Julián Álvarez, una figura de nivel europeo para un River súper campeón argentino

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Julián Álvarez festeja uno de sus dos goles a Colón que le valieron a River el Trofeo de Campeones en la noche santiagueña.
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Cada tanto, el fútbol tiene lógica. River es un muy buen equipo, pero es mucho mejor cuando Julián Álvarez se transforma en el punto final de un estilo ambicioso desde lo colectivo. Con el juvenil cordobés encendido, incontrolable para todos los rivales, autor de 18 goles, River aceleró a una velocidad supersónica, imposible de seguir para el resto, hacia la obtención del Torneo 2021. Y con esos recuerdos aún frescos, con la mecha a punto de ignición, en Álvarez también se resume la conquista del Trofeo de Campeones.

Con dos goles, Álvarez derrumbó la resistencia de Colón, así como en los últimos meses viene saltándose cualquier trampa defensiva que le tiendan. En el segundo semestre de este año, desde que volvió de Brasil como campeón de la Copa América con el seleccionado, Álvarez se transformó en una figura más propia del fútbol europeo que de nuestro empobrecido medio local.

Una goleada con el sello de la Araña Álvarez

Hizo los dos primeros y generó los otros dos. El tercero tanto, con otra entrada relampagueante y un remate que dio en un poste; el rebote lo recogió Rollheiser, que después de tanto buscarlo encontró su primer gol en 34 partidos en primera división. Y el cuarto, con una asistencia a Carrascal digna del panorama de un N° 10.

Álvarez sigue escalando; con 36 goles ya es el cuarto goleador de la era Marcelo Gallardo, a dos del tercero, Ignacio Scocco (38). Más arriba tiene a Lucas Alario (41) y a Rafael Borré (55). Solo una transferencia al exterior en el corto plazo impediría que llegue a la cima. Un cierre de año estelar, con la contundencia suficiente para dar marco a otros hitos de River: Gallardo alcanzó a Ángel Labruna como el entrenador más ganador en la historia de River y Leonardo Ponzio le pone fin a su carrera en una noche de gloria.

River vs Colon. 18-12-21
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River vs Colon. 18-12-21 (Fotobaires /)

De arranque, como si fueran esquemas espejados, los dos equipos le dieron prioridad a la cobertura de espacios en el mediocampo. Cinco futbolistas de cada lado, entre volantes defensivos y los que saltan al ataque desde zonas intermedias, para entablar una dura batalla táctica, con muchos emparejamientos y presión para restar margen de maniobra. Gallardo reforzó ese sector al inclinarse finalmente con José Paradela, en detrimento de Rollheiser, que tiene más profundidad.

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River vs Colon. 18-12-21 (Fotobaires /)

Dos planteos sin un número 9 clásico, de los que viven pendiente del área. Álvarez es una turbina que se enciende desde la ubicación de media-punta, y a Facundo Farías le gusta adornarse con la pelota antes de enfocar el arco.

No había circuitos fluidos, la pelota quedaba trabada en las barricadas de uno y otro lado. A la final también parecían pesarle otras circunstancias: el calendario que se hace sentir en piernas y mentes, la calurosa noche santiagueña y un campo que no estaba en las mejores condiciones.

Colón estaba más cerca de su propósito porque no dejaba que River impusiera su dinámica, que despejara caminos con sus combinaciones en velocidad. De final, el partido tenía un desarrollo cerrado, sin espacio para los jugadores más creativos. Inclusive, River se cargó tempranamente con dos amonestados (Martínez y Zuculini) que iban a tener que controlarse en futuras entradas.

Álvarez era el más ávido de salir de ese encierro. Un explorador de metros libres, un abridor de grietas donde los muros se antojan impenetrables. Lo hizo varias veces por cuenta propia porque no aparecían los pasadores: muy tapado Simón por la derecha y demasiado metido Palavecino en la refriega.

River vs Colon. 18-12-21
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River vs Colon. 18-12-21 (Fotobaires /)

Los arqueros pasaban una noche tranquila, solo pendientes de insinuaciones o de búsquedas imprecisas apenas entraban en los últimos 30 metros.

Era un desarrollo áspero, poco propicio para los estilistas y más apto para un matador, uno que desenfunda y cambia la historia ahí donde no pasaba nada. Ese papel no hay nadie mejor que Álvarez para interpretarlo.

En un primer tiempo con varias imprecisiones, el gol tuvo su origen en una jugada surgida de un rebote. Porque el pase de Rojas iba para Enzo Fernández, pero dio en un jugador de Colón y la pelota le cayó a Simón, que por primera vez en la noche sacó su pegada de terciopelo para un centro flotado, hiriente. De la estocada letal se encargó Álvarez, que a espaldas de Bianchi tocó de zurda para saciar su voracidad goleadora. La conexión Simón-Álvarez, como en el segundo gol ante Boca, que disparó definitivamente a River hacia la obtención del título.

Quedaban cinco minutos para el final de la primera etapa y el gol bien podía ser considerado como un tesoro por River. El partido no había sido pródigo en situaciones tan favorables.

En el segundo tiempo, el segundo de Álvarez sentenció la historia y abrió paso a una goleada que un rato antes no se vislumbraba. Sumó 13 en los últimos 11 partidos. Cuando a la mayoría de los jugadores el cuerpo les pedía vacaciones, el de Álvarez seguía reclamando la pelota y un arco.

River cerró su ajetreado año con el partido Nº 58, desde el empate 2-2 ante Boca del 2 de enero. Por entonces, Álvarez seguía siendo una promesa. Doce meses después, pone la música del gol en un River que tiene y ejecuta la mejor partitura de la Argentina.

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