Los birmanos no quieren volver a tiempos oscuros, advierte clérigo budista

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Bangkok, 30 may. (EFE).- La junta militar que tomó el poder el pasado primero de febrero en Birmania no ha podido imponer la fuerza sobre la masiva oposición civil contra el golpe de Estado que puso fin hace casi cuatro meses a una década de incipiente democracia, adviertió en declaraciones a Efe un respetado clérigo budista local.

Los birmanos "han saboreado la libertad, no quieren volver a los tiempos oscuros", comenta el reverenciado e influyente abad Ashin, en referencia a las sucesivas juntas castrenses que con anterioridad aislaron el país del resto del mundo mientras gobernaban entre 1962 y 2011.

Desde su monasterio en Mandalay, una de las ciudades donde la resistencia se ha mostrado más contundente, el monje, quien pide ser identificado solo por su apodo -muy común entre los budistas- para evitar la represión de la junta, reconoce por teléfono que estos últimos años de democracia hacen "imposible" que el pueblo acepte regresar al pasado.

"El viernes arrestaron a dos monjes y otras dos personas. Nos han dicho que a uno de los monjes lo han torturado, esperamos que siga con vida", comenta el clérigo budista, al pedir también que no se detalle el nombre del recinto religioso de donde procede.

Tras los días iniciales de desconcierto por el sublevamiento militar del 1 de febrero, grupos civiles y funcionarios comenzaron a establecer el popular movimiento de desobediencia civil, que a través de sus huelgas y manifestaciones pacíficas mantiene en jaque a los uniformados.

"La administración de la junta está paralizada, el movimiento ha sido un éxito. Los bancos están cerca de la bancarrota, los militares obligan a los profesores a abrir las escuelas, pero los estudiantes no acuden. Los médicos no cooperan. La gente no paga la electricidad", enumera sobre los logros alcanzados para hacer fracasar el golpe de Estado.

OPOSICIÓN ARMADA

Sin embargo, tras meses de manifestaciones masivas, reprimidas con disparos por las fuerzas de seguridad, muchos jóvenes han optado por tomar las armas contras los soldados y unirse a las guerrillas étnicas que combaten al Ejército desde hace décadas o a la milicia creada en abril por los políticos que encabezan la oposición.

"No hay otra opción (más allá de la violencia). La gente necesita defenderse", expresa Ashin al aludir los numerosos informes sobre torturas contra los detenidos, en algunos casos hasta la muerte.

Al menos 833 personas han perdido la vida desde el golpe de Estado por la brutal represión ejercida por las fuerzas de seguridad contra la disidencia, a la que ha disparado con armas de guerra, según el último informe de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP), que contabiliza también más de 5.460 detenidos.

El Ejército, encabezado por el general Min Aung Hlaing, también se ha topado con la enérgica oposición de varios grupos rebeldes de minorías étnicas que han abierto o avivado frentes de combate en el norte, sur, este y oeste del país.

"Siento confianza en el futuro, la gente está hambrienta de deseo de recuperar la democracia. Todo el mundo por igual, aunque procedan de diferentes etnias que conforman el país, están unidos contra los militares y por el futuro de Birmania", remarca el religioso.

EL FUTURO DE LOS ROHINYÁS

El monje budista, quien mantiene que los máximos organismos religiosos no cooperan con el régimen militar, asegura que, una vez caiga la junta militar, los rohinyá, una etnia de mayoría musulmana y etnia bengalí perseguida en Birmania, "obtendrán todos sus derechos".

Más de 725.000 rohinyás asentados en el oeste de Birmania se vieron obligados a huir a Bangladés, donde todavía se encuentran hacinados en campos de refugiados, a raíz del operativo militar desplegado desde el 25 de agosto de 2017 y que fue calificado por investigadores de la ONU como "limpieza étnica de manual con marcas de genocidio".

Min Aung Hlaing y los mandos militares están siendo investigados por la Corte Internacional de Justicia desde 2019 por un supuesto genocidio.

Ashin, quien advierte sobre el escaso compromiso de los militares para sofocar las crisis de manera pacífica, termina solicitando a la comunidad internacional su apoyo en favor de la democracia en Birmania y de una vez por todas "desraizar" la influencia de los militares de la política birmana, cuya Constitución les confiere amplios poderes incluso en democracia.

El Ejército justificó el golpe por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido de la líder depuesta Aung San Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, con el aval de los observadores internacionales.

(c) Agencia EFE

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