Líderes en Colombia quieren renunciar a la perforación petrolera, aunque pague las cuentas

ARAUCA, Colombia — A lo largo de las últimas cuatro décadas, Colombia ha extraído miles de millones de barriles de petróleo de debajo de una inmensa sabana que comparte con Venezuela, su país vecino. A través de oleoductos, el crudo espeso cruza los Andes hasta la costa caribeña y llega hasta barcos petroleros, la mayoría de los cuales viaja a Estados Unidos.

Al igual que otra famosa exportación de Colombia, tiene una cualidad adictiva.

Durante una generación, la economía de la nación se volvió dependiente de las ganancias que dejó el petróleo.

Este año, los votantes se movilizaron para terminar con ese hábito, al elegir al primer presidente de izquierda en Colombia en dos siglos de independencia, un exguerrillero y ambientalista que quiere eliminar poco a poco el petróleo y cobrarles altos impuestos a las mineras de carbón al mismo tiempo.

“¿Qué es más venenoso para el ser humano: la cocaína, el carbón o el petróleo?”, les preguntó el presidente Gustavo Petro a los líderes mundiales en la Asamblea General de Naciones Unidas celebrada en septiembre. “El dictamen del poder ha ordenado que la cocaína es el veneno”, dijo. “Pero, en cambio, el carbón y el petróleo deben ser protegidos, aunque su uso pueda extinguir a toda la humanidad”.

Petro, de 62 años, está a la vanguardia de una nueva camada de líderes latinoamericanos con conciencia climática. El péndulo político de Centro y Sudamérica ha oscilado hacia la izquierda de nuevo, pero en vez de argumentar que se necesitan economías extractivas para financiar programas de bienestar, como lo han hecho muchos de sus contemporáneos y predecesores socialistas, Petro, el presidente de Chile, Gabriel Boric, y otros aseguran que los combustibles fósiles no han sacado a suficiente gente de la pobreza como para justificar su impacto en el clima.

Es una proposición radical, tan solo porque Colombia sigue siendo relativamente pobre y en teoría le quedan más décadas de beneficio del ingreso del petróleo. Ese dinero ahora equivale a una quinta parte del ingreso del gobierno, más o menos la mitad de su inversión extranjera y casi una décima parte de su producto interno bruto.

Colombia sería el primero de los principales países productores de petróleo en el mundo en detener la perforación si Petro separa con éxito el presupuesto nacional del dinero del petróleo. El día inaugural de las conversaciones sobre el clima de la ONU en Sharm el-Sheij, Egipto, Petro redobló su compromiso.

“Superar la crisis climática implica dejar de consumir petróleo y carbón”, les dijo a los líderes de casi 200 naciones. “Y ese dejar de consumir implica una transformación profunda de la economía, una desvalorización de intereses poderosos en esa economía, un cambio de la economía mundial que no puede adelantar el liderazgo político de la humanidad”.

A sus ministras de Ambiente y Energía, ambas con antecedentes activistas, se les ha asignado la tarea de reinventar la economía de Colombia sin los hidrocarburos.

“Debido a nuestra dependencia de los combustibles fósiles, hemos destinado al fracaso a la economía si no la cambiamos”, opinó Susana Muhamad, la ministra de Ambiente. “No hemos realizado ningún descubrimiento importante en materia de petróleo en años. Además de eso, no se puede ignorar el cambio climático. Ese es el punto de todo esto”.

El gobierno, el cual ha estado en el poder tan solo tres meses, ha pedido seis meses más para elaborar los detalles de su transición energética. La gran pregunta es: ¿Qué remplazará al ingreso petrolero en Colombia? Incluso los detalles tentativos están incompletos.

La incertidumbre ya ha generado desconfianza entre muchos respecto de la visión de Petro. En su campaña, Petro prometió ponerles fin a los permisos nuevos para la exploración de hidrocarburos e imponer un enorme impuesto a las empresas petroleras y carboneras.

La preocupación en su mayor parte es económica, pues Colombia ya genera casi el 80 por ciento de su energía a partir de fuentes renovables, principalmente la energía hidráulica.

La élite empresarial del país, mucha de la cual está comprometida con la industria petrolera, observa mientras la divisa de Colombia cae todavía más, una consecuencia de las propuestas políticas de Petro, los precios de la energía al alza y la inflación mundial.

“Debemos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, sí, pero imagina elegir justo este momento para hacerlo”, cuestionó Óscar Iván Zuluaga, quien durante mucho tiempo fungió como el ministro de Hacienda de Colombia, pero ahora es un empresario en la industria acerera, cuya contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo es de entre un siete y un nueve por ciento. “Petro debe considerar la realidad, no solo la ideología. Esa es la base de gobernar”.

El fantasma del colapso económico en Venezuela, donde el mal manejo del gobierno arrojó en caída libre a la economía, eclipsa los planes de Petro. Más de dos millones de venezolanos se han instalado en Colombia en años recientes, tras huir de la miseria.

“Con Petro, también podemos caer en un caos total”, opinó Erik Arciniegas, quien dirige una empresa contratista que ofrece sus servicios a las petroleras de Arauca, donde dos terceras partes de los votos fueron para el oponente de Petro.

Es probable que Arciniegas pierda oportunidades de negocio con Petro, pero su argumento en contra de la eliminación gradual del uso de petróleo se parece a uno que ha ganado fuerza en todo el mundo en desarrollo.

“Los estadounidenses y los árabes siguen beneficiándose de esas riquezas”, comentó. “No entiendo por qué nosotros deberíamos parar”.

Esa visión la comparten los líderes de izquierda de dos de las economías más grandes de Latinoamérica, Brasil y México, cada una de las cuales produce más petróleo que Colombia. En la cumbre climática en Egipto, la delegación de Colombia ha intentado movilizar a sus homólogos latinoamericanos para forjar un consenso regional sobre la “descarbonización”, pero hasta ahora ha logrado poco.

En Brasil, los ambientalistas cantaron victoria en las elecciones del mes pasado con el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva, conocido comúnmente como Lula, quien tiene un historial de restringir la deforestación. Sin embargo, pocas personas creen que vaya a realizar maniobras similares a las de Petro.

Durante las elecciones, cuando los reporteros le preguntaron a Lula sobre los planes de Petro de eliminar poco a poco el petróleo, respondió: “En el caso de Brasil, no es una posibilidad real. Ni en el caso del mundo”.

Se espera que Lula reciba una cálida bienvenida esta semana en Sharm el-Sheij, donde dará un discurso y sostendrá conversaciones enfocadas en la protección de la selva amazónica. Alrededor de un 10 por ciento de la Amazonia está en Colombia y la deforestación es mucho menos rampante que en Brasil.

Las aspiraciones climáticas en la región sufrieron un revés en octubre, cuando los votantes rechazaron un referendo constitucional en Chile que habría incorporado consideraciones climáticas en casi todos los aspectos del gobierno.

“Conozco a Petro desde hace 16 años y desde el inicio ha criticado a la izquierda latinoamericana por su dependencia de las materias primas”, comentó Muhamad. “Él tiene muy claro que, debido al cambio climático, las iniciativas estarán cada vez más enfocadas en la gestión de crisis. Mientras más podamos prevenir las crisis, más podremos avanzar”.

Colombia ha comenzado a experimentar efectos más frecuentes del cambio climático a medida que se derriten los glaciares y los patrones climáticos de La Niña y El Niño se vuelven menos predecibles, lo que ha dejado expuesta una gran parte de la costa del país a ciclos de inundaciones y sequías.

Muhamad, de 45 años, alguna vez trabajó para Shell, una de las petroleras más grandes del mundo, como asesora de riesgos ambientales y de derechos humanos. Quedó decepcionada cuando se dio cuenta de que era improbable la materialización de su visión “ecotópica”, como la describe, de ayudar a la transición de Shell hacia fuentes energéticas distintas del petróleo y el gas.

Muhamad y su colega, la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, de 40 años, pasaron buena parte de las últimas décadas trabajando con comunidades marginadas.

“Me considero una académica activista”, comentó Vélez, quien obtuvo un doctorado enfocado en los mineros de ascendencia afrocolombiana y daba una clase universitaria sobre las economías extractivas antes de convertirse en ministra. “Una de las cosas que traje al gobierno es una buena comprensión de los verdaderos problemas que enfrenta la gente, y la seguridad de que estamos intentando resolver algo importante”, mencionó.

Las dos ministras perciben su propuesta de transición energética como un “gran giro” que eliminaría de manera gradual el petróleo y el carbón y reorientaría la economía exportadora de Colombia hacia el ecoturismo y la producción de alimentos como los granos y el aguacate.

Los activistas ambientalistas guardan la esperanza de que Petro cumpla sus promesas.

“No soy ingenua, pero estoy emocionada”, opinó María Laura Rojas, cofundadora de la organización ambiental Transforma. “No será capaz de hacer todo en un periodo de cuatro años. Pero que pueda incluir al medioambiente y a la vida en la conversación es algo nuevo. Colombia debería ser un laboratorio para la transición energética en Latinoamérica y Latinoamérica debería serlo para el mundo”.

Incluso los oponentes de Petro en general le desean buena suerte.

En una manifestación en Arauca que encabezó Arciniegas, el contratista, no hubo denuncias contra Petro y las consignas se sintieron más bien como sugerencias amables.

“La reforma sí, pero no así”, decía una.

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