Otro juicio, mismo final: Trump se encamina a una absolución en su segundo impeachment

Rafael Mathus Ruiz
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WASHINGTON.- A principios de febrero de 2020, Donald Trump se paró detrás del atril presidencial en la Casa Blanca y mostró en alto, en medio de una ovación, el principal titular del Washington Post: Trump Absuelto. El día anterior había terminado el juicio político por el escándalo Ucraniagate, y Trump gozaba del mejor momento de su presidencia. Un año después, el mundo lucha contra una pandemia, y Trump fue eyectado del poder y se mudó a su resort Mar-a-Lago, pero en unos días el mismo titular volverá a copar los periódicos del país, un déjà vu político que nadie jamás imaginó.

Por segunda vez, el Senado del Congreso de Estados Unidos será el escenario de un juicio político a Donald Trump, esta vez, por el asalto al Capitolio perpetrado por una turba trumpista el 6 de enero pasado, el peor ataque a la democracia del país, y el punto cúlmine de la ofensiva sin cuartel de Trump contra la elección que perdió ante el actual presidente, Joe Biden. Por primera vez, el Senado enjuiciará al mismo presidente, y, por primera vez, lo hará luego de que dejó el poder.

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Pese a las novedades históricas, políticas y procesales que trae el segundo impeachment a Trump, el desenlace será igual al primero: Trump, quien se ha mantenido en silencio desde que abandonó la Casa Blanca, se encamina, por segunda vez, a ser absuelto por la Cámara alta gracias al férreo respaldo de la gran mayoría de los senadores republicanos.

El nuevo juicio político a Trump recalentó las divisiones en Estados Unidos y dejó expuesta una fractura en el Partido Republicano, y desvió la atención del inicio del gobierno de Biden. La Casa Blanca parece decidida a ignorar lo más que pueda el juicio, y a enfocarse, en cambio, en el avance de la campaña de vacunación y las negociaciones por el paquete de rescate por US$ 1,9 billones, al que Biden considera fundamental para apalancar la recuperación de la pandemia.

El segundo impeachment ha sido mucho más vertiginoso y sencillo que el primero. Esta vez, todo sucedió a la vista de todos. Los demócratas acusan a Trump de tener una "responsabilidad singular" en el asalto al Congreso, y de poner en peligro la vida de los legisladores y ser una amenaza para la democracia y la seguridad nacional del país. Su objetivo es llegar a los 67 votos necesarios para condenarlo, primero, y desterrarlo de la política, después. La gran mayoría de los republicanos respalda al magnate, considera que el juicio político es inconstitucional porque Trump ya dejó el poder, y niegan de plano la acusación principal, al afirmar que Trump ejerció su derecho a la libertad de expresión y que sus palabras fueron igual de violentas o agresivas que las declaraciones que se han escuchado de muchas figuras demócratas.

"La responsabilidad del presidente Trump por los eventos del 6 de enero es inequívoca", escribieron los congresistas demócratas que harán de fiscales durante el juicio político en un memorando con sus argumentos. "El presidente Trump demostró sin dejar dudas que recurrirá a cualquier método para mantener o reafirmar su control del poder. Un presidente que ataca violentamente el proceso democrático no tiene derecho a participar en él", agregaron.

Los abogados de Trump acusaron a los demócratas de montar un "teatro político".

"La acusación presentada por la Cámara es inconstitucional por una variedad de razones, cualquiera de las cuales por sí sola sería motivo de destitución inmediata. En suma, demuestran de manera concluyente que complacer el hambre de los demócratas de la Cámara de Representantes por este teatro político es un peligro para la democracia de nuestra República y los derechos que atesoramos", escribieron.

Los abogados de Trump y los republicanos sostienen que el juicio político es inconstitucional porque Trump dejó el poder y el Senado solo tiene jurisdicción "sobre el presidente, no el expresidente de Estados Unidos". Además, sostienen que los demócratas se apresuraron en poner en marcha el juicio y privaron a Trump del debido proceso. Y los abogados fueron también al corazón del juicio político: desecharon las acusaciones demócratas contra el discurso del magnate previo al asalto al Capitolio, al indicar que Trump ejercía su derecho a la libertad de expresión y que sus palabras no incitaron a la violencia.

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Los demócratas han puesto la atención en una frase de Trump de ese discurso, en la que instó a sus seguidores a "luchar como el demonio" para salvar al país.

"El Señor Trump habló durante aproximadamente una hora y quince minutos. De las más de 10.000 palabras pronunciadas, Trump usó la palabra 'luchar' un poco más de un puñado de veces y cada vez en el sentido figurado que ha sido aceptado durante mucho tiempo en el discurso público al instar a las personas a ponerse de pie y usar su voz para ser escuchado sobre asuntos importantes para ellos; no fue y no se puede interpretar como un fomento a actos de violencia", escribieron sus abogados.