Keira Knightley prohíbe a su hija ver La Sirenita, y quizá no sea tan tan tan mala idea

L.M.
Como la propia actriz ha asegurado, estamos en un momento en el que, como padres, debemos estar junto a nuestros hijos y explicarles por qué ciertos productos culturales merecen una relectura

Antes de ponernos a lloriquear por lo que ha dicho una famosa que, reconozcámoslo, suele tener siempre más razón que un santa cuando habla de cuestiones que tienen que ver con la representación sexista de la maternidad (véase esta noticia):

Antes de tirarnos de los pelos, decía, dejadme que os cuente 2 cosas: 1/ soy la fan NÚMERO UNO de La Sirenita desde mis 2 años de edad, es decir, desde hace casi, glups, ¡26 años! Se dice pronto, pero es cierto. Me sé de memoria todas las canciones, tengo sirenitas de juguete en casa y hasta llevo una puñetera sirena tatuada en el brazo. De modo que creedme: 2/ hablo con propiedad si os digo que me encanta que Keira Knightley cuestione de manera pública, en una entrevista muy sonada y por la que le han llovido navajazos, la producción cultural de Disney de la que ella misma ha participado y que durante décadas ha vendido contenido sexista a los mas pequeños. No son imaginaciones suyas, es una verdad. Se trata de machismo dulcificado con canciones. Se trata de una revisión de cuentos clásicos en los que las mujeres (niñas) son vejadas, violadas y maltratadas, y que la productora de sueños reconvirtió en “cultura de princesas”. No es tan raro, pues, que Knigthley haya decidido que su hija merece algo mejor que esas historias para crecer. Que sus ejemplos deben ser otros y que, a pesar de que productos como La Sirenita nos rechiflen, debemos ser críticos con ellos.

Ahora bien. Me pasa con esto de prohibírselo a los niños que no termino de estar del todo de acuerdo. Hace unos meses quité a la mitad una película de Disney en la que una especie de Pepito Grillo tonteaba con una muñeca y sugería que las chicas lindas no necesitaban cerebro. No quería “censurarla”. No quería que mi hijo no pudiera verla nunca. Pero pensé que quizá sería mejor verla a su lado por completo. Explicarle que eso que se dice en esa película pertenece a otra época. Contarle que todo lo que ocurre en la pantalla es ficción y que Pepito Grillo se equivoca. Estoy segura de que si hacemos ese trabajo como padres, no tendremos que prohibir a nuestros hijos que vean La Sirenita, sino que serán ellos los que decidan que eso que están viendo no les representa. Y apagarán la tele. Y entonces, por fin, pasaremos a otra cosa.

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