La Casa Blanca descarta cambios pese a divisiones internas

Por JONATHAN LEMIRE y CATHERINE LUCEY

WASHINGTON (AP) — La Casa Blanca del presidente Donald Trump, siempre plagada de luchas internas entre asesores que luchan por el favor del mandatario, se ha visto inmersa en una nueva rivalidad que enfrenta a su influyente yerno, que tiene acceso sin trabas al presidente, y el agresivo ideólogo que alimentó la retórica populista de la campaña de Trump.

El asesor Jared Kushner y el estratega jefe de la Casa Blanca Steve Bannon, quizá las dos voces con más influencia en el Ala Oeste, han chocado varias veces en las últimas semanas, ya fuera sobre la estrategia para aprobar legislación sanitaria, las consecuencias de las trabadas restricciones de inmigración o, más recientemente, la decisión sobre si intervenir o no en la guerra civil siria.

Aunque la Casa Blanca bulle en rumores sobre una reforma de personal, el joven gobierno de Trump rechaza las noticias sobre una inminente reestructuración, alimentadas por las refriegas entre colaboradores destacados.

En un comunicado el viernes, la portavoz Lindsay Walter dijo que la idea de un gobierno disfuncional al borde de la reestructuración es "una historia completamente falsa impulsada por personas que quieren distraer del éxito que está teniendo lugar en este gobierno".

Como prueba de ese éxito, Walters mencionó la confirmación del juez Neil Gorsuch en el Senado, recientes reuniones con mandatarios extranjeros y el ataque con misiles en Siria.

"Lo único que estamos reformando es la forma en la que funciona Washington, conforme sacamos adelante el agresivo programa del presidente", añadió.

Pese a esa dosis de la característica fanfarronería del presidente, el gobierno ha visto cómo se aireaban los trapos sucios de sus luchas internas, mientras asesores destacados luchaban por el poder a la vista de todos. Y el propio presidente se muestra cada vez más frustrado por las filtraciones que siguen saliendo de la Casa Blanca.

Las tensiones entre Bannon y Kushner han crecido en las últimas semanas.

Bannon, exdirector del medio conservador de noticias Breitbart, es un combativo conservador que impulsó el mensaje populista de la campaña de Trump. Pero algunos creen que su papel está perdiendo importancia. Trump le retiró esta semana del Consejo de Seguridad Nacional, revocando una polémica decisión anterior que daba acceso a Bannon a las reuniones de alto nivel del consejo.

Kushner, que jugó un importante papel en la campaña, ha asumido tareas cada vez más visibles, como liderar los esfuerzos para reformar el gobierno federal o viajar a Irak con el presidente del Estado Mayor. Está aliado con un grupo de colaboradores que se consideran fuerzas más moderadas, como el asesor económico Gary Cohn, expresidente del banco de inversiones Goldman Sachs.

La influencia de Cohn —su fortuna, que incluye un finiquito de 285 millones de dólares de Goldman, le ha granjeado el respeto de Trump— ha sido un detonante en las tensiones del Ala Oeste. Los aliados de Bannon han apodado a Cohn, Kushner y la viceasesora de Seguridad Nacional Dina Powell como los "demócratas" de la Casa Blanca, y los dos bandos han cruzado ataques en la prensa a través de declaraciones anónimas.

El lado de Bannon acusa a Kushner y sus aliados de intentar moderar a Trump y apartarle de algunas de sus promesas electorales populistas. Pero Bannon ha cargado con el grueso de la culpa por el fracaso de la reforma sanitaria —él quería forzar una votación para tomar nota de los republicanos que no apoyaban a Trump, una maniobra a la que se opuso Kushner— y las bloqueadas restricciones de inmigración.

Aunque en un principio Trump dio su visto bueno a la estrategia de ataque sorpresa con la que se presentaron las restricciones en un principio, después se ha enojado porque Bannon no diseñara el decreto de forma que pudiera aguantar en los tribunales, según una persona familiarizada con la opinión del presidente pero que no estaba autorizada a dar su nombre para comentar conversaciones privadas.

También hay mucha especulación sobre la figura del secretario de la Casa Blanca, Reince Priebus, que ve cuestionada su permanencia en el poder desde que asumió el cargo. Ese escrutinio creció con el colapso de la propuesta republicana para reformar la sanidad, un gran bochorno para Trump.

Y la asesora Kellyanne Conway, que estuvo en primera línea en las primeras semanas de la legislatura, ha pasado a un segundo plano tras varias declaraciones erróneas. Ella era una de los pocos asesores de primer nivel que no estaban presentes en la cumbre de esta semana con el presidente de China en la finca de Trump en Florida.

Aun así, Chris Ruddy, viejo amigo de Trump y jefe de NewsMax, dijo que a Trump se le da bien trabajar con debates internos, si bien no le gusta "cuando la gente hace filtraciones o críticas de cara al exterior".

Ante la pregunta de si Trump hará cambios, Ruddy dijo que no estaba al tanto de las conversaciones internas, pero señaló que "Donald tiene una reputación de ignorar lo que dice o piensa todo el mundo y de mantener a la gente que le gusta durante mucho tiempo".

El gobierno de Trump, que se acerca a los 100 días, ha estado lleno de reveses de personal y victorias limitadas en el plano legislativo. La confirmación de su candidato al Tribunal Supremo fue un éxito, pero sus restricciones de inmigración siguen bloqueadas en los tribunales. La reforma sanitaria propuesta por el Partido Republicano fracasó de forma espectacular en su primer intento, y las dudas sobre los lazos con Rusia aún envuelven al ejecutivo.

La Casa Blanca enfrentó una gran prueba internacional esta semana cuando el presidente ordenó un ataque de misiles contra una base aérea controlada por fuerzas leales al presidente de Siria, Bashar Assad, después de que el gobierno en Damasco empleara armas químicas contra sus propios ciudadanos. Aunque una parte de los partidarios de Trump ha recabado apoyos a la decisión en internet, otra ha guardado silencio, en un reflejo de lo que parecen ser puntos de vista discordantes en la Casa Blanca.

America First Policies, un grupo sin fines de lucro lleno de asesores cercanos a Kushner y la familia Trump, al que se unió hace poco el ex número dos de Priebus, ha defendido el ataque como prueba de que "Estados Unidos vuelve a liderar".

Sin embargo, Making America Great, otro grupo sin fines de lucro alineado con Bannon, ha evitado por completo tocar el tema de Siria. Ese grupo, liderado por David Bossie y fundado por la familia de millonarios Mercer —ambos cercanos a Bannon y a los votantes de ultraderecha a los que se ganó— está centrado en otras cuestiones, como la candidatura al Supremo.

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Lemire informó desde Nueva York. La periodista de Associated Press Julie Bykowicz contribuyó a este despacho.

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