La Ciencia busca respuestas sobre la extinción de la criatura más escalofriante

Durante aproximadamente 21 millones de años, los océanos del planeta albergaron al depredador vertebrado que más intimidó a las especies que coexistieron con este ‘rey de los mares’. Se trata del megadolón o Carcharodon megalodon, que en la etimología griega significa “diente grande”.

En muchos casos, sus colmillos medían casi el doble que las manos humanas ya que la longitud de este tipo de tiburón gigante era de hasta 18 metros de largo y su peso de 59 toneladas. Se alimentaba de grandes ballenas gracias a una fuerza de mordida 10 veces mayor que la del tiburón blanco, especie que, a pequeña escala, es la que más se asemeja al megadolón según los expertos.

También nos encontramos ante una de las especies marinas más desconocidas ya que, aunque sobren las conjeturas sobre por qué se extinguieron, lo cierto es que no hay nada probado a ciencia cierta. Desde tiempos ancestrales se encontraron restos fósiles de esta criatura que desapareció hace 2.5 millones de años. Debido a la anatomía de los tiburones y a que cuentan con un esqueleto de cartílago en lugar de uno formado por huesos, las posibilidades de que queden fósiles de su cuerpo son escasas. Por eso, los dientes fueron claves para descifrar la dimensión de estos grandes desconocidos que fueron representados en libros y en la gran pantalla.

La pregunta de por qué se extinguió el megalodón ha puesto las pilas a la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos (National Science Foundation), la cual becó a un grupo de científicos con 204.000 dólares para que dieran con la clave de por qué desaparecieron de la faz de la tierra.

Su principal fuente será la misma que usó el naturista danés, Nicolás Steno, quien durante el Renacimiento demostró que aquellos dientes gigantes no eran de dragones ni de enormes serpientes, sino de una especie de vertebrado marino inimaginable. Tuvo que diseccionar a un tiburón blanco para llegar a esa conclusión, de la misma manera en que los científicos actuales deberán analizar estos dientes compuestos de sulfato sódico para aprender más sobre su dieta, su entorno y su fisiología, y así descubrir qué papel desempeñaron en su desaparición.

Las teorías sobre su extinción son varias y todas son compaginables entre sí. Hace alrededor de 3.1 millones de años, el Itsmo de Panamá se cerró y eso repercutió en la circulación oceánica global. Poco a poco se fue produciendo la glaciación, se formaron gigantescas placas de hielo en los mares y los niveles de agua comenzaron a bajar. Los megadolones cada vez tenían menos lugares donde sobrevivir porque eran criaturas de aguas cálidas.

Además, el hecho de que los cetáceos -principal fuente de alimentación del megadolón- se redujeran de 20 especies a seis que existen en la actualidad, propició que se quedaran sin alimento, algo que provocó que llegaran incluso al canibalismo. Eran tiempos difíciles para todas las especies y la competencia con otros depredadores afectaron sus opciones.

Los científicos encargados del estudio de las causas de la extinción del megadolón pretenden demostrar que estas conjeturas son teorías ciertas y probadas, con una solidez mayor que unas suposiciones nacidas de la lógica.