Kim Jong-un perdió peso. Nadie sabe cómo ni por qué.

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Kim Jong-un, líder supremo de Corea del Norte en el Hotel Metropole en Hanoi, Vietnam, el 28 de febrero de 2019. (Doug Mills / The New York Times).
Kim Jong-un, líder supremo de Corea del Norte en el Hotel Metropole en Hanoi, Vietnam, el 28 de febrero de 2019. (Doug Mills / The New York Times).

SEÚL, Corea del Sur — Lo único que tenían eran las imágenes de televisión. Y un reloj de pulsera.

Este mes, cuando el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, reapareció públicamente después de una ausencia de cuatro semanas, los analistas extranjeros y los canales de noticias comenzaron a estudiar los medios informativos estatales en busca de pistas para explicar su reciente desaparición.

De inmediato notaron que Kim, de 37 años, se veía considerablemente más delgado que antes. Después de comparar imágenes de sus apariciones en la televisión norcoreana durante los últimos meses, los analistas notaron que la correa de cuero marrón de su reloj de mano se veía un poco más apretada, lo que respalda la idea de que había perdido peso.

Pero ese era el único indicio que tenían para continuar reportando.

La salud de Kim, al igual que el propio régimen de Corea del Norte, está envuelta en tal secretismo que los expertos se ven obligados a adivinar pistas utilizando puras conjeturas. ¿Tuvo un problema de salud? ¿O acaso el obeso dictador del país más aislado del mundo finalmente decidió ponerse a dieta?

Estas preguntas, y la atención obsesiva a los detalles mundanos como el reloj de pulsera de Kim, pueden parecer la frívola verborrea típica de los chismes de celebridades. Pero los analistas dicen que deben usar toda la información disponible para tratar de responder a una pregunta aún más seria: ¿Qué pasaría con el arsenal nuclear de Corea del Norte y con su pueblo, al que se le ha enseñado a adorar a Kim, si quedara incapacitado de manera repentina?

Durante el fin de semana, los medios estatales de Corea del Norte ofrecieron su propia versión sobre la pérdida de peso de Kim cuando presentaron las reacciones de la gente común al verlo en una presentación artística televisada a nivel nacional.

“Lo que hizo que la gente, incluyéndome a mí, se sintiera más desconsolada cuando vimos el programa fue lo demacrado que se veía el querido líder Kim Jong-un”, dijo un hombre norcoreano de mediana edad con un sombrero de paja ante la Televisión Central de Corea, el ente estatal televisivo del país. “Todo el mundo dice que no pudo evitar llorar”.

Kim, incluso después de perder peso, no es precisamente esbelto. Fácilmente podría pesar el doble que muchos adultos norcoreanos, según algunos analistas. (Un estudio estimó que los refugiados norcoreanos pesaban alrededor de 50,8 kilogramos cuando huyeron de su país de origen, afectados a nivel crónico por la escasez de alimentos).

En el norte, donde todos los informes noticiosos son cuidadosamente censurados y redactados por propagandistas del gobierno, es muy inusual que los medios estatales mencionen la apariencia física de Kim.

“Su pérdida de peso fue tan visible que no había forma de que los norcoreanos no lo hubiesen notado”, dijo Cheong Seong-chang, director del Centro de Estudios de Corea del Norte en el Instituto Sejong de Corea del Sur. “El régimen tuvo que confirmar lo obvio y decirle a la gente que el líder estaba bien para evitar que un rumor sobre su salud se saliera de control”.

Corea del Norte también aprovechó la ocasión para difundir propaganda en un momento en que el país enfrenta una inminente escasez de alimentos. El régimen quería mostrarle a la gente que Kim ha estado luchando para dirigir al país en medio de las sanciones, la pandemia y los desastres naturales, dijo Cheong. Cuando Kim asistió a la presentación artística, vestía una camisa blanca holgada que no le quedaba bien, como para resaltar su pérdida de peso.

Cuando Kim se hizo cargo de Corea del Norte después de la muerte de su padre, Kim Jong-il, en 2011, se creía que pesaba 89,8 kilogramos, según funcionarios de inteligencia de Corea del Sur. Esos analistas aseguran que Kim, cuya estatura es de 1,70 metros aproximadamente, siguió aumentando de peso hasta llegar a los 139,7 kilogramos el año pasado.

Su apariencia juvenil ha sido remplazada por un aspecto generalmente cansado e hinchado, lo que genera dudas sobre su salud y el futuro de la dinastía. Kim no tiene un hijo con la edad necesaria para heredar el poder en caso de que él muera de repente. Corea del Norte ha sido gobernada por la familia Kim durante tres generaciones.

Se cree que los funcionarios de inteligencia de Corea del Sur y Estados Unidos obtuvieron información valiosa sobre la salud de Kim cuando se reunió varias veces con el presidente Moon Jae-in de Corea del Sur y el expresidente Donald Trump, en 2018 y 2019.

En 2018, cuando Kim acompañó a Moon en una corta caminata hasta la cima del monte Paektu después de su reunión en Pionyang, el mandatario norcoreano respiraba con dificultad, según mostraron las imágenes de video de los reporteros de televisión de Corea del Sur. Moon, de 68 años, lucía bien y casi no sudó.

“¿No estás cansado?”, le preguntó Kim a Moon cuando más tarde viajaron juntos en un teleférico.

“Estoy bien”, dijo Moon.

“¡Te tengo tanta envidia!”, dijo la esposa de Kim, Ri Sol-ju, quien se unió a la excursión.

Ri se ha quejado con los visitantes surcoreanos de que ha tratado de persuadir a su marido para que deje sus malos hábitos, como el de fumar un cigarrillo tras otro. En Corea del Norte, nadie excepto Ri puede atreverse a darle ese consejo a Kim, quien ha ejecutado a altos funcionarios, incluido su tío, en purgas políticas, según dicen los analistas.

Durante el viaje en teleférico, Moon y su esposa, Kim Jung-sook, explicaron diplomáticamente los beneficios para la salud del ejercicio regular mientras Kim parecía mirar por la ventana sin interés.

Tanto el padre como el abuelo de Kim murieron por problemas cardíacos. Esa historia familiar ha ayudado a alimentar las especulaciones sobre la salud de Kim cada vez que se ausenta por semanas de la vida pública.

En 2014, una de esas ausencias generó rumores de que podría haberse visto afectado por una fuerte resaca, gota o incluso un golpe de Estado. Cuando Kim reapareció en fotos de los medios de comunicación, los reporteros y analistas de Corea del Sur notaron un pequeño vehículo, parecido a un carrito de golf, en la esquina de una imagen, y especularon que Kim estaba teniendo problemas para caminar sin ayuda. Más tarde, la televisión estatal de Corea del Norte lo mostró cojeando y usando un bastón, diciendo que “no se sentía bien”.

El año pasado, otra desaparición de la vista del público desencadenó una especulación desenfrenada por parte de observadores externos de que Kim estaba “en grave peligro”, que posiblemente se había sometido a una cirugía cardíaca o que tenía “muerte cerebral”. Kim pronto resurgió luciendo como antes, pero eso no impidió que los reporteros surcoreanos notaran una mancha oscura cerca de su muñeca. ¿Podría ser donde los médicos introdujeron un tubo para realizar una operación de baipás?

La salud de Kim sigue siendo una bomba de tiempo, dijo Lee Byong-chul, experto en Corea del Norte del Instituto de Estudios del Lejano Oriente de la Universidad de Kyungnam en Seúl.

“No es necesario que un experto te diga que Kim Jong-un tiene un problema de salud: solo considera su peso, complexión, forma de andar, respiración y que es un fumador empedernido”, dijo Lee. “Y no tenemos idea de quién va a comandar y controlar las armas nucleares de Corea del Norte cuando él no esté”.

© 2021 The New York Times Company

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