Kicillof y las razones de sus berrinches políticos

Daniel Bilotta

La palabra de los activistas políticos no puede ser tomada como una definición objetiva de los hechos que describen. Por lo general, suelen representar lo contrario: una visión parcial. También incompleta. Pero no por eso ese tipo de conversaciones debería descartarse como un síntoma de esa peculiar óptica de la realidad.

Entre los de La Cámpora se hace circular que esa organización ya controlaría el Poder Ejecutivo y la Cámara de Diputados en la Legislatura bonaerense. Lo llamativo es que no lo harían a través del gobernador Axel Kicillof ni de Federico Otermín, presidente de esa Sala. Si no por intermedio de Andrés "El cuervo" Larroque y Facundo Tignanelli.

Es decir, el ministro de Desarrollo Comunitario y el jefe del bloque de diputados provinciales del Frente de Todos. Una mirada donde el valor de la ley y los reglamentos es menos relevante que la pertenencia a esa corriente. Y donde es más importante todavía la cercanía con Máximo Kirchner, su jefe indiscutido. Hay interpretaciones más virulentas.

En una se percibe a Kicillof dentro de La Cámpora pero no como parte de su conducción política. Un clima que sugestionaría al gobernador, urgido por desmentirlo. Kicillof y Máximo se sienten involucrados en una puja para suceder a Fernández a menos de seis meses de su mandato. Con una competencia mucho más sutil que libran en simultáneo: el favor de Cristina Fernández de Kirchner para inclinarse por uno u otro.

La aparente ventaja de Kicillof podría ser también una limitación. Gobierna la Provincia más importante. Pero también la que concentra el mayor bolsón de pobreza y de desigualdad de acceso a servicios básicos. El sistema sanitario abandonado por casi tres décadas de administración peronista es parte significativa de ese déficit, potenciado ahora por la pandemia.

En la oposición y el oficialismo le atribuyen a ese factor el nerviosismo de Kicillof y el temor a una explosión de los hospitales bonaerenses con los incrementos de contagios experimentado este fin de semana en el Conurbano. Las críticas a Rodríguez Larreta proveería la concordia que el gobernador no logra por otra vía con los intendentes del Frente de Todos. Varios apelarán a ese argumento desde este fin de semana.

Aunque Kicillof eligió esta vez de blanco a María Eugenia Vidal. Probablemente, en un extraño esfuerzo por guardar las formas. Durante el anuncio de otra prolongación de la cuarentena, compartió lugar con el presidente y el jefe del gobierno porteño.

El fastidio de Fernández con Kicillof fue evidente. La aparentemente inagotable capacidad de estoicismo de Rodríguez Larreta divide opiniones en Juntos por el Cambio. Existe consenso en que no podía responderle en ese acto. Algunos esperaban que lo hiciera el domingo, cuando precisó las nuevas restricciones en la ciudad.

Hay otros que estiman que es el momento para que intervengan los intendentes. Entre ellos se discutía esta tarde si asistirían al acto al que fueron invitados para el martes 26 por el gobernador. Su jefe de Gabinete, Carlos Bianco, se los notificó el domingo por la mañana. Para seducirlos aseguró la presencia de Fernández.

El estado de debate es curiosamente transversal. Algunos aseguraban haber consultado con el presidente la conveniencia de concurrir. Kicillof comienza a parecerse a Cristina, quien ejerce sobre él una notable influencia. Anunciaría la puesta en marcha del plan de Fondos de Infraestructura Municipal (FIM.) Se trata de un programa por dos mil millones de pesos para los 135 municipios que funciona hace cuatro meses. Y una de las condiciones de Juntos por el Cambio para que la Legislatura delegue en el gobernador algunas facultades. La especulación en esa fuerza es que Kicillof pretende mostrar que auxilia a los Municipios en el medio de la crisis.

Pero en especial disimular la baja calidad que le atribuyen a su gestión los jefes comunales. Incluidos los del oficialismo. Aunque no lo hagan público por temor a las represalias de la vicepresidente y de Máximo. Entre los opositores existe la convicción que este sábado Kicillof fue un paso más lejos que los dados sobre Vidal la semana pasada.

Especulan que el lenguaje agresivo que utilizó intenta tensar al máximo la relación con Fernández para que rompa el acuerdo que mantiene con Rodríguez Larreta. Si fuese así, los codazos de Kicillof a dirigentes de la oposición tendrían un objetivo bastante módico. Recuperar cierto nivel de consideración en el oficialismo.

Una premura angustiante que explicaría la ausencia de modales políticos que se le reprocha. Los intendentes preferirían que el gobernador dedique la energía de sus exposiciones públicas a la búsqueda de algunas respuestas a los interrogantes con que desafía la pandemia.

"Supongamos que vamos a un barrio y encontramos dos mil casos. Tengo capacidad de internar y aislar a mil. ¿Qué hago con los otros?", se confesó uno que sospecha que Kicillof tampoco sabría cómo despejar ese interrogante. Es probable que ese sea el origen de todo este conflicto.