La caída en picado de Albert Rivera

El líder del partido Ciudadanos, Albert Rivera, vota en las elecciones generales en Hospitalet de Llobregat, Barcelona, España, el domingo 28 de abril de 2019. (AP Foto/Joan Monfort)


Albert Rivera apunta a protagonizar un caso único. Inédito hasta la fecha. En apenas medio año el líder de Ciudadanos va a pasar de rozar la segunda posición nacional quedándose a apenas 270.000 votos del PP y a las puertas de ser los líderes de la oposición, a dejarse más de 1 millón el 10-N.

Nunca un partido ha vivido una degradación así en un periodo tan corto. Ni el PSOE de Filesa, ni el PP de la Púnica. Todos han vivido un retroceso, y han acabado tocando su suelo antes o después. Pero tan rápido no. Y menos aún sin haber mediado un caso tan gordo como lo es una sentencia por financiación irregular.

De esta forma, si se cumplen los sondeos como el de IMOP Insights para El Confidencial , Albert Rivera está a punto de recibir a la vez todos los 'mordiscos electorales' que él ha ido dando a sus contrincantes en base a su supuesta transversalidad y centrismo. Es como si el resto de actores políticos le fueran a devolverle la jugarreta a la vez. Fíjense en este detalle demoledor para sus intereses.

El partido naranja apunta a que va a perder:

-322.000 votos desparecen en dirección al PSOE

-382.000 votos que se van a ir al PP

-186.000 van a coger dirección de Vox

-129.000 se los puede quedar Más País, el nuevo partido de Íñigo Errejón.

Esto es posible porque no ha fidelizado su voto. Ha dado tantos bandazos en sus declaraciones y actitudes, que sus votantes se sienten defraudados. No todos por lo mismo, sino que cada uno de ellos por una causa diferente.

Otro detalle: El 77,7% de los votantes tiene claro qué hará el 10-N. Pero si buscamos el dato de cada partido vemos que en el PP la cifra llega al 69,8%Unidos Podemos el 63,5%. En el caso de Ciudadanos este dato baja al 44,6%. Más de la mitad de los votantes de Albert Rivera en abril no sabe qué va a votar en un mes.

De estos datos se entiende que se están movilizando los extremos. Justo lo que Rivera ha intentado ocultar en estos años vendiendo una indefinición pragmática con la que asegurarse de poder dar la respuesta adecuada en cada momento de la legislatura. Pero su electorado se ha cansado. Los que le votaron pensando que era de centro le recriminan la foto de Colón. Y los de derecha que ahora apoye al PSOE. y así hasta el infinito, porque la “veletita naranja”, como le definen en Vox, ha articulado decenas de discursos contradictorios que en la cabeza de Rivera sonaban complementarios.

Hasta ahora hemos hablado de votantes. Pero de puertas hacia dentro también tiene un problemón. A mediados de agosto ordenó cortar cabezas en su equipo directivo. Provocó el cese y la dimisión de todos los que apoyaban un acercamiento al PSOE para desbloquear la situación y evitar la repetición electoral. ¿Los recuerdan?

Orlena de Miguel y Fernando Maura, dos de los miembros de la directiva de la formación naranja que no apoyaron su veto a Pedro Sánchez, el portavoz económico Toni Roldan, el último fundador de la ejecutiva en pie Xavier Pericay, el diputado Francisco de la Torre, el eurodiputado Javier Nart, el líder asturiano Juan Vásquez y el miembro fundador Francesc de Carreras. Todos ellos salieron del partido o fueron arrinconados por pedir lo que ahora proclama Rivera. El levantamiento del veto al presidente del Gobierno en funciones y al PSOE. Y solamente ha pasado seis meses entre la purga y el último volantazo.

Todo ello hace que el votante no solo no entienda a Rivera, sino que recele de lo que pueda llegar a hacer de aquí a Navidad. Lo mismo abraza al PSOE que se echa en brazos de Vox. Por eso Rivera está a punto de perder la confianza de tantos españoles.