La afiliación de 25 mil guatemaltecos al IMSS que revivió el racismo de los mexicanos

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Guatemaltecos que trabajen en estados fronterizos de México recibirán afiliaciones al IMSS, según el acuerdo alcanzado por ambos gobiernos. (AP Photo/Moises Castillo)
Guatemaltecos que trabajen en estados fronterizos de México recibirán afiliaciones al IMSS, según el acuerdo alcanzado por ambos gobiernos. (AP Photo/Moises Castillo)

México está muy acostumbrado a relucir su racismo. Solamente hacen falta unas cuantas fórmulas ya conocidas para que el país se envuelva en la bandera y comience a ejercer la discriminación de la que tanto reniega. La afiliación de 25 mil trabajadores guatemaltecos al IMSS prendió la mecha de los justicieros casuales, muy preocupados por los mexicanos de a pie que no tienen acceso ni a la salud pública ni a un plan de retiro digno.

En un santiamén, les brotó una indignación absoluta: ¿cómo es posible que ellos sí tengan acceso al IMSS y millones de mexicanos no? La ecuación es muy típica: un problema solamente es digno de atención una vez que “algo” ha sucedido. A la opinión pública, y especialmente a la aristocracia mexicana, le tenía sin cuidado esos millones de mexicanos que no pueden acceder a servicios médicos ni pensar en una pensión.

Para entender la hipocresía bastaría con hacer una encuesta, y con esperar que los encuestados sean honestos, para conocer cuántos patrones en México tienen afiliados a sus trabajadores al Seguro Social. Ya ni siquiera vale la pena preguntar cuándo se han ido a parar a una clínica del IMSS, si tan solo el hecho de formarse para esperar la vacuna contra el covid-19 ya les parecía indignante. Como ahora se enfurecen por 25 mil trabajadores que harán eso, trabajar, en tres estados fronterizos: Chiapas, Campeche y Tabasco. Nadie les está regalando nada. De hecho, es lo mínimo que se les podría ofrecer.

¿O acaso los defensores de los buenos tratos, esos que tienen la bandera de Ucrania en Twitter, preferirían que esos trabajadores padezcan condiciones deplorables y sean explotados? Además, con un poco de cordura, se podría entender que esos 25 mil puestos en el IMSS, en términos numéricos, son una nimiedad. El destino del país seguirá siendo exactamente el mismo. Pero el balón quedó botando y el oportunismo no se hizo esperar: en México siempre se aprovecha la más mínima oportunidad para ejercer el racismo.

¿De verdad quieren afiliaciones para todo México o solamente encontrarán el pretexto del día para discriminar a 25 mil guatemaltecos y de paso extender la xenofobia a toda Centroamérica? Total, siempre ha sido así y, hace casi cuatro años, la Caravana Migrante inflamó la ínfulas nacionalistas de millones de mexicanos enajenados. No es tampoco que haya que aplaudir al gobierno, pues como lo dijo Zoé Robledo, director del IMSS, esta medida viene directamente impulsada por la Conferencia Interamericana de Seguridad Social desde hace más de 40 años.

La salud pública en México es deficiente. Nadie puede descubrir el hilo negro. Lo sabemos todos los que alguna vez hemos tenido que lidiar con el IMSS y sus mil defectos. Además, los planes de pensión y retiro brillan por su ausencia. Basta con ver cuántos adultos mayores siguen trabajando cuando ya no tendrían que hacerlo, y la forma en la que eso se romantiza en redes sociales, porque en este país se alaba la idea de ser explotado con tal de “ganarse el pan”. ¿México le está ofreciendo eso a toda Guatemala, a toda Centroamérica? No, solo a 25 mil trabajadores.

Tampoco estamos hablando de un acto heroico, como lo venden los publicistas del gobierno mexicano, sino de un cumplimento elemental. Porque sí, también es cierto que los afiliados guatemaltecos deberán lidiar con los mismos problemas que el resto de mexicanos. Pero la coartada fue perfecta: revitalizó el espíritu racista de este país. ¿Cómo apoyar a un guatemalteco? ¿Por qué no a México? ¿Por qué a ellos que durante tantos años se han dedicado a ensuciar nuestro hermoso y perfecto territorio patrio?

Siempre nos ha gustado creer que somos una nación plural en la que todos son bienvenidos. Por eso cuidamos los modos cuando visitamos La Condesa y la Zona Rosa. No sea que vayamos a quedar mal con algún gringo o europeo. Pero la mirada cambia cuando los países de Centroamérica aparecen en nuestro limitado y selectivo horizonte. Nuestra visión no alcanza ni para ver nuestra propia nariz. Por eso México ejerce el racismo contra sí mismo todos los días. Y, cada cierto tiempo, al país le brota una picazón discriminatoria contra los centroamericanos que haría sentir orgulloso al más fascistas de los fascistas.

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