A juicio por estafar a jubilados para quedarse con sus bienes

"Se pudrió todo. Murió la vieja. Pero sé de una forma que se calientan los dedos y la cosa sigue. La casa iba para la sobrina de un juez, pero antes se iban a hacer dos o tres ventas."

La macabra frase pertenece a un policía bonaerense que se desempeñaba en la comisaría de Martínez y que así describía cómo planeaba tomarle las huellas digitales a una jubilada que había fallecido para confeccionar, luego, un poder irrevocable en favor de un cómplice y un boleto de compraventa de la vivienda de la mujer.

El policía y su secuaz están acusados de integrar una organización que se dedicaba a apoderarse de las propiedades de los jubilados que fallecían y dejaban herencias vacantes. Por lo mismo están imputados un abogado, una escribana y dos martilleros. La maniobra fue desbaratada en San Isidro a partir de una investigación encarada por la fiscal de Delitos Económicos de ese distrito, María Virginia Toso.

Son en total siete acusados, que están a punto de ser sometidos a juicio oral en los tribunales de San Isidro. Se les imputa la autoría de hurto agravado, en el caso del policía, y falsificación ideológica y material de instrumento público, en el caso del escribano, el abogado y los operadores inmobiliarios.

En el requerimiento de enjuiciamiento, la fiscal Toso también consideró que la maniobra constituía una estafa contra la administración pública, debido a que, por ley, las propiedades de las personas que fallecen y no tienen herederos deben pasar al Estado.

Según Ricardo Tondo, del Centro Argentino para la Transparencia Inmobiliaria, organizaciones como la que fue desbaratada en San Isidro también operan en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano. Tondo denuncia que la banda que actuaba en San Isidro cuenta con más integrantes y les hace firmar en vida a los jubilados cesiones de dominio en favor de testaferros.

Víctimas en soledad

"La organización busca estafar a jubilados que viven solos. Se aprovechan de la confianza de las víctimas y de la necesidad de compañía que tienen. También se valen de la imposibilidad a la que se enfrentan los jubilados para realizar distintas tareas, por lo que siempre deben recurrir a la ayuda de un vecino o del encargado del edificio en el que viven", explicó Tondo.

A partir de que un integrante de la banda logra ganar la confianza del jubilado elegido, le hace firmar poderes para ir a cobrar la jubilación, sin que la víctima advierta que, en realidad, esa rúbrica servirá para legitimar una escritura de cesión de derechos o una donación del inmueble en el que viven.

"Muchas veces, la banda espera que el jubilado muera para quedarse con el departamento. Aunque hubo casos en los que el estafador obtuvo una declaración de insania, un poder absoluto para vender o usufructuar el inmueble y mandó al jubilado a un instituto neuropsiquiátrico. Logrado este objetivo, la banda vendió el departamento y dejó en situación de desamparo al jubilado", explicó Tondo.

En el caso de la banda que, según Tondo, opera en Buenos Aires, y a diferencia de la organización desbaratada en San Isidro, quien pasaba el dato sobre el deterioro de la salud de algunos consorcistas jubilados era el encargado del edificio. En esa organización aún no desarticulada también hay abogados, escribanos y martilleros.

"En algunas oportunidades la banda recurrió a los servicios de un médico para lograr un certificado de insania de la víctima. Actualmente existen 50 denuncias en distintos juzgados porteños. Según una de ellas, en un edificio de Santa Fe y Uriburu hay cuatro departamentos que fueron copados por la banda. Se trata de un delito muy difícil de probar porque el Estado está ausente", sostuvo Tondo.

Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la ciudad de Buenos Aires, también aseguró que existen varias denuncias sobre organizaciones dedicadas a estafar a jubilados con la falsificación de firmas para hacerles ceder sus propiedades.

"Hubo casos en los que las víctimas tenían herederos, pero se trataba de primos que no vivían en la misma ciudad. Entonces, el grupo lograba sepultar a los jubilados sin avisar a los legítimos herederos y vendían la propiedad", explicó Tondo.

En otra arista de la maniobra, la banda se encargaba de generar falsas deudas de expensas de los departamentos en los que vivían jubilados solos. Los amenazaban con mandarles a remate el departamento si no pagaban. Entonces, lograban una cesión de la propiedad y, una vez que las víctimas fallecían, se quedaban con el inmueble.

En otra variante, más dramática, los estafadores que, según Tondo, operan en la Capital, les hacían tomar a las víctimas créditos hipotecarios con intereses leoninos.

"Ante la imposibilidad de hacer frente a la deuda, los desalojaron. Esto ocurrió porque el Estado estuvo ausente; en muchas casos, las víctimas quedaron desamparadas a merced de estas organizaciones", concluyó Tondo.

Una operatoria despiadada

Las víctimas eran personas mayores solas y sin familia

La etapa de elección

La banda elegía a jubilados con necesidad de compañía

El tiempo de la confianza

Algunos de los integrantes de la banda se ganaban la confianza del candidato y, aprovechando su imposibilidad para realizar trámites, les hacían firmar poderes para "cobrar la jubilación"

El uso espurio

La organización se valía de las firmas estampadas para, con ellas, legitimar una escritura de cesión de derechos o una donación de un inmueble. Otras veces les hacían tomar créditos y los amenazaban con rematarles los inmuebles

La espera

En la mayoría de las ocasiones la banda esperaba a que la víctima de la estafa muriera para hacer valer los papeles firmados. En ocasiones, no esperaban y los dejaban en la calle aun cuando estaban vivos

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