Juan Pablo Murgia: “soy un enamorado de la vitivinicultura de la Patagonia”

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"Tuve que aprender muchas cosas nuevas ya que el lugar te pone a prueba", cuenta Juan Pablo Murgia sobre la experiencia de producir vinos en el extremo sur de Chubut
Grupo Avinea

Como última frontera para la producción vitivinícola argentina, Patagonia requirió primero de aventureros que se atrevieran a conciliar voluntades entre vientos, heladas, suelos y cultivos para hacer viable la producción con la suma de todos esos elementos. Luego fue el tiempo de quienes extendieron el hábitat de las viñas desde el Alto Valle del Río Colorado hasta el extremo sur de Chubut. Y ahora es el turno de los jóvenes profesionales que aportan renovados bríos a una región que comienza a ser reconocida con nombre propio entre los consumidores locales y extranjeros por la calidad de sus vinos.

Criado entre viñas, álamos y frutales en Luján de Cuyo, Mendoza, Juan Pablo Murgia tomó las vivencias compartidas con su abuelo y su padre, hacedores de vino, y eligió trazar su propia huella. La primera escala, la tradicional Facultad Don Bosco de Enología y Ciencias de la Alimentación, en Maipú. Allí los saberes heredados se multiplicaron y forjaron al licenciado en enología que en 2005 hizo su segunda escala al ingresar a trabajar en el mundo de las bodegas de alta gama. Apenas un año después, la tercera escala lo ubicaría en el Grupo Avinea, propietario de viñedos en Mendoza y en Chubut. Como parte del desarrollo profesional dentro de la firma surgió Patagonia y la chance en 2017 de impulsar con su trabajo la nueva bodega, Otronia, en el punto más austral del mundo para la vitivinicultura, el paralelo 45, en la localidad chubutana de Sarmiento. Con voz y voto en la primera añada y con la buena recepción de consumidores y de críticos especializados, esa cuarta escala en el crecimiento profesional daría lugar, en 2018, a su primer hito, al ser nombrado gerente de Enología del Grupo Avinea.

Hoy, con 38 años, Juan Pablo disfruta su segundo hito tras ser distinguido el 19 de mayo como “enólogo joven del año” por el crítico inglés Tim Atkin en su “Reporte Especial Argentina 2021”. El reconocido Master of Wines –máximo título académico al que puede aspirar un crítico de vinos– ponderó su trabajo en la Bodega Argento, en Mendoza, donde se cultivan 305 hectáreas de vides certificadas orgánicas, y el resultado de su labor en las exigentes condiciones del extremo sur argentino.

“Fue una gran alegría y por partida doble, por la satisfacción que genera el reconocimiento de los años de trabajo duro en la industria vitivinícola y por la personalidad que lo otorga que es alguien a quien admiro. Más allá de la pausa que impuso la pandemia, Tim hace más de 30 años que viene a la Argentina, conoce las regiones productoras y las recorre para probar los vinos y calificarlos. Fue especial porque lo veo como un referente en el sector”, asegura Juan Pablo a LA NACION.

Cuenta que la transmisión del Reporte de Atkin –este año se hizo a través de Instagram– lo encontró solo en Chubut, delante de la computadora, en un alto en su trabajo en los viñedos. Esa aparente soledad se quebró ni bien el crítico nombró a Juan Pablo, con llamados que pusieron los afecto familiares y laborales al otro lado de la línea. “Esto no lo tomo como un logro personal, sino grupal ya que mi trabajo se materializa gracias a la ejecución de un gran equipo técnico, de muchos enólogos que me asisten y del resto del equipo humano del Grupo Avinea donde tengo los recursos que necesito para hacer mi trabajo”, reconoce.

–¿Qué desafíos implica ahora la mayor exposición pública que te da este reconocimiento?

–El desafío es no apartarnos del camino que recorremos todos los días en Avinea y en el caso particular de Otronia, un proyecto que tomé como algo muy personal por la gran atención a los detalles que requiere y por la precisión que demanda para interpretar el lugar, acentuar el posicionamiento de sus vinos en el mercado local e internacional.

"Tuvimos que entender lo que el lugar nos daba antes de aplicar una metodología de trabajo ya aprendida", explica Juan Pablo Murgia sobre el trabajo en Otronia
Grupo Avinea


"Tuvimos que entender lo que el lugar nos daba antes de aplicar una metodología de trabajo ya aprendida", explica Juan Pablo Murgia sobre el trabajo en Otronia (Grupo Avinea/)

–¿Cómo fue la adaptación de conocimientos de la enología cuyana a la del extremo sur de Chubut?

–La experiencia de trabajar todos estos años en Mendoza fue clave para trabajar en Otronia, pero la verdad es que tuve que aprender muchas cosas nuevas ya que el lugar te pone a prueba. El terruño de Sarmiento es totalmente diferente al de Mendoza y eso tuvimos que descubrirlo con los años y con las cosechas que hemos pasado. Por ejemplo, no teníamos antecedentes de cómo sería la maduración en las primeras cosechas, incluso pensábamos que la uva maduraría muy poco ya que es un lugar extremadamente frio, pero sucedió lo contrario, la maduración es muy buena por la gran radiación solar que tiene esta latitud. El manejo de la acidez es otro tema muy diferente. En Otronia la acidez natural es más que suficiente para conducir una vinificación, mientras que en Mendoza normalmente hacemos ajustes. Así sucedió en muchos otros aspectos donde tuvimos que entender lo que el lugar nos daba antes de aplicar una metodología de trabajo ya aprendida. Como me gusta decir siempre, debimos interpretar el lugar.

–¿Qué fortalezas destacás de la vitivinicultura patagónica y de Chubut en particular?

–Soy un enamorado de la vitivinicultura de la Patagonia. Admiro los vinos del sur desde hace muchos años. Pero Chubut profundiza esa sensación por ser un lugar con una fuerza natural y una pureza diferentes. Las condiciones naturales, tanto climáticas, como de suelo y de biodiversidad nos entregan una fruta muy pura, con una gran intensidad, pero al mismo tiempo con elegancia y carácter.

Ubicados sobre el paralelo 45, los viñedos de Otronia son los más australes del mundo
Grupo Avinea


Ubicados sobre el paralelo 45, los viñedos de Otronia son los más australes del mundo (Grupo Avinea/)

–¿Sobre qué cantidad de hectáreas trabajas en Otronia y con qué variedades?

–En total tenemos 50 hectáreas y las variedades dominantes son Pinot Noir y Chardonnay. Pero tenemos también Gewurstraminer, Pinot Grigio, Riesling, Torrontés, Merlot y un poquito de Malbec. La plantación comenzó en el año 2010 con las primeras 7 hectáreas y luego fuimos sumando superficie a lo largo de los años, incluso hasta 2018, cuando completamos las últimas parcelas para llegar a las 50 hectáreas, todas en espaldero.

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Las marcas comerciales de la bodega son Otronia, que es el tope de gama, con las cepas Pinot Noir y Chardonnay, y la línea 45 Rugientes, con un Pinot Noir que surge de la combinación de uvas de los diversos bloques de la bodega, y un corte de blancas, que incluye Gewurstraminer, Pinot Grigio y Chardonnay. Además, se suma a la oferta un espumante. Para fin del presente año está prevista la salida del primer Merlot de la bodega, mientras que para 2022 se prevé la salida del resto de las variedades que se trabajan en Otronia.

Juan Pablo cuenta que la elección de “45 Rugientes” es en referencia a la latitud en la que se encuentra la bodega, “que hace de Otronia el viñedo más austral del mundo”, y al término, “Rugientes”, que los marineros le dan al fenómeno de vientos y olas que se dan en esa latitud austral y que indica la dificultad de la navegación en esa zona del Océano Atlántico. “Para nosotros la asociación está dada en los vientos que moldean la calidad de nuestros vinos tierra adentro del paralelo 45”, dice el enólogo.

–¿Cuál es la capacitad actual de producción y hacia qué mercados apuntan?

–La añada 2018, que es la que está saliendo al mercado, cuenta con cerca de 100.000 botellas y en cuanto a mercados, el más importante para nosotros es el local, pero también estamos exportando a unos diez países, entre ellos los más importantes son Estados Unidos, Inglaterra, Brasil, Japón, Israel, Suiza y Suecia, pero, insisto, la Argentina es mercado foco para nosotros, por el movimiento en vinotecas y en restaurantes.

–Dado que la producción se hace de manera orgánica, sin el uso de agroquímicos, ¿qué implica este tipo de manejo agrícola en las viñas?

–La producción orgánica está en nuestro ADN. En el Grupo Avinea manejamos los viñedos de manera orgánica, tanto en Otronia como en las más de 300 hectáreas en Mendoza para Bodega Argento. En el caso de Otronia la producción orgánica se da casi de manera espontánea ya que presenta una naturaleza tan fuerte, pura y sana que nos llevó automáticamente a pensar en preservar esta esencia a través de un manejo ecológico de respecto por el ecosistema, los suelos y la biodiversidad. Pero el manejo orgánico, incluso en un lugar tan puro como este, requiere de un trabajo extra. Es fundamental la interpretación del lugar, el seguimiento de los ciclos de forma muy precisa, tanto de la vid, como de las malezas, de los insectos y las plagas. Para intervenir lo menos posible y mantener la naturaleza de un lugar hay que conocer mucho más del funcionamiento agroecológico del lugar. Es decir, para hacer menos hay que conocer más. Por último, en el manejo orgánico, es fundamental anticipar y prevenir los fenómenos climáticos, principalmente las lluvias y la humedad. Para esto trabajamos con datos meteorológicos y pronósticos muy precisos. No obstante, Sarmiento es un desierto muy seco y eso facilita el manejo de las plagas que generan las enfermedades de la vid.

El terruño en Sarmiento, Chubut, tiene al clima frío, a los vientos constantes y a los suelos como factores determinantes
Grupo Avinea


El terruño en Sarmiento, Chubut, tiene al clima frío, a los vientos constantes y a los suelos como factores determinantes (Grupo Avinea/)

–¿Qué elementos constituyen el terruño en Sarmiento?

–Por definición, el terruño es una conjunción de clima, suelo y la interpretación que los enólogos le damos a estas dos variables al hacer los vinos y al aplicar las técnicas que definimos. En este lugar creo que el clima es el gran factor. Es una zona extremadamente fría por definición de mediciones promediadas en 11,5°C todo el año. Pero, como todo desierto, también es bien extremo, es decir, en primavera y verano podemos tener días muy cálidos, pero con noche y mañanas muy frías. Esto hace una gran diferencia y marca el carácter del lugar y, como consecuencia, los vinos son muy especiales. Otro factor muy determinante es el viento constante, con corrientes de hasta 100 kilómetros por hora. Esto genera múltiples efectos que tienen una influencia en los vinos como consecuencia del engrosamiento de las pieles de las bayas, la reducción de los rendimientos y el estrés de las plantas. Y por supuesto, como ya mencionamos, la gran sanidad del ambiente como resultado de una baja humedad relativa causada por la deshidratación del viento. Por último, un gran factor que no podría dejar de estar son los suelos. No podríamos materializar el efecto de estas condiciones climáticas sin un gran suelo apto para desarrollar vinos de clase mundial. Afortunadamente en Otronia encontramos suelos que explican algunos de los vinos más importantes del mundo. Desde piedras fluviales arrastradas por el río Senguer, pasando por arenas eólicas y roca fragmentada proveniente de la sierra que nos separa de lago Muster, la cual es rica en carbonato de calcio, hasta arcillas multicapa de origen lagunar que, por cierto, es uno de los perfiles de suelo que explica la mayoría de los vinos de Otronia.

–¿Cómo se trabaja para convivir con las temperaturas bajas extremas y con las heladas?

–Contamos con un sistema muy efectivo de control de helada que consiste en congelar toda la estructura vegetal a través de la aspersión constante de agua, impulsada por un sistema de picos en múltiples posiciones del viñedo. Es básicamente el efecto iglú, por debajo de la capa de hielo (a 0ºC) no hay daño y la planta lo soporta, mientras que al exterior de la capa de hielo pueden desarrollarse temperaturas inferiores a 0ºC, letales para la estructura vegetal de la planta, como brotes, hojas, flores y racimos. La helada es un gran factor de riesgo, pero una vez controlado se transforma en aliada para la caracterización de estos vinos tan especiales.

Para el manejo de las heladas se congela toda la estructura vegetal a través de la aspersión constante de agua, así se logra un efecto iglú que protege las plantas
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Para el manejo de las heladas se congela toda la estructura vegetal a través de la aspersión constante de agua, así se logra un efecto iglú que protege las plantas (Grupo Avinea/)

–¿Qué características distintivas tienen los vinos de Otronia?

–La característica más importante es que son únicos, como el lugar del cual provienen. Tienen el carácter del lugar y hablan de Sarmiento cuando los degustamos. Traducido a la experiencia sensorial, empezando por la boca, encontramos una acidez natural firme, pero equilibrada, que genera una sensación salina muy especial. Son vinos muy profundos y elegantes. En nariz, tanto blancos como los Pinot Noir, más allá de expresar la variedad de origen, tienen una gran expresión aromática frutal y floral que en ocasiones es difícil de describir porque no tiene un equivalente en los vinos que conocemos de otras zonas argentinas. La complejidad sensorial que genera un lugar de variables climáticas tan extremas, es muy especial.

–¿Qué buscas transmitir a través de tus vinos al consumidor?

–Sin duda, una experiencia sensorial que transporte al degustador a esta zona tan austral y que describa el terruño de Sarmiento.

–¿Qué desafíos ves para Otronia y para tu trabajo en una bodega tan joven?

–Los desafíos son muchos siempre y eso es lo que me mantiene entusiasmado y con muchas ganas. Este es un lugar que aún estamos conociendo y creo que vamos a seguir descubriendo su esencia. Ese es uno de los grandes desafíos, seguir descubriendo el potencial del lugar. El otro gran desafío es lograr el posicionamiento de los vinos en el mercado nacional y en el exterior, trabajo que estamos desarrollando hace dos años y que por ahora viene siendo muy exitoso.

Juan Pablo asegura que la enología en su vida es un 50 y un 50 entre vocación y profesión. “Siento pasión por lo que hago; disfruto trabajar para lograr que las uvas se expresen en el vino y que ese vino se destaque. En ese camino siempre está el lado emocional. Pero, a la vez, es una profesión y como tal la ejerzo con un alto grado de profesionalismo, con mucha responsabilidad por el hecho de tener que administrar muchos recursos”, aseguro.

En el alto de la faena vitícola, el “enólogo joven del año” asegura que el running lo mantiene saludable y lo desconecta de las tensiones que el trabajo genera, por más placentero que el mismo resulte. Destaca el valor de pasar tiempo en familia y es allí donde se gesta el nuevo hito en su vida, en este caso, compartido con Natalia, su esposa, ya que cerca de fin de año nacerá su primer hijo. “Este es uno de esos años especiales, tal vez el más importante en mi carrera profesional y el más importante de mi vida en lo personal y en lo familiar”, concluye Juan Pablo.

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