Khadjou Sambe, la primera surfista profesional de Senegal

Agencia EFE
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Dakar, 25 sep (EFE).- Fue una foto, una única foto, la que hizo que Rhonda Harper, entrenadora y fundadora de la asociación estadounidense Black Girls Surf, que busca visibilizar a las pocas mujeres negras que practican este deporte, descubriera a Khadjou Sambe, la primera mujer surfista profesional de Senegal.

Khadija Sambe, más conocida como Khadjou Sambe, aparecía en una ola de Ngor Village, el barrio de Dakar en el que nació y donde vive, situado en el norte de la capital senegalesa, y Harper supo enseguida que tenía potencial por cómo surcaba la ola, su posición en la tabla e incluso la intensidad en la expresión de su cara.

"No tenemos chicas afroamericanas a ese nivel y no lo había visto antes", asegura Harper, una afroamericana que pasó su adolescencia en Hawái, a Efe en una entrevista en Dakar.

Sambe, de 25 años, había comenzado a surfear poco antes de cumplir los 14 años en Ngor Village, un barrio habitado principalmente por "lebous", una etnia que la propia Sambe define como "delfines" o "sirenas" por su estrecha relación con el mar que "llevan en la sangre" y, a diferencia de otras etnias senegalesas, saben nadar, bucear y hacer surf.

Recuerda que tomó una tabla mucho más grande que ella y se la colocó en la cabeza para meterse en el agua. Ella no sabía cómo desplazarse sobre la cresta de una ola, pero llevaba desde muy pequeña observando cómo casi todos los hombres de su familia lo hacían y, sintiendo una enorme curiosidad, los comenzó a imitar.

"La primera vez que me puse de pie en la tabla me puse a gritar" y se dijo convencida: "ahora soy surfista", explica a Efe.

"Es algo extraordinario, sientes algo en el interior de tu corazón, en el interior de tu cuerpo", cuenta la joven, a la que le brillan los ojos al expresarse utilizando en reiteradas ocasiones la expresión "extraordinario" como si las palabras se quedaran cortas para describir sus sensaciones cuando se zambulle en el agua.

"Dejas la cabeza vacía, no piensas en otra cosa, es como si estuvieras en otro mundo, piensas diferente. Es como si el mundo del que vienes fuera antes y ahora estás en otro. Si estás en el agua te olvidas de todos tus problemas, es como si nunca hubieras tenido ningún problema con nadie, es como si recomenzaras", asegura.

UN DEPORTE DE HOMBRES

Paradójicamente, para Sambe también llegaron problemas con el surf, pues se trata de un deporte que en Senegal practican los hombres. A las mujeres que se atreven a intentarlo, se les invita a dejarlo, como les ocurrió a una prima y una amiga suya a quienes convenció para surfear con ella.

"Para mí fue un poco complicado porque, cuando comencé a surfear, no había mujeres negras y mi familia no quería que yo lo hiciera porque no habían visto nunca a una chica surfear"; y al "estar todo el tiempo con hombres tenían un poco de miedo de que me pasara alguna cosa", cuenta esta deportista.

En Senegal, se considera que el rol de la mujer es cuidar del marido, la casa y los niños y no fueron pocas las voces que urgieron a Sambe a quedarse en casa. Ella insistió. Salía de casa vestida como si fuera a cualquier otro sitio y, al llegar a la playa, se quitaba la ropa para surfear, pero siempre había alguien que iba a contárselo a su familia y le creaba discusiones y problemas.

La presión, no sólo de sus familiares sino también de la comunidad, hizo que dejara de practicar este deporte que tanto le apasiona durante casi dos años, pero su amor por el surf pudo más que esa intransigencia.

"He oído muchas cosas, hay personas que empezaron a decir cosas malas sobre mí", señala Sambe, quien decidió taparse los oídos y no escucharlos "porque si lo hago no voy a avanzar".

Poquito a poquito, comenzó a explicarle a su familia que el surf era su sueño y, a día de hoy, asegura, "son las personas que más me apoyan en el mundo entero".

EN BUSCA DE JÓVENES TALENTOS

Harper no encontró a Sambe por casualidad. Buscaba entre los campamentos de surf de África occidental a jóvenes talentos para una competición en Sierra Leona que debía celebrarse en 2014, pero que finalmente no tuvo lugar porque el país se hallaba en plena epidemia de ébola.

Poco después, le propuso ir a entrenar a California (EEUU) para convertirse en una surfista profesional.

La relación de esta entrenadora de 52 años con el surf es "como un primer amor". "Es íntima, apasionante y me hace sentir como un niño por dentro. Es una conexión más grande que cualquier otra que haya tenido en mi vida". Pero igualmente, su relación con el surf es activismo.

"Cuando tenía 15 años, crecí en la costa norte de Hawái y hacía surf en mi patio trasero. Y yo era la única chica. En realidad, era la única persona negra y no había visto a nadie más hacer lo que yo hacía", relata a Efe.

"Quería ser surfista profesional -añade-, pero no había nadie como yo que pudiera ayudarme y guiarme a través de los canales que se necesitan para convertirse en una surfista profesional".

Después de ver durante toda su vida que apenas había mujeres negras dedicadas a este deporte decidió que tenía que hacer algo, porque "en algún momento tienes que dejar atrás la esperanza y empezar a trabajar para que suceda y se haga realidad".

Su madre, una activista de los derechos civiles, sabía lo realmente frustrada que ella estaba con esta realidad, así que un día le dijo: "Eres una activista, así que actúa", rememora.

VISIBILIZAR A LAS SURFISTAS NEGRAS

"Me siento honrada porque estoy conociendo gente y chicas con ambición", explica.

"Estamos aquí (en África) para encontrar a estas chicas y ponerlas en un escaparate donde la gente pueda ver que realmente estamos aquí. Y estamos en ese nivel donde también podemos competir, ya no es el 'statu quo', es hora de romper ese molde y avanzar hacia el futuro", agrega Harper.

Con la asociación Black Girls Surf, Harper y Sambe no sólo pretenden visibilizar a las mujeres negras que practican el surf, sino también invitar a otras jóvenes de origen africano a iniciarse en este deporte.

Para ello han creado campamentos de surf en Estados Unidos, pero también en Sierra Leona, Ghana o Costa de Marfil, entre otros países.

En el campamento de surf de Dakar, Sambe prepara a una treintena de chicas que destacan en las olas de las playas de la capital senegalesa por seguir siendo una pequeña minoría entre los practicantes de surf.

La surfista admite que, desde que ella empezó a surfear, las cosas han cambiado, pero entrenar a sus alumnas, al principio, también fue complicado y decidió hablar con sus padres para explicarles que haciendo esto las muchachas "tienen muchas oportunidades para progresar".

PRÓXIMO RETO: TOKIO 2021

Para Black Girl Surf, la educación es esencial y, por eso, a las chicas que aprenden surf, pero nunca fueron a la escuela o dejaron de asistir a edad temprana, las inscriben en un colegio público de Dakar y vigilan las notas que obtienen.

"Les decimos: 'si haces surf sin ir a la escuela, no puedes surfear con nosotras'", indica Sambe.

Surfear no sólo se ha convertido en la profesión de Sambe, sino también en un modo de poner en valor en el mundo del surf a las mujeres negras y africanas, representarlas e, igualmente, ser un modelo para aquellas jóvenes que también desean ser surfistas.

No solo con la intención de ganar sino también de visibilizar, su próximo reto es presentarse a los Juegos Olímpicos de Tokio (2021) o París (2024).

"¿Por qué no? -se pregunta Khadjou Sambe-. Es un sueño que todo el mundo puede tener, representar a tu país y las mujeres negras. Es verdaderamente mi sueño".

María Rodríguez

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