezcla de superstición, extrapolación de tradiciones religiosas y distorsión de datos científicos, y aunque resulta entretenida para muchas personas en realidad es totalmente ficticia. Es realmente un estruendoso ejemplo de ‘fake news’.

A lo largo de la historia los eclipses, cometas y otros fenómenos naturales han sido interpretados como augurios, presagios o confirmaciones de profecías, mensajes que señalan la próxima muerte de un monarca, la caída de un imperio o, para los más arrebatados, el fin del mundo.

Pero se trata de explicaciones que datan de eras precientíficas, cuando los fenómenos del mundo natural eran explicados con base en mitos, actos de dioses vengativos o interpretaciones paranormales. El hecho de que en algunas ocasiones esos fenómenos hayan sucedido en un periodo cronológicamente cercano a eventos históricos –como la muerte de un monarca o la conquista de una ciudad– se ha tratado de meras coincidencias que, con todo, alimentan después la superstición.

Y aunque ahora hay clara explicación científica para el origen y los efectos de eclipses, cometas, meteoritos y numerosos fenómenos cósmicos, la inercia de la superstición –y la maravilla narrativa de la que están imbuidas historias como la del eclipse que preconiza el fin del mundo– persiste y atrae a millones a esos embustes.

Internet y las redes sociales son campos fértiles para esos mensajes, falsos pero atrayentes. Basta recordar la idea de que el año 2012 sería el del fin del mundo porque, se alegaba, ese era el año en el que terminaba la cuenta del calendario mesoamericano.

La suposición de que los mayas pensaban que ese año era el fin de los tiempos alimentó esa noción, que no solo nunca sucedió sino que fue alimentada de una interpretación errónea y curiosa, basada mucho más en dislates contemporáneos y ansia de atraer la atención que en planteamientos ancestrales. Para los mayas y los pueblos de Mesoamérica, el fin de un calendario no significaba el fin de los tiempos, simplemente el inicio de una nueva cuenta.

El eclipse del 21 de agosto será visible en una franja que recorre todo lo ancho de Estados Unidos (Archivo/Yahoo)

Así, quienes creen que el eclipse del 21 de agosto es el signo del apocalipsis del 23 de septiembre afirman que la amenaza del planeta ‘Nibiru’ es real (algo que ya habían dicho también en relación a 2012) y para mostrarlo revuelven su fantasía con la teoría y la investigación –estas sí científicas– en torno a la posible existencia de planetas adicionales más allá de Neptuno o Plutón.

Ciertamente, hay posibilidad científica de que otros planetas existan en los confines del sistema solar (una discusión científica intensa que se dio también a finales del siglo XIX y principios del XX y llevó al descubrimiento de Plutón) y también se considera posible que haya planetas extrasolares, sin órbita ni estrella, vagabundeando en el espacio interestelar.

Se trata de proposiciones científicas y, ciertamente, si alguno de esos hipotéticos planetas –como ya ha sucedido con cometas o meteoritos – irrumpiera en el sistema solar y afectara a la Tierra, el daño potencial sería cataclísmico.

Pero esas posibilidades teóricas para nada indican que tal planeta exista o que se acerque a la Tierra ni que el eclipse del 21 de agosto tenga que ver con el imaginario apocalipsis de ‘Nibiru’. Todo eso son ideas falsas, entretenidas y bizarras ciertamente, pero una mentira.

Simplemente, si un planeta furtivo se acercase a la Tierra al grado de causar un desastre, éste habría sido detectado desde meses o años atrás. La Tierra tiene en realidad multitud de problemas y amenazas, como el cambio climático o la creciente tensión nuclear actual, pero la humanidad puede respirar tranquila, y hallar diversión si quiere, al respecto de eclipses proféticos y apocalipsis planetarios.

Eso sí, a quien se encuentre en el área de Estados Unidos donde el eclipse será visible le conviene estar preparado para disfrutarlo de modo seguro y sin poner en riesgo su vista o la seguridad propia o ajena.

La NASA indica que no se debe ver el eclipse directamente sin protección apropiada para los ojos (se recomienda verlo de modo indirecto o con lentes especiales con filtros solares de alta capacidad estándar ISO 12312-2) y tener extrema precaución al conducir automóviles en los tiempos en torno al eclipse (se espera que millones de personas en Estados Unidos viajen hacia las zonas de totalidad para apreciar el fenómeno en su esplendor).

Lo mejor es disfrutar del ocultamiento del sol tras la luna de modo seguro, sin que lo que se eclipse sean la razón y el sentido común.

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