Lágrimas, emoción y hasta muñecas alusivas en la despedida a Raffaella Carrà

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Velorio de Raffaella Carrá
Gregorio Borgia

ROMA.- Son casi las seis de la tarde. El sol sigue pegando fuerte y el termómetro marca 32 grados. En la bellísima Piazza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel, sede de la comuna y con vista espectacular a los foros romanos, Anna Maria Mombelli, de jeans y remera, llora. Como muchos otros, está en la fila para ingresar a la capilla ardiente con la que Roma comenzó a despedir a lo grande, con un adiós de tres días, a Raffaella Carrà, “una reina”, “un mito”, una “institución”, “una de nosotros”, “todo”.

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“La conocía, tengo una lindo recuerdo de ella, que era una persona humilde, siempre era muy disponible con todos, un ícono de la TV en todo el mundo”, dice Anna María, calabresa que trabaja en Roma como comparsa, que asegura que esperaba un nuevo programa de ella, quien murió este lunes a los 78 años después de padecer una larga enfermedad, con enorme discreción y reserva, como fue toda su vida.

En la fila hay un clima volátil: del silencio cerrado, triste, se pasa repentinamente al aplauso, al grito eufórico de “¡Raffa, Raffa, Raffa! o al canto de clásicos que van desde “Fiesta, qué fantástica fantástica esta fiesta” a “Para enamorarse bien hay que venir al Sur”.

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Hace calor y la humedad es insoportable. Una carpa de la Protección Civil, que sabe que Raffaella para los italianos fue mucho más que una diva -una madre, todos lo repiten, alguien de la familia, un símbolo de libertad, un símbolo de Italia-, entrega botellitas de agua. También para mañana, que seguirá abierta durante todo el día la capilla ardiente, se prevé un calor tórrido, con temperaturas aún mayores a la de hoy, así como el viernes, cuando tendrá lugar la despedida final con una ceremonia fúnebre en la adyacente iglesia de Santa Maria in Ara Coeli, siempre en la Piazza del Campidoglio, a las 12 del mediodía.

Velorio de Raffaella Carrá
Gregorio Borgia


Raffaella Carrà había dejado instrucciones precisas de que se usara un simple ataúd de pino para su capilla ardiente y luego una urna también modesta para guardar sus cenizas (Gregorio Borgia/)

Giuliano Panicci lleva un ramo de rosas rojas. Tiene 46 años, trabaja de policía y está en la fila “porque yo crecí con Raffaella Carrà”. “Para mí fue casi como una segunda mamá. Volvía del colegio y era lindo ver Pronto Raffaella? (precursor del ¡Hola Susana! inventado por la gran actriz y bailarina italiana), mientras mi mamá preparaba el almuerzo. Y además su alegría nos dio mucho, nos dio coraje para enfrentar la vida y coraje para enfrentar los problemas”, asegura.

Patrizia Monaco, romana de 31 años, lleva un ramo de rosas amarillas -el color que amaba Raffaella-, desde el que salta a la vista una carta escrita a mano con marcador violeta, que camarógrafos y fotógrafos toman de mira. “Ciao Raffa, sin vos el mundo va a ser más triste, no sólo de Trieste para abajo... Gracias”, dice.

Rosas amarillas acompañaron el cortejo fúnebre de una hora y media que desde su casa de Vía Nemea, en el norte de la capital, se detuvo en diversas paradas por edificios emblemáticos de su carrera en la RAI, la empresa televisiva en la que Raffaella hizo historia y se convirtió una estrella. También allí hubo silencios, aplausos, emoción. Gigantografías con su rostro sonriente y su melena rubia, acompañadas por la leyenda “grazie”, marcaban cada parada del cortejo fúnebre, escoltado por motos y seguido por millones de italianos a través de una transmisión en vivo de la RAI. “Raffa, mamma di tutti noi”, pudo leerse en otro cartel escrito a mano por anónimos que acompañaron la despedida de la “star”.

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Rosas amarillas también inundan la capilla ardiente armada en la Sala Protomoteca del Campidoglio, donde su compañero de toda la vida, Sergio Japino, sus sobrinas y otros parientes reciben el pésame. También en la capilla ardiente se ven grandes fotos de Raffaella sonriente, que enmarcan el ataúd, por supuesto cerrado y a un costado también ha sido colocada una pantalla gigante que transmite imágenes de la “reina” de la TV italiana.

La gente entra en pequeñas tandas y con barbijo, respetando las normas anticoronavirus. De a uno, se detienen algunos segundos ante el simple ataúd de madera. Se arrodillan, lo tocan para saludarla, rezan rápidamente, se persignan, dejan ramos de flores y demás objetos. Al salir, dejan la firma y sus sentimientos en un libro de pésame que va llenándose de palabras de afecto incondicional.

“¿Por qué traje estas rosas amarillas? Porque para mí Raffaella fue como una madre, un fuente increíble de sonrisas y alegría... Ella representó la Italia más bella y se hizo amar por todos y por eso quiero devolverle todo lo que ella nos dio en el curso del tiempo, sin pedirnos nada a cambio”, dice Patrizia, emocionada.

Raffaella Carrà y su carisma infinito, en la pantalla de la TV italiana
Virginia Farneti


Raffaella Carrà y su carisma infinito, en la pantalla de la TV italiana (Virginia Farneti/)

Alessandro Gatti, diseñador de muñecas romano, en lugar de rosas le trae a Raffaella una “Raffa-doll”, una muñeca que él creó a su imagen y semejanza, ataviada con un vestido rojo largo. “Es el de ‘Fiesta’”, cuenta con los ojos brillosos Alessandro. “Es un regalo, el último, para Raffaella, a quien tuve la suerte de conocer, estuve con ella tres veces, cuando le regalamos una muñeca similar a esta para celebrar su belleza y el amor que le teníamos. ¿Qué mejor modo para saludarla, que rendirle homenaje, que llevarle esta muñeca, que nos trajo suerte y que le llevamos por primera vez en 2008, otra vez en 2014 y en 2018”, cuenta. “Y la primera vez que la conocimos le hicimos una promesa: cada cosa que harás, nosotros te regalaremos una muñeca, que será tu objeto de la suerte. Y también hoy queremos que esta muñeca en este momento le lleve buena suerte y represente su acceso al paraíso, que es lo que se merece”, agrega, emocionado.

Alessandro Gatti, diseñador de muñecas romano, en lugar de rosas le trajo a Raffaella una “Raffa-doll”, una muñeca que él creó a su imagen y semejanza, ataviada con un vestido rojo largo. “Es el de ‘Fiesta’”, explica
Elisabetta Piqué


Alessandro Gatti, diseñador de muñecas romano, en lugar de rosas le trajo a Raffaella una “Raffa-doll”, una muñeca que él creó a su imagen y semejanza, ataviada con un vestido rojo largo. “Es el de ‘Fiesta’”, explica (Elisabetta Piqué/Roma, Italia)

Franco Carabia, de Sulmona, es uno de los primeros de la fila. Llegó a las nueve de la mañana y en la espera se hizo amigo de una pareja de Civitavecchia, Carla y Marco. Los tres coinciden en afirmar que “Raffaella representa todo”. “Crecimos con Raffaella, es como alguien de la familia, pero también una diva que nos abandona. Nadie será como ella... Es triste, pero ella no se va, se queda en el corazón para siempre”.

Coincide Anna María, que sigue llorando. “¿Cómo se la puede olvidar a Raffaella? Muriéndose nos hizo una ‘carrambata’ (”Carramba, che fortuna”, fue uno de sus legendarios programas de juegos en la TV)”, dice la mujer, con lágrimas en los ojos, pero sonriendo. “Lo que nos dio, de todos modos, lo vamos a seguir llevando adelante, porque lo que se lleva en el corazón no muere más. Espero que Raffa haga bailar a los ángeles”, concluye.

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