El kirchnerismo pone a prueba a Martín Guzmán por el ajuste

Maia Jastreblansky
·5  min de lectura

Martín Guzmán culminó un curso acelerado de gestualidad política. Se graduó esta semana. El martes, entendió que debía acercarse a la cámara de Diputados y tomarse una foto con Máximo Kirchner en la previa a la media sanción del impuesto a las grandes fortunas, a pesar de que la norma no lo entusiasma. Y el viernes, cuando despidió al FMI, convocó a representantes de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), los mismos que 24 horas antes habían cuestionado en duros términos el avance del aporte extraordinario en el Congreso.

El viraje ortodoxo del ministro de Economía lo puso de frente a un sendero de obstáculos. Siendo uno de los ministros mejor ponderados por Cristina Kirchner, sintió por primera vez el rigor del kirchnerismo, que se ocupó de marcarle los límites con varios mensajes. Todo mientras se esforzaba por enviarle señales de ajuste al FMI, que podría repetir otra visita en diciembre.

"Cristina lo sigue bancando a Guzmán, lo respeta y lo deja jugar. Pero el kirchnerismo es el kirchnerismo, tiene mucha autoridad y cada tanto se lo hacen saber", dijo a LA NACION una fuente al tanto de los esfuerzos que hubo por mantener el equilibrio durante la visita del FMI.

Guzmán pretendía cumplir con un listado de tareas antes de que el Fondo dejara la Argentina. Entre ellas, tener aprobado el Presupuesto 2021, que es su "criatura". Lo equipara a un plan económico. Cristina lo hizo transpirar. El Senado le devolvió a Diputados el proyecto por el error en una planilla, todo frente a los ojos de Guzmán, que estaba parado en un palco del recinto. El ministro sabía que eso iba a pasar desde la noche anterior y no tuvo pudor de asomarse al balcón a ver la escena. Estaba allí para hablar con la vicepresidenta a solas. Los términos de la conversación fueron reservados, pero en sí el encuentro marcó una diferencia con Alberto Fernández, que no se encuentra con Cristina desde hace más de 40 días.

Después llegó la convocatoria de Máximo Kirchner a la sesión por el proyecto de grandes fortunas, que generó ruidos con el establishment.El kirchnerismo tenía previsto desmarcarse con el proyecto desde que se confirmó el sendero de ajuste del déficit fiscal. "A Martín no le encanta el proyecto, pero no se agarra la cabeza. Dice que es una medida excepcional para un momento único de la humanidad", señalaron cerca del ministro.

Y un poquito más tarde, llegaríala carta del bloque se senadores del Frente de Todos al FMI, con una pluma muy cristinista. En el Palacio de Hacienda aseguran que Guzmán llegó a leer el escrito antes de que fuera remitido. "Dijeron lo mismo que dice él con otras palabras. Él siempre dice que se acabó el Consenso de Washington", justificaron cerca del ministro.

El último mensaje lo envió la senadora Anabel Fernández Sagasti, mano derecha de la vicepresidenta. En el proyecto que envió Guzmán al Congreso para que todo endeudamiento externo tenga aval parlamentario, la legisladora introdujo una enmienda para impedir tomar deuda en moneda extranjera para financiar gastos corrientes. La oposición opinó que el agregado perjudicará al Palacio de Hacienda. "Antes de la reunión de comisión, Martín habló con el bloque y le pareció correcto el agregado. De hecho Economía pulió el artículo. La redacción era imperfecta pero teníamos una visión coincidente", dijeron cerca del ministro.

Así, en solo dos semanas, Guzmán debió justificar varios movimientos del kirchnerismo, una gimnasia que Fernández adquirió para tantos otros temas. Cerca del ministro aseguran que nunca no lo tomaron por sorpresa.

Desacuerdos

Tras la quita del IFE y el anuncio de la nueva fórmula jubilatoria, el siguiente paso será el descongelamiento de tarifas. Se espera un nuevo esquema segmentado en base a la información que tiene el Estado del nivel económico de los usuarios.

Por el lado de los ingresos a la caja del Estado, ya está casi descartado que haya un proyecto de reforma tributaria antes de fin de año. Podría haber modificaciones impositivas, pero sin impacto en los principales tributos.

Meses atrás, el Ministerio de Economía trabajó con la AFIP en posibles iniciativas, pero hoy la lapicera la tiene casi exclusivamente el secretario de Políticas Tributarias, Roberto Arias. La titular del organismo de recaudación, Mercedes Marcó del Pont, formada en el desarrollismo, tiene una escuela distinta a Guzmán. En sus bibliotecas tienen distintos libros. Lo mismo pasa con la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca y el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. La entronización de Guzmán como algo más que un primus inter pares llevó al resto del equipo económico a adaptarse a sus directivas.

Si bien el kirchnerismo es el aliado más difícil de contener por las medidas de reducción del déficit, no es el único. La CGT hizo por primera vez un comunicado, a modo de advertencia, por lo que denominó "restricciones presupuestarias". Los movimientos sociales manifestaron una fuerte inquietud por la quita del IFE -el dirigente de la CCC y diputado oficialista Juan Carlos Alderete dijo que el Gobierno "se equivocó"- y lo mismo dejan trascender algunos intendentes del conurbano.

Hasta un economista aliado, Claudio Lozano (director del Banco Nación) dijo en Twitter que la nueva fórmula jubilatoria, desenganchada de la inflación, "está pensada en clave del FMI antes que en función de las necesidades de los jubilados". Salió a responderle Arias, en la misma red social.

Con este contexto, se especuló que en los planes no escritos de Guzmán figura llevar el déficit a una tasa menor que los 4,5 puntos que figuran en el Presupuesto, para conformar al Fondo. "Obviamente el FMI no te va a decir 'tené el déficit que quieras, brother', pero Martín apuesta a cumplir con el Presupuesto, no a ir más allá. Por supuesto que él quiere ir a una convergencia fiscal, igual que a Alberto y si puede mejorar la meta, lo hará. Pero nunca será haciendo recortes con costo social al estilo (Nicolás) Dujovne", dijeron en el entorno del ministro.