La actuación de los ‘periodistas deportivos’, una situación que ya causa vergüenza en México

Alvaro Morales, analista de ESPN. / Foto: Captura de pantalla Twiter @futpicante

Las mesas de debate y análisis deportivo que predominan en la oferta televisiva han alcanzado el máximo común entre ellas frente al espectador: provocan que uno cambie de canal o apague el televisor.

La escuela, para muchos mala, para otros pésima (dudamos que haya alguien que diga que es buena), que José Ramón Fernández creó en la opinión deportiva mexicana, ha engendrado analistas que han convertido en un auténtico mercado callejero el magno oficio editorial, en el que se olvida el respeto y se busca más la generación de polémica y división entre los televidentes y como en todo, hay límites.

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El poder de un micrófono es algo que pocos dimensionan y en manos de monstruosas empresas, pocas veces vemos un castigo a las groserías y ofensas que muchos detrás del instrumento vociferan para incrementar rating y hacen a un lado el sano discurso de un buen análisis.

Nombres hay muchos desde que José Ramón Fernández tomó el poder en un mediocre medio como lo fue Canal 13-Imevision por casi dos décadas y cobró más fuerza con el advenimiento de TV Azteca y fueron sus mismos clones quienes se encargaron de quitarle su lugar y enviarlo al otro extremo de la televisión, el del cable.

Aficionados del Cruz Azul. (Photo by Hector Vivas/Getty Images)

Pero aún el máximo crítico del fútbol mexicano, hoy tratado como una vaca sagrada y respetado por muchos, con o sin guarura incluso dentro de las instalaciones de ESPN, la casa televisora que lo acoge desde hace ya más de una década, sufrió una fuerte reprimenda por sus críticas al club que paradójicamente, debe existir para que personajes como el mismo Fernández, subsistan dentro del cosmos televisivo.

A finales de la década de los 80, dentro del programa DeporTV que él y Raúl Orvañanos conducían, José Ramón se dedicó a pedirle a todo mundo, a rogar porque el América no fuera campeón por tercera vez consecutiva en la temporada 89-90 del torneo de liga del fútbol mexicano. Ante su insistencia, Orvañanos, avergonzado y mirando hacia gente de la producción, le preguntó en tono de broma “¿En dónde leíste eso?”. “No lo leí, lo digo yo, porque sino detenemos al América, se va a convertir en algo como el Real Madrid”, contestó Fernández.

Su castigo fue no asistir como comentarista al Mundial de Italia 90, en su lugar fue Raúl Orvañanos y el reducido grupo de colaboradores de la entonces empresa estatal Imevision. Los tejes y manejes entre las altas esferas políticas y altos los dirigentes del fútbol mexicano le dieron un escarmiento al analista deportivo. Fernández se quedó en México con otro bravucón, Carlos Albert.

Hoy, quienes siguieron su escuela mantienen viva la crítica mordaz, visceral y muchas veces personal, que pueden hacer de un tema insulso y sin sentido, un tema viral que puede afectar a jugadores profesionales y espectadores de fútbol.

Su impunidad es absoluta. Sus ofensas calan, caen mal, degradan, indignan, cumplen su cometido y en muchas ocasiones se enganchan con quienes fungen como claros objetivos. Parece no pasar nada si se ofende, si se habla mal de un técnico, si se despotrica en contra de un jugador, si le pide la renuncia a un entrenador o el retiro a un delantero que no tuvo una buena tarde.

El equilibrio en mesas de debate como ‘Fútbol Picante’ o ‘La Última Palabra’ parece ser el ideal, ex jugadores que lograron fama y gloria, codo a codo con analistas que desde adolescentes se han enfrentado al teclado y la hoja en blanco, pero que nunca han jugado profesionalmente en una cancha para hablar de fútbol.

Lo que rompe ese delicado equilibrio son las ofensas, las groserías, las indirectas-directas de personajes como David Faitelson y Álvaro Morales en ESPN, y André Marín, en Fox Deportes, un trío que comparten entre otras características, el gritar y provocar, sin importar ética o valores periodísticos, la misma escuela que José Ramón Fernández creó.

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Lejos quedaron los días de análisis netamente deportivo en televisión, como “Súper Lunes de Fútbol” o “Controvertido”, que quedaron en el recuerdo y se desvanecen ante la proliferación de gritos, golpes y sombrerazos en un panel, que degradan el carácter analítico y sobre todo la dignidad de aquellos que caen en sus bocas.

Se reconoce la sabiduría al conjuntar a esos argüenderos deportivos con auténticos analistas y personalidades deportivas, pues Faitelson, Morales y Marín, necesitan más de Hugo Sánchez, Francisco Javier González, Rafael Puente, Alberto García Aspe y Daniel Brailovsky, que estos de los primeros para ser escuchados.

Los insultos y majaderías deben estar siempre peleados con la objetividad periodística y no deben ser protagonistas para generar raiting, menos en canales de televisión por cable, que debiera presumir mejores y contenidos que presuman una ética y respeto, sin dejar el debate y análisis.

Se tuvo en el pasado en la televisión, el camino de los gritos y ofensas de hoy no debe ser un modelo a seguir.

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