La democracia de caricatura de López Obrador que todo lo destruye con su mano alzada

(AP Photo/Eduardo Verdugo)

Por más de cien años México ha luchado por construir una democracia que se caracterice por el respeto al voto. El difícil camino de más de 40 años de una reforma política ininterrumpida ubica al país como poseedor de un proceso electoral de los más caros del mundo, argumentando que ha sido la forma para garantizar el sufragio efectivo y que los diversos grupos políticos disputen el poder.

El presidente López Obrador, impuso llevar a cabo la “austeridad republicana” en todos los órdenes de la política, pasa por el recorte presupuestal y el “adelgazamiento de las instituciones”, entre las que se encuentra el Instituto Nacional Electoral (INE), al que recortaron 950 millones de pesos de su presupuesto para 2019 lo que, según su presidente, Lorenzo Córdoba, pone al INE en una situación crítica para que cumpla con sus responsabilidades constitucionales y deja en riesgo la democracia.

No obstante, el subsidio que el Estado entregará a los partidos políticos este año es de casi cinco mil millones de pesos.

Cuando López Obrador perdió las elecciones en 2006 expresó su frase “Al diablo con sus Instituciones”, por mas de 12 años no supimos el alcance de esta condena, pero ahora la conocemos.

Es un modelo que empieza con la organización de una concentración popular en un estado de la república, con el objetivo de que el presidente López Obrador entregue a los ciudadanos los Programas Integrales de Bienestar de su gobierno, sigue con la invitación a seguidores y simpatizantes de la Cuarta Transformación, continua con la descalificación y puesta en ridículo del gobernador que recibe una rechifla, para dar paso a la intervención del presidente que calma los ánimos de sus seguidores y solicita respeto y un aplauso para el gobernador.

En estos actos realizados en las giras de trabajo semanales, el presidente López Obrador comenta sus políticas a los asistentes y con frecuencia consulta a la asamblea y toma decisiones solicitando que levanten la mano.

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El pasado fin de semana López Obrador dio por cancelada una obra de transporte urbano que conectaría las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, a la que se opone un grupo de transportistas que está en contra de la construcción del Metrobús en La Laguna.

Al respecto, el gobernador de Durango, José Rosas Aispuro, había manifestado que la obra estaría sometida a lo que el pueblo demandara, lo que fue aprovechado por el presidente López Obrador para realizar su consulta a mano alzada y que los asistentes decidieran si continuaba la obra o se detenía y los recursos se canalizarían a otras necesidades de la comunidad.

El presidente López Obrador ofreció que los recursos destinados al Metrobús serían para realizar una obra para llevar agua potable desde la presa Francisco Zarco.

“Ya existe el presupuesto, porque el caso del Metrobús comprendió lo que tiene que ver con Torreón y faltaba Lerdo y Gómez Palacio, y me hicieron el planteamiento y dije sí, no es posible que nada más llegue a Torreón, sino también Gómez Palacio y Lerdo.

“Ya está la autorización, pero si la gente dice no, el pueblo manda, y ese dinero se utilizaría en otras necesidades, en que haya agua, en que se termine el hospital, en fin, tantas demandas que hay”. (Proceso, 16 de junio de 2019)

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El gobierno estatal estima que con esta obra se beneficiarían 40 mil usuarios, pero el presidente López Obrador al cancelar el proyecto del Metrobús, para congraciarse con algunos de sus seguidores, lo da por terminado y estanca el desarrollo urbano de tres ciudades conurbadas.

Una de las formas que López Obrador tiene de mandar al diablo a las instituciones es solicitar a mano alzada al “Pueblo bueno que no se equivoca” la toma de decisiones que terminan con la legitimidad de las autoridades locales y la afirmación del Poder Federal que se presenta como Gobierno de México, cuando solo es el Poder Ejecutivo Federal.

La democracia mexicana es cara, pero se ha construido para evitar una democracia de caricatura como la que empieza a instrumentar López Obrador con sus consultas a la comunidad (NAIM, Termoeléctrica de Morelos, Tren Maya) y sus votaciones a mano alzada. Pareciera que solo es Pueblo el que asiste a sus concentraciones a modo. Estamos ante un centralismo que avasalla lo que no esté de acuerdo con su visión. Cuidado.