La reunión secreta de Trump con el Talibán que catalizó la caída de su asesor de Seguridad Nacional

El presidente Donald Trump despidió (o aceptó la renuncia) de su asesor de Seguridad Nacional John Bolton el pasado martes. El hecho de que se trate de la tercera persona que pasa por ese puesto de singular importancia de 2017 a la fecha es un indicador del “caos” y los desencuentros que se viven en la Casa Blanca, originados según analistas por la peculiar forma de gobernar de Trump.

Bolton y otros altos funcionarios han dejado su puesto por diferencias con Trump que se volvieron irreconciliables o inmanejables, y en el caso de Bolton, aunque habría factores adicionales, se ha comentado que su salida se catalizó por el frontal desacuerdo entre él y Trump ante la reunión que el presidente quería realizar en la residencia presidencial de Camp David, Maryland, con líderes del Talibán de Afganistán.

El presidente Donald Trump con John Bolton, quien fue su tercer asesor de Seguridad Nacional y fue recientemente despedido. (Alex Wong/Getty Images)

Otros factores en su caída, según se comenta en medios, habrían sido supuestas filtraciones que Bolton hizo de afirmaciones que Trump habría hecho en privado o que promovpía ante miembros del Congreso políticas propias y no necesariamente las que prefería Trump.

Antes de Bolton pasaron por ese puesto los generales Michael Flynn (hallado culpable de mentir al FBI en relación a las investigaciones sobre la injerencia de Rusia) y H.R. McMaster (quien fue removido al parecer por diferendos con Trump en relación a Corea del Norte, Irán y Rusia). Desencuentros y tensiones con Trump han causado también que otros altos funcionarios como el secretario de Estado Rex Tillerson, el secretario de Defensa general Jim Mattis y el jefe de gabinete general John Kelly salieran del gobierno.

Halcón o espectáculo

Bolton fue elegido por Trump para ser su asesor de Seguridad Nacional, según se ha comentado, por su posición activa y belicosa en contra regímenes que, en las últimas décadas, han sido adversarios de Estados Unidos: Irak, Irán, Corea del Norte, Libia, Siria y Cuba. Además, sus posiciones conservadoras, su fuerte crítica a las Naciones Unidas y su perfil de “halcón” habrían sido cartas para que Trump lo eligiera para sustituir a McMaster y al ser una figura en principio afín a su visión de la política exterior y de seguridad nacional.

Una visión que, se ha criticado, tiene mucho de caótica, ha confrontado a Washington con países aliados clave, ha erosionado el multilateralismo, se ha apartado de doctrinas previas y ha tenido punzantes acercamientos con punzantes adversarios como Vladimir Putin o Kim Jong-un.

Donald Trump gusta de encuentros mediáticos de gran envergadura, como los que ha sostenido con el dictador norcoreano Kim Jong-un. Con todo, de ellos no han surgido hasta ahora acuerdos sustantivos. (AP/Susan Walsh)

Un filo específico al respecto es la noción de que Trump con frecuencia prefiere la forma al fondo, el espectáculo a la sustancia y que, dada su merma de cara a las elecciones presidenciales de 2020, necesita un nuevo momento espectacular para apuntalar sus posibilidades de reelección.

Una reunión de Trump con líderes del Talibán para terminar una guerra en Afganistán que lleva ya casi 18 años y ha causado enorme devastación humana y material en ese país y miles de bajas en las fuerzas armadas estadounidenses sería un desplante de esa naturaleza. Al menos, se infiere, a los ojos de Trump.

Trump gusta de los momentos mediáticos, de las imágenes que buscan hacer historia e impactar en la opinión pública. Sus encuentros con el líder norcoreano Kim han ido en ese sentido, pero se ha criticado que sus reuniones, y la supuesta relación personal que habría entre ellos, en realidad no han conducido a una solución a la tensión en la Península Coreana. Ciertamente se ha aminorado la incendiaria retórica que en su momento existió entre Kim y Trump, pero pocos son los pasos sustantivos que Corea del Norte y Estados Unidos han dado al respecto.

Los encuentros de Trump con Kim, en buena medida históricos en lo formal, han producido esos momentos mediáticos de gran calado de los que gusta Trump, aunque se ha criticado que la sustancia resultante ha sido poca más allá de hacer relucir a ambos líderes por un cierto tiempo.

Previos secretarios de Estado y asesores de Seguridad Nacional no han precisamente coincidido con la visión de Trump en varios aspectos, y se afirma que Bolton estaba en desacuerdo con la intención de Trump de lograr acercamientos con regímenes hostiles a Washington como los de Corea del Norte o con el Talibán en Afganistán, que aunque mermado sustancialmente aún tiene importante presencia e influencia en ese país y en el vecino Paquistán. Se ha dicho también que Bolton no veía con buenos ojos la tersura de Trump hacia Putin.

El desacuerdo de Bolton se fundaría, al parecer y entre otros factores, en que no avalaba la diplomacia de momentos teatralizantes que Trump busca y quiere usar como instrumento mediático y electoral en su favor. Eso no significa que Bolton buscara lograr distensiones o abrir vías pacíficas con esos y otros países (en realidad él ha impulsado por años una línea muy dura, por ejemplo la eliminación del acuerdo nuclear con Irán, y optado por incrementar la presión contra regímenes contrarios a Washington), pero sí que había diferencias irreconciliables con el presidente.

Los secretarios de Estado, Mike Pompeo, y del Tesoro, Steven Mnuchin, habrían mantenido desacuerdos con John Bolton. Sus sonrisas al hablar ante la prensa sobre la salida del asesor de Seguridad Nacinal de la Casa Blanca son elocuentes. (Mark Wilson/Getty Images)

La noción de utilizar la diplomacia en cuestiones críticas como una suerte de acicate personal en vísperas electorales sería una de esas cuestiones, aunque ha de considerarse que en todas las épocas los líderes han usado cuestiones de política exterior para apuntalar o impulsar posiciones de política interna.

Y se ha mencionado que otras figuras clave del gobierno, como el secretario de Estado Mike Pompeo o el del Tesoro Steve Mnuchin, se oponían a Bolton y siguen la línea de los deseos del presidente.

El encuentro inaceptable

Con todo, el plan de un encuentro con talibanes en Camp David habría sido la gota que derramó el vaso en la tensión entre Trump y Bolton. Las negociaciones entre Estados Unidos y el liderazgo Talibán habían tenido lugar desde hace ya varios meses y hay un interés considerable para que los remanentes de las fuerzas armadas en Afganistán se retiren pronto de ese país.

Pero hay voces que señalan que un retiro estadounidense de Afganistán con un Talibán aún con fuerza podría atizar y escalar la guerra interna en ese país y ampliar los espacios para la operación de grupos terroristas. El Talibán, cabe señalar, albergó a Al Qaeda y Osama Bin Laden cuando gobernaba Afganistán y fue la destrucción de ese grupo terrorista y la demolición del régimen afgano tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 los objetivos en los que se basó la invasión estadounidense de Afganistán.

Otros afirman que ese acuerdo de paz, con un Talibán aún activo, sería considerado por los terroristas como una victoria y una “rendición” de Estados Unidos que podría envalentonarlos para realizar nuevos avances y ataques.

En ese sentido, a muchos estadounidenses les resultó intolerable que líderes del Talibán, que tuvieron una relación directa con los atentados de 2001, pudieran ser recibidos en Camp David (o en cualquier parte de Estados Unidos), con el agravante de que todo ello se reveló a pocos días del aniversario número 18 de los ataques del 11 de septiembre.

El hecho de que algunos de los talibanes con los que los enviados de Trump han negociado habrían tenido conexiones directas con Al Qaeda y tenido responsabilidad en atentados terroristas que cobraron la vida de estadounidenses hacía de la idea de esa reunión resultara repugnante para muy amplios sectores estadounidenses.

Así, aunque los detalles no se han hecho públicos, se dice que en una reciente reunión Bolton y Trump tuvieron una candente discusión en torno al plan del presidente de reunirse con los talibanes en Camp David y que el diferendo habría sido especialmente amargo y severo.

Al poco de ello, Trump reveló que cancelaba esa reunión en Camp David, hasta entonces mantenida como una iniciativa secreta, y también anunció el fin de la negociación que por meses se había realizado con los talibanes, bajo el argumento de que no podía negociar con un grupo que, poco antes, había cometido un atentado terrorista en Afganistán en el que murió un soldado estadounidense.

La violencia en Afganistán continúa, como lo muestran recientes atentados terroristas en Kabul atribuidos a los talibanes. El fin de la negociación con ellos anunciada por Donald Trump cierra por el momento una vía para la distensión en ese país. (AFP/Getty Images)

Perspectivas rumbo a 2020

La salida de Bolton del gobierno, una figura vinculada a escalamiento de tensiones e intervenciones, sería una buena señal si en su lugar llegara un personaje con apertura a la distensión, al acuerdo multilateral y a la paz con base en el entendimiento mutuo y la solución negociada y de largo aliento.

Pero es dudoso que ese sea el caso, pues por los antecedentes es de suponer que Trump buscará más bien lograr nuevos momentos de efecto para su beneficio en el corto plazo y tiene una acción diplomática caótica. Su cordialidad hacia Putin y sus diferendos con países aliados siguen vigentes.

Algunos han dicho que Trump apartó a Bolton porque éste buscaba mayor presión e incluso intervención militar estadounidense y que eso estaba a contracorriente del “pacifismo” de Trump, aunque eso deba entenderse más bien como la disposición presidencial a sucesos y anuncios espectaculares aunque tengan poca sustancia, como en el caso de Corea del Norte.

Trump ciertamente necesita apuntarse una victoria en política internacional de cara a su afán de reelección en 2020 y presumiblemente insistirá en sus planes de encuentros mediáticos de relumbre. Ya no será, previsiblemente, el caso con los talibanes, pues la cancelación de las negociaciones con ellos y todo el incidente sobre Camp David y Bolton habría suspendido cualquier posible acuerdo, al menos por un tiempo importante.

La guerra en Afganistán, es de suponer, continuará así con toda su devastación por un tiempo indefinido.

Y es de suponer que quien sea elegido para ocupar el puesto que Bolton deja vacante presumiblemente tendrá que tener una afinidad hacia los designios de Trump y una interlocución con Pompeo y otras figuras clave del gabinete presidencial.

Si eso hará al país más seguro está por verse, y hay quien lo encuentra dudoso y contraproducente, pero lo cierto es que la personalidad, las obsesiones y los intereses de Trump parecen dominar de modo creciente y sin balances la agenda diplomática estadounidense, al haber salido del gobierno personajes que trataron de matizar o mitigar los impulsos de Trump.

Y resulta curioso, y una ventana a la bamboleante personalidad de Trump, que el presidente, según versiones de prensa, haya mantenido desde meses atrás conversaciones telefónicas con McMaster en las que le habría pedido consejo y dicho que lo echaba de menos en la Casa Blanca (luego de haberlo despedido y reemplazado con Bolton).

Todo presidente conduce la política exterior de Estados Unidos según su visión y objetivos, pero en el caso de Trump la forma en que se ha contrapuesto a aliados e instituciones internacionales clave, sus acercamientos o displicencias ante rivales sustantivos y sus posiciones erráticas ha encendido los focos rojos en el entorno político y diplomático estadounidense.

Al final, será la decisión de las urnas en 2020 la que dé el veredicto, pero los riesgos y los efectos de una política exterior caótica y erosiva podrían tener repercusiones a un plazo mayor.