"Desde el kínder vives bullying total"

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VERACRUZ, Ver., enero 30 (EL UNIVERSAL).- Va de un lugar a otro, nunca para. Mide un metro con 28 centímetros de altura y Jacob viaja en su vehículo por toda la ciudad, recorre oficinas gubernamentales, asociaciones, comercios y se reúne con servidores públicos.

Enfrenta, como todas las personas de talla baja, dificultades físicas para subir a una silla, al camión, tocar el timbre, para alcanzar los mostradores en las tiendas y los refrescos en los refrigeradores, incluso para hacer uso del mingitorio y lavarse las manos, pero nada lo detiene.

Su nombre completo es Jacob Zayas García, tiene 36 años de edad y fue el único de su familia que nació con talla baja. Y es el líder nacional de la asociación civil Gente Pequeña, un grupo de apoyo que vela por sus derechos.

"Mi mamá me hizo entender que era chiquito, pero que tenía una ganancia, porque a las personas de talla alta no las voltean a ver y a mí sí: te ves a dos kilómetros por tu forma de ser y caminar chistoso, úsalo a tu favor", recuerda.

México carece de un censo de gente pequeña, pero se estima que uno de cada cuatro mil nacimientos presenta uno de los 300 tipos de talla baja, es decir hay entre 15 y 20 mil personas como Jacob, quienes enfrentan serias dificultades médicas, un "brutal" bullying infantil, discriminación y falta de oportunidades, pero también ejemplos de vida y superación.

"Es complicado para una persona de talla baja, pero yo caí en buenos padres, me apoyaron mucho, pero aun teniendo el apoyo es muy complicado porque no te das cuenta de las cosas hasta que no le llegas a la silla, al baño, hasta que los zapatos no te quedan", afirma.

En su caso, caminó hasta los seis años debido al gran tamaño de su cabeza, sus dientes le salieron hasta los 12, usa placas dentales, fajas para la espalda y plantillas en sus pies y, como el resto -dice-, "desde el kínder un bullying brutal, porque los niños son muy sinceros y lamentablemente no sólo los niños, los maestros y padres que es donde te pega más duro".

De chico vendía cacahuates, pasteles, periódico usado, iba a la casa de vecinos a hacer mandados dejando a su madre con el Jesús en la boca, pero su prueba de fuego vino cuando se incorporó a trabajar a un periódico en la ciudad de Xalapa, primero como office boy y luego como foto reportero, donde sus compañeros y los funcionarios, en un afán de integrarlo, de manera errónea le cargaban el trabajo.

"Me abrió los ojos cómo es el mundo, unos me apoyaban bien chido, pero otros me daban bien duro, en buen plan, pero bien duro. En marchas y funcionarios me hacían bromas pesadas. Es un medio profesional muy complejo", relata a la distancia, el hombre que cursó una licenciatura en derecho.

Ahora, junto con docenas de compañeros de talla baja, recorre pueblos y municipios en busca de los suyos para arroparlos, informarles de los cambios en la ley, de sus derechos como personas con discapacidad de huesos, asesorías en temas jurídicos, educación, en gestión de apoyos y, sobre todo, se les motiva y apoya para que puedan seguir progresando y se integren a la sociedad.

"La verdad con mi mamá tuve amor, pero fue muy dura, excesivamente dura conmigo, muy directa (...) y aun teniendo a una madre tan dura y fuerte, fue muy duro porque las chicas no te hacen caso, no te puedes subir a una silla, no hay ropa para ti y más de escasos recursos… es muy duro, son días complicados"

Trabaja en pro de los derechos de los suyos. Junto con sus compañeros, consiguió un cambio en la Ley Estatal de Discapacidad de Veracruz para incluir a personas con trastorno óseo, logró que oficialmente el 25 de octubre se decretara como el Día de Personas Pequeñas y que los comercios ofrecieran descuentos.

Luego impulsó que la Cámara de Diputados dictaminara cambios en la Ley General de Discapacidad para que en el nivel nacional se incluya a personas con trastorno óseo (fue enviada al Senado), producción de calzado especial y pugna para que en distintos ámbitos laborales se les incluya con salarios iguales.

"Cuánto hubiera querido que en mi niñez y juventud me hubiera contactado para decirme: yo ya pase por esto... Hay casos muy duros y severos y te hace ver la realidad, porque yo puedo caminar o moverme, pero hay gente muy pequeña que no pueden caminar", afirma.

Lidera a un grupo de cerca de 200 personas de talla pequeña, con quienes lucha codo a codo para acabar con los estigmas.

"Buscamos juntarnos para que vean que no estamos solos".