La difícil pero quizás necesaria justificación para dar marihuana a un niño que sufre

Redacción Noticias

El redescubrimiento de las propiedades curativas de esta planta está revolucionando a la comunidad científica, ha alentado a una comunidad internacional que defiende su uso y tiene a los políticos conservadores de cabeza.

Una planta de marihuana durante la ExpoCanabis el 15 de diciembre de 2014 en Montevideo (AFP/Archivos | Pablo Porciúncula)

Pero aunque cada vez más países crean legislaciones permisivas para el consumo del cannabis con fines medicinales, las leyes suelen redactarse pensando en el paciente como un adulto quien, al fin y al cabo, está ya formado para decidir qué puede hacer con su salud. ¿Pero que pasa con los niños pequeños? ¿Es justificable hacerlos consumir drogas psicotrópicas? ¿Cómo afectará su personalidad futura? ¿Será la cura peor que la enfermedad?

En 2012 Mykayla Comstock fue diagnosticada con leucemia a sus seis años. Luego de intentar un tratamiento tradicional de quimioterapia el doctor le informó a sus padres que los resultados no eran favorables y que el siguiente paso era un trasplante de médula. Sucede que en el estado de Oregón, donde vive la familia Comstock, el uso medicinal de la mariguana está permitido y los padres de Mykayla decidieron probar esa opción. Seis días después de su primera dosis de resina de cannabis la niña comenzó a recuperarse.

De ser una paciente típica de quimioterapia: delgada, sin cabello, débil, quebrantada e inapetente; Mykayla pasó a convertirse en una niña normal, feliz, enérgica, juguetona y con cabello. Hoy tiene once años y está libre de cáncer. Su caso ha sido muy publicitado porque sus padres se han convertido en activistas para la legalización de la marihuana medicinal, crearon una página web y un perfil de Facebook donde colaboran con familias que enfrentan casos similares.

Eso sí, Mykayla vive “colocada”, “volando”, “stoned”. Gran parte de la preocupación moral de la sociedad acerca de medicar a un niño con marihuana es el temor a las consecuencias que le puedan acarrear los psicotrópicos a una mente en formación. Mientras tanto ella sólo se ríe y dice que el cannabis le da sueño y hambre. Sus padres, podemos suponerlo, es probable que piensen que prefieren una niña drogada pero viva, que una niña libre de drogas, pero muerta.

El primer paso para abordar la dimensión de este problema es entender que hay una diferencia sustancial entre el uso recreativo de la marihuana y las aplicaciones medicinales del cannabis, nombre científico del elemento activo que se obtiene de la planta de cáñamo y que ya se utilizaba en la antigua China con fines médicos 2 mil años antes de Cristo.

Un paciente de marihuana medicinal huele un frasco de hierbas antes de decidir qué dosis comprar en el River Rock Medical Marijuana Center en Denver, Colorado, el 16 de mayo de 2013. (Anthony Souffle / Chicago Tribune / MCT)

Explicar cómo funcionan los elementos psicoactivos de la marihuana es sumamente complicado, pero quedémonos con una certeza reveladora: el cannabis tiene más de 500 compuestos químicos que actúan sobre el sistema nervioso. Sin embargo, no todos son alucinógenos y ninguno es físicamente adictivo, como sí lo son, por ejemplo, el alcohol o la nicotina. Es decir, un tratamiento con cannabis no necesariamente “pone a volar” al paciente en todos los casos. Y si lo hace, esto no significa que el paciente vaya a convertirse en un vicioso.

Es decir, una cosa es consumir una sustancia para divertirse, aunque pueda ser perjudicial, como es el caso de los cientos de miles de consumidores de marihuana alrededor del mundo, quienes están luchando para no ser penalizados por su hábito, porque sería un derecho civil que tendrían como adultos con libre albedrío (debate que no estamos abordando en este artículo); y otra muy distinta es necesitar de las propiedades de la misma sustancia para recuperar la salud.

Hay otra implicación. No todos estos 500 compuestos atacan las enfermedades indiscriminadamente. Hay que utilizar el compuesto adecuado para cada enfermedad específica. Por ejemplo, uno de los varios tetrahidrocanabinol (THC) principal agente alucinógeno, es muy eficiente para reducir los tumores cancerígenos, pero es inútil para contrarrestar las convulsiones epilépticas. Contra la epilepsia parece actuar muy bien otro compuesto psicoactivo, pero no alucinógeno, conocido como CBD.

El caso de Grace Elizalde en México

Grace o Graciela Elizalde (izq), junto a su hermana Valentina el 12 de noviembre de 2015 en la localidad mexicana de Guadalupe, en el estado de Nueva León. Grace sufre el síndrome Lennox-Gastaut y usa la marihuana con fines medicinales (AFP | Julio César Aguilar)

La epilepsia no es una enfermedad mortal, pero algunas de sus variedades impide un normal desenvolvimiento en la vida cotidiana y, sin duda, es determinante para la socialización y educación de un niño. A sus 8 años, Graciela Elizalde podía llegar a sufrir de hasta 400 ataques convulsivos en un solo día. La familia había agotado todos los tratamientos posibles, incluida una operación que le cortó parte del cerebro. El resultado empeoró su estado. Los doctores entonces asomaron la posibilidad de un tratamiento experimental con cannabis. Sólo había un problema, consumir marihuana en Monterrey, México, es ilegal, y proporcionársela a un niño es penado con cárcel.

La familia Elizalde emprendió una cruzada legal que, luego del apoyo de la opinión pública y la certificación de la Federación Médica tuvo un final feliz. Un juez expidió un salvoconducto para importar aceite de cannabis para Grace, como la llaman cariñosamente sus padres. Hoy Graciela, con 10 años, ha mejorado sustancialmente su vida. No han desaparecido los ataques, pero se han reducido enormemente. Puede pasar días sin ellos y en la peor jornada no llega a sufrir 20 convulsiones. Ahora puede jugar con su hermana y, por fin, pudo festejar un cumpleaños sin convulsionar a pesar del nerviosismo que le producen los grupos de gente.

Graciela nunca podrá socializar como una persona normal, porque tiene una lesión cerebral, pero reducir su afección es una alivio invaluable para su familia, que la ama y la cuida con sacrificio. Lo irónico de este caso es que el medicamento derivado del cannabis que ella requiere es uno de los compuestos no alucinógenos de la planta. Es decir que no se trata de ninguna manera de una droga recreativa que altere la conciencia, que es el principal temor moral y ético de la sociedad.

El caso de Cash Hyde en Montana, EEUU

La existente aprensión contra la marihuana se deriva por varias razones, pero podemos identificar dos determinantes; primero porque su uso está estigmatizado y después porque la comunidad científica exige mucha investigación y comprobaciones experimentales antes de llegar a un consenso sobre una nueva metodología que vaya en contra de los parámetros ya existentes. Y, aunque cada vez salen a la luz más casos y cada vez hay más estudios favorables, todavía no es suficiente o determinante. La comunidad científica tiene una actitud paradójica, posee una perspectiva muy liberal para abordar sus investigaciones, pero es muy conservadora para proclamar enunciados con un alto porcentaje de certeza. En cualquier caso, aunque la marihuana medicinal tiene un futuro prometedor, no significa que sea una panacea.

En 2012 Cash Hyde, a sus 4 años, sucumbió ante el cáncer luego de más de un año de tratamiento con cannabis. Con menos de 2 años de edad Cash había sido diagnosticado como enfermo terminal con tumores cerebrales recurrentes. Después de intentar un tratamiento convencional que incluyó cirugía, radiación y quimioterapia sin resultados que mantuvo al niño meses en el hospital, sus padres le dieron una oportunidad al cannabis. Entonces Cash se recuperó y pudo regresar a su hogar.

Pero el caso se tornó particularmente trágico cuando el estado de Montana cambió las leyes y desató una inesperada campaña muy agresiva en contra de la producción y uso de la marihuana, donde el consumo medicinal, que había sido legal, quedó repentinamente prohibido. Luego de solicitar una exención por razones de enfermedad, su doctor se negó a colaborar con ellos antes que arriesgarse a perder su licencia. Los padres crearon una fundación, pero cuando por fin llegó el aceite de cannabis necesario para su tratamiento, los tumores se habían reproducido y todo intento fue inútil.

Imagen del pequeño Cash Hyde mientras recibía tratamiento (Foto cortesía de la Fundación Cash Hyde)

Además de la fe religiosa, los hijos son la única evidencia de la inmortalidad. Un hijo es parte de nuestra vida que dejamos sobre la tierra cuando nos vamos. La enfermedad y muerte de alguno es peor aún que la muerte propia, porque es la certeza de que no dejaremos esa huella al partir. La muerte de un hijo es un dolor extremadamente fuerte para los padres, entre muchas cosas porque representa una muerte simbólica de ellos mismos. En cambio, la sanación de un hijo enfermo es una promesa de vida eterna.

Probablemente por eso padres como los de Cash Hyden, el niño que se convirtió, brevemente, en el más joven paciente estadounidense medicado con marihuana, se mantienen activos en la lucha contra la enfermedad que les arrebató a sus hijos porque es una manera de mantener viva la memoria de su ser querido.

Foto de la familia Hyde (Fundación cash Hyde)

Se trata de una decisión complicada y sin duda muy delicada que puede generar todo tipo de reacciones, si quieres compartir la tuya, hazlo en el espacio que te ofrecemos abajo.