Cómo el Kremlin está militarizando a la sociedad rusa

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Un instructor le muestra a un grupo de niños cómo usar rifles de aire comprimido en el centro de capacitación de prerreclutamiento juvenil en Noguinsk, cerca de Moscú, el 15 de diciembre de 2021. (Sergey Ponomarev/The New York Times)
Un instructor le muestra a un grupo de niños cómo usar rifles de aire comprimido en el centro de capacitación de prerreclutamiento juvenil en Noguinsk, cerca de Moscú, el 15 de diciembre de 2021. (Sergey Ponomarev/The New York Times)

MOSCÚ— Tras subir al podio con botas pesadas y uniformes militares en una ceremonia en las afueras de Moscú, seis adolescentes recibieron premios por una disciplina cada vez más importante en Rusia: el patriotismo.

Durante días, estudiantes de todo el país habían competido en actividades como lectura de mapas, tiro y concursos de preguntas sobre historia. La competición fue financiada en parte por el Kremlin, que ha estado dándole prioridad a la educación “militar patriótica”.

“Los padres y los hijos comprenden que el caparazón agresivo que nos rodea se está endureciendo y nos está cercando”, dijo Svyatoslav Omelchenko, un veterano de las fuerzas especiales de la KGB que fundó Vympel, el grupo organizador del evento. “Estamos haciendo todo lo posible para asegurarnos de que los niños estén conscientes de eso y así prepararlos para que vayan a servir”.

Durante los últimos ocho años, el gobierno ruso ha promovido la idea de que la madre patria está rodeada de enemigos. Han filtrado el concepto a través de instituciones nacionales como las escuelas, las fuerzas militares, los medios de comunicación y la iglesia ortodoxa. Incluso ha planteado la posibilidad de que el país podría tener que defenderse nuevamente como lo hizo contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

En la actualidad, a medida que Rusia concentra tropas en la frontera con Ucrania, lo que genera temores occidentales de una invasión inminente, la firme militarización de la sociedad rusa bajo la presidencia de Vladimir Putin ha ocupado súbitamente un lugar preponderante y parece haber acostumbrado a muchos a la idea de que podría avecinarse una guerra.

“Las autoridades están vendiendo activamente la idea de una guerra”, dijo Dmitry Muratov, el editor de prensa ruso quien compartió el Premio Nobel de la Paz de este año, durante su discurso de aceptación en Oslo, Noruega, este mes. “La población se está acostumbrando a la idea de su legitimidad”.

Este martes, durante unas declaraciones a líderes militares rusos, Putin insistió en que Rusia no quería derramamiento de sangre, pero estaba preparada para responder con “medidas técnico-militares” a lo que describió como el comportamiento agresivo de Occidente en la región.

Tumbas de líderes soviéticos y comandantes de la Segunda Guerra Mundial en la Plaza Roja de Moscú el 14 de diciembre de 2021. (Sergey Ponomarev/The New York Times)
Tumbas de líderes soviéticos y comandantes de la Segunda Guerra Mundial en la Plaza Roja de Moscú el 14 de diciembre de 2021. (Sergey Ponomarev/The New York Times)

Si bien no existe una creciente fiebre de guerra, hay muchas señales de que el gobierno ha estado fomentando una preparación para el conflicto. Un programa de cuatro años de 185 millones de dólares creado por el Kremlin este año tiene como objetivo aumentar de manera drástica la “educación patriótica” de los rusos e incluye un plan para atraer al menos a 600.000 niños de hasta 8 años para que se unan a las filas del Ejército Juvenil uniformado. Los adultos reciben su inculcación de la televisión estatal, donde los programas políticos —uno de ellos se llama “Moscú. Kremlin. Putin.”— afianzan la narrativa de un golpe de Estado fascista en Ucrania y de que Occidente está empeñado en la destrucción de Rusia.

Todo esto está unido por el recuerdo casi sagrado de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial, uno que el Estado ha aprovechado para moldear la identidad de una Rusia triunfal que debe estar lista para tomar las armas una vez más.

Alexei Levinson, director de investigación sociocultural del Centro Levada, una encuestadora independiente de Moscú, llama a la tendencia la “militarización de la conciencia” de los rusos. Las encuestas periódicas del centro revelan que el Ejército se convirtió en 2018 en la institución más confiable del país, superando incluso a la presidencia. Este año, la proporción de rusos que afirmaron temer la llegada de una nueva guerra mundial alcanzó el nivel más alto registrado en encuestas desde 1994: el 62 por ciento.

Esto no significa, advirtió Levinson, que los rusos recibirían con los brazos abiertos una sangrienta conquista territorial de Ucrania. Sin embargo, Levinson afirmó que sí significa que muchos han sido condicionados a aceptar que Rusia está atrapada en una rivalidad existencial con otras potencias en las que el uso de la fuerza es una posibilidad.

En una encuesta de Levada publicada la semana pasada, el 39 por ciento de los rusos afirmó que una guerra entre Rusia y Ucrania era inevitable o muy probable. La mitad afirmó que Estados Unidos y la OTAN eran los culpables del reciente aumento de las tensiones y no más del 4 por ciento —en todos los grupos de edad— dijo que Rusia tenía la culpa.

La convicción en toda la sociedad de que Rusia no es el ente agresor refleja una ideología central que data de la época soviética: la de que el país solo libra guerras defensivas. El gobierno incluso ha asignado dinero para películas que exploran ese tema. En abril, el Ministerio de Cultura decretó que “las victorias históricas de Rusia” y “la misión de paz de Rusia” eran algunos de los temas prioritarios para los productores de películas que buscaban financiación del gobierno.

“En este momento se está impulsando la idea de que Rusia es un país amante de la paz rodeado permanentemente de enemigos”, dijo Anton Dolin, un crítico de cine ruso. “Esto se contradice con algunos hechos, pero si lo muestras en el cine y traduces esta idea a la época de la Gran Guerra Patriótica, todos obtendremos de manera instantánea un esquema que es familiar para todos desde la infancia”.

En la televisión estatal rusa, la narrativa de una Ucrania controlada por neonazis que es utilizada como base de operaciones de la agresión occidental ha sido un tropo común desde la revolución prooccidental en Kiev en 2014. Después de la revolución, Rusia anexó la península ucraniana de Crimea, fomentó una guerra en el este de Ucrania y agudizó su retórica en la que se describe a Rusia como una “fortaleza sitiada”.

Algunos analistas temen que la retórica intensificada esté sentando las bases de lo que Rusia consideraría una intervención defensiva para proteger su seguridad y la de los hablantes de ruso en Ucrania. Yevgeny Popov, un miembro del parlamento recientemente elegido y presentador de un popular programa político en la televisión estatal, dijo en una entrevista que sus índices de audiencia habían subido en las últimas semanas (“La tensión está aumentando”, dijo).

“Creo que la mayoría de las personas en Rusia solo estaría a favor si defendiéramos a los rusos que viven en estos territorios”, dijo Popov, refiriéndose a los territorios separatistas en Ucrania donde cientos de miles han recibido la ciudadanía rusa.

La efectividad del mensaje militarizado del Estado es debatible. Las encuestas muestran que la población joven tiene una visión más positiva de Occidente que los rusos mayores y el sentimiento pro-Kremlin provocado por la anexión de Crimea parece haberse disipado en medio del estancamiento económico.

Pero el Kremlin está redoblando esfuerzos. Su impulso para incrementar la “educación patriótica” incluye financiación para grupos como Vympel. La organización “militar patriótica” tiene unas 100 sucursales en todo el país y organizó la reciente competencia de habilidades en la ciudad de Vladímir que finalizó el jueves 16 de diciembre.

© 2021 The New York Times Company

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