Su juego hizo que vencer una pandemia fuera divertido, pero ¿podrá hacer lo mismo por el cambio climático?

Alex Marshall
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Un prototipo del nuevo juego de mesa diseñado por Matthew Leacock en el que los jugadores trabajan juntos para reducir el cambio climático, en Sunnyvale, California, el 22 de marzo de 2021. (Peter Prato/The New York Times)
Un prototipo del nuevo juego de mesa diseñado por Matthew Leacock en el que los jugadores trabajan juntos para reducir el cambio climático, en Sunnyvale, California, el 22 de marzo de 2021. (Peter Prato/The New York Times)
Matthew Leacock muestra la edición del décimo aniversario de su juego de mesa Pandemic, en su hogar en Sunnyvale, California, el 22 de marzo de 2021. (Peter Prato/The New York Times)
Matthew Leacock muestra la edición del décimo aniversario de su juego de mesa Pandemic, en su hogar en Sunnyvale, California, el 22 de marzo de 2021. (Peter Prato/The New York Times)

El sábado 20 de marzo por la tarde, la temperatura media de la Tierra aumentó inesperadamente 0,4 grados Celsius, lo que puso al planeta al borde de la catástrofe. En cuestión de horas, millones de personas se verían desplazadas, las cosechas se perderían y el nivel del mar se elevaría.

Todo eso, hasta que Matt Leacock se dio cuenta de que las cuatro personas que estaban jugando Climate Crisis, un juego de mesa que está desarrollando, habían entendido mal las reglas.

“‘¡No, divídanlo entre cuatro!” les dijo a los jugadores que estaban probando el juego. Habían estado contando una pila de cubos marrones que representaban las emisiones de gas de efecto invernadero, para calcular cuánto iba a aumentar la temperatura mundial. Pero habían olvidado dividir la cifra entre el número de jugadores.

Los jugadores —todos expertos del Centro sobre el Clima de la Cruz Roja y la Media Luna Roja que jugaron en línea conectados a través de una videollamada— parecían aliviados. Pero no solo hubo buenas noticias. “Podría haber algunos incendios forestales en China, y poco después en Europa y Estados Unidos”, dijo Leacock.

Leacock, de 49 años, es uno de los nombres más notorios en el mundo de los juegos de mesa. En 2008 lanzó Pandemic, un juego en el que los jugadores cooperan para detener brotes de virus ficticios a nivel mundial, mientras desarrollan curas a largo plazo. Ese juego ha vendido más de 2 millones de copias y, durante el año pasado, el interés y las ventas aumentaron, por razones obvias.

Si la idea de hacer un juego divertido sobre epidemias parece una tarea complicada, Leacock asegura que convertir el cambio climático en entretenimiento es aún más difícil. “Nunca antes había intentado crear un juego que fuera fiel a la ciencia”, dijo en una entrevista telefónica desde Sunnyvale, California, donde vive.

Pandemic giraba en torno a crear una sensación de tensión, dijo, pero Climate Crisis tiene “ambiciones más grandes”. Además de ser entretenido, Leacock espera que el nuevo juego pueda modificar las acciones de las personas en el mundo real.

“Tengo una gran oportunidad de crear un juego cooperativo que contribuya de alguna manera”, dijo. “No quiero arruinarlo”.

Otros tres diseñadores de juegos de mesa dijeron en entrevistas telefónicas que Climate Crisis sonaba como un proyecto difícil. “La mayoría de las personas piensa en los juegos como algo que hacen para escapar de la vida cotidiana”, dijo Elizabeth Hargrave, creadora de Wingspan, juego en el que los participantes compiten para atraer aves a reservas naturales. “Me cuesta concebir cómo lograr que un juego sobre una situación de la vida real —una terrible, además— sea divertido”, agregó.

Pero, “si alguien puede lograrlo, es Matt Leacock”, dijo.

Leacock consideró por primera vez hacer un juego sobre el cambio climático en agosto de 2019, cuando un académico británico le envió un correo electrónico sugiriéndole que modificara Pandemic para abordar ese tema. Leacock descartó la idea, dijo, “pero luego otra persona se me acercó con esa misma idea, y luego otra”.

En marzo del año pasado, decidió intentarlo. Así que mientras la mayoría del mundo entraba en confinamiento y buscaba entretenimiento escapista, Leacock comenzó a leer exhaustivamente sobre el cambio climático.

“Al poco tiempo caí en un foso de profunda desesperación”, dijo Leacock. “Los libros sobre la crisis climática son duros, en el sentido de que todos comienzan describiendo la crisis para intentar que comprendas la gravedad de la situación”.

Logró salir de ese foso, dijo, solo cuando comenzó a colaborar con Matteo Menapace, un diseñador de juegos italiano que vive Londres. Juntos, investigaron sobre las soluciones propuestas a la crisis, leyendo sobre temas como despliegues de energía limpia y proyectos de geoingeniería que eliminan el dióxido de carbono de la atmósfera.

Leacock entendió que no era solo una historia de miseria y desolación.

“Eso fue realmente importante, ya que para crear cualquier juego debes descubrir la manera en que los jugadores pueden ganar”, dijo. “Una vez que supimos cómo lograrlo, comenzamos a tener avances”.

Hasta el momento, en Climate Crisis (que aún está en desarrollo) participan cuatro jugadores que asumen los roles de Estados Unidos, Europa, China y el Sur global, con el objetivo colectivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para que la temperatura de la Tierra deje de aumentar.

El juego se desarrolla en rondas que representan períodos de 4 años, desde la actualidad hasta 2050. Durante cada ronda, los jugadores colocan cartas que representan políticas de reducción de emisiones, como la construcción de plantas de energía solar o el aumento del reciclaje de residuos de alimentos. Sus cantidades totales de carbono están representadas por cubos marrones que van apilándose en la mitad del tablero. Unas fichas rojas se mueven sobre un termómetro de caricatura a medida que va aumentando la temperatura de la Tierra.

Leacock dijo que estaba intentando lograr que el juego fuera veraz en términos científicos gracias a las opiniones de expertos, como los cuatro empleados del Centro sobre el Clima que jugaron el sábado 20 de marzo. “No quiero ser el ‘tipo del clima’ que llega y dice: ‘Oye, sé la respuesta’”, dijo.

Durante la prueba del sábado, la falta de entusiasmo no pareció ser un problema. Tras algunas rondas, los jugadores del Centro sobre el Clima de la Cruz Roja y la Media Luna Roja apilaron sus cubos en medio del tablero y descifraron lo que eso significaba para el clima. La temperatura en todo el mundo subió 0,2 grados Celsius en un instante.

Mientras la temperatura subía, una ficha terminó en una casilla que representaba un casquete polar derritiéndose: la Tierra ahora reflejaba menos luz solar, por lo que la temperatura aumentó un poco más. Como consecuencia, los jugadores ahora enfrentaban una crisis de refugiados.

Erin Coughlan de Pérez, que estaba jugando como Estados Unidos, dijo que las crisis encadenadas eran “una excelente manera de mostrar los ciclos de retroalimentación involucrados en el cambio climático”.

Sin embargo, su sonrisa mientras el desastre se desplegaba mostraba otra cosa: estaba disfrutando el juego.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company