Juan Meliá: el teatro siempre necesita un reto

 

Por Julián Crenier

[El 27 Festival Internacional de Teatro Universitario comienza mañana sus actividades en la UNAM para dejar caer el telón el próximo domingo 16 de febrero…]

 

México, 6 de febrero (Notimex).— Mañana inicia la vigesimoséptima edición del Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU) de la UNAM. Por tal motivo, Juan Meliá Huerta, director de Teatro UNAM, concede una entrevista a Notimex para hablar del FITU 2020, del teatro actual en la Universidad y en México, y de sus percepciones acerca de esta arte escénica.

      —¿Qué representa el teatro en el siglo XXI? ¿Por qué hacer teatro?

      —Pregunta difícil para iniciar, pero buena pregunta. Como es una bastante personal, tendría que empezar diciendo qué significa para mí el arte y la cultura y qué representa el teatro. Yo no sé vivir de otra manera que no sea ligado al teatro y la cultura. Ayudando a que exista, a que se presente… Es mi vida y no la vería de otra manera. Todo aquello que necesite ser gritado, expresado, presentado y pensado, requiere de una salida. Y eso pasa en otras disciplinas también, pero en el arte y la cultura tiene siempre una forma de imagen o de representación. Con relación a la disciplina teatral, es importante porque pasa exactamente lo mismo que está sucediendo entre tú y yo: dos personas que representan o presentan algo que consideran que es importante que se escuche. Creo que en ese sentido el teatro nos sigue posibilitando que, de manera presencial, eso suceda. Esa transferencia de razones de ser, de ganas de contar algo, decirte algo al oído, enseñarte una foto y mostrarte un video al mismo tiempo, de contar una historia del siglo pasado o de hace tres siglos. Esa situación que te permite el teatro es encantadora y necesaria al mismo tiempo.

      —¿Qué es lo que hace destacar al teatro de entre las múltiples disciplinas artísticas?

      —Tendría dos maneras de contestarte. La primera tiene que ver con la actoralidad y la segunda con el texto. Son dos cosas fundamentales. Con actoralidad no me refiero a la presencia física en cuanto a que debe ser en vivo únicamente. Es, más bien, la presencia pensada de la persona. Por otro lado, cuando hablo del texto no me refiero solamente al escrito de manera tradicional sino que hay necesariamente algo que requiera ser presentado y dicho. Y esa batalla interna, que bebe de muchas otras disciplinas como lo visual y lo narrativo, tiene un choque de valores dentro de lo escénico que hace que uno quiera ser parte de ello. Ya sea como alguien que lo posibilita o como alguien que lo observa. Esa es la gran diferencia.

 

Un público diverso

—¿Cómo es que ustedes, como Teatro UNAM y desde el FITU, hacen para que el teatro llegue a un público más amplio?

      —Nosotros como Teatro UNAM vemos que la disciplina tiene retos muy particulares. La UNAM tiene un primer objetivo muy claro y es que piensa sus acciones de difusión cultural para los jóvenes y con los jóvenes. La mayoría de nuestra programación está pensada para ellos, esa es una línea básica. Hoy en día tenemos en escena representaciones de casi recién egresados gritando que son profesionales, tan profesionales como gente que tiene 15 o 20 años haciendo teatro. ¿Cómo lo hacemos? Primero, definiendo bien qué temáticas, tanto vinculadas a la historia como a la disciplina teatral en su interior, queremos presentar. Ese análisis lo desarrollamos de manera muy particular, ligado a lo que el rector y lo que nuestro jefe directo, Jorge Volpi, nos ha instruido: Trabajar con los jóvenes, pensar en temáticas que sean heridas abiertas en nuestra sociedad, darnos cuenta de que la Universidad debe ser capaz de vincular al arte con la ciencia, pensar también que nuestro país tiene temas muy dolorosos como la violencia, los desaparecidos, la migración, o temas tan claros como la necesaria perspectiva de género. A partir de ahí (y pensando en los diversos públicos, porque además de los jóvenes también viene un público muy amplio los fines de semana) estructuramos una programación que balancee la participación de creadores jóvenes y de creadores que tienen una trayectoria amplia.

      —Con estas temáticas que seleccionan, ¿buscan enfocarse también en un periodo en específico o siempre es diverso?

      —En este momento es diverso, pero sí tenemos una línea clara que es la perspectiva de género. Va a haber un porcentaje bastante parejo entre obras creadas y también dirigidas tanto por mujeres como por hombres. Otro momento importante será que por primera vez el Carro de Comedias [que el año pasado cumplió dos décadas de existencia] será dirigido por una mujer: Mariana Hartasánchez. Por supuesto egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro y también del Centro Universitario de Teatro [CUT]. Se presentará en él un texto que ella adaptó y será el segundo escrito por una mujer que se exhibe en el Carro durante sus 20 años de historia [el otro fue de Sor Juana Inés de la Cruz]. Por otra parte, creo que esta línea de defensa de la perspectiva de género no puede dejar de lado la enorme batalla que deben de tener los creadores con relación a la obra. Tienen que ser obras propositivas, que generen un discurso en particular, que te enfrenten a algo que quizá no quieras ver, o que te lo hagan ver de una manera que tal vez no estabas preparado. Normalmente vamos a ver las cosas que sabemos que nos van a gustar, pero el teatro necesita un reto enfrente, y eso también lo goza y lo padece el espectador. Eso es lo que estamos planteando en nuestra programación para este año.


 

Juan Meliá


Trabajar con los otros

—Ya que dice que buscan enfocarse en los jóvenes pero que también tienen un público diverso los fines de semana, ¿qué hay de los niños?, ¿piensan en ellos? Creo que el teatro es una disciplina artística que les atrae mucho.

      —Bueno, nuestra línea es diferente y pensamos más que nada en los jóvenes porque la UNAM tiene alrededor de 300,000 alumnos. Los niños no son nuestra principal fuerza de programación, pero en el FITU sí hay una línea específica para ellos muy importante, de la cual te platicaré en un momento.

      —Claro, la UNAM tiene una cantidad impresionante de alumnos. Y siendo la universidad más importante del país, ¿tienen algún plan para salir de los recintos de la institución y llevar el teatro, por ejemplo, a la calle?

      —Sí, para eso tenemos el Carro y también empezamos a crear obras que puedan circular fuera de nuestros recintos. El año pasado hicimos una obra que se llama Un beso en la frente [de la autoría de Esther B. del Brío González, adaptada por Jimena Eme Vázquez, y dirigida por Isabel Toledo], una obra que ya dio 30 funciones fuera de nuestros teatros, en distintas facultades y CCH y para este febrero tenemos planeado sacarla a diferentes estados del país. Estamos haciendo obras que pueden circular pero que estén basadas en la temática que te platiqué hace un momento.

      —Desde que asumió la dirección de Teatro UNAM en 2019, ¿cuáles han sido los mayores problemas y retos que se le han presentado?

      —Debo decir que trabajar en la UNAM es un privilegio. Hace unos días tuvimos una mesa de reflexión sobre teatro actual desde una mirada feminista, y una alumna dijo que llegar al Centro Cultural Universitario es llegar a un lugar donde puedes respirar. Para mí, antes que nada, ha sido un proceso de comprender la dimensión. No creo haber tenido una cuestión que pueda considerarse como un problema. Uno como mediador debe de saber enfrentar este tipo de situaciones, más bien creo que lo principal ha sido el escuchar la necesidad actual de los que quieren estar cerca de Teatro UNAM: el público, los creadores, los actores. El reto ha sido cómo vincularnos con los otros. En primer lugar me enfoqué mucho en la propia universidad, estamos trabajando con las diferentes cátedras y direcciones de Difusión UNAM, pero eso no es un problema sino, más bien, algo que debo y tengo que hacer. El trabajar con los otros es casi siempre un problema para muchos porque no estamos acostumbrados, pero como bien me preguntaste tú: ¿por qué el teatro? La condición particular del teatro es trabajar siempre con los demás. Te enseña la necesidad de trabajar y voltear a ver al otro.

 

A diferencia de la poesía…

—En una sociedad tan convulsa como lo es la mexicana, con temas tan violentos y tremendos como los que mencionó anteriormente, ¿cómo es que se trabaja con ellos desde el aspecto teatral?

      —Esa es más bien una pregunta que sería mejor si la realizas a un creador, yo soy más bien un gestor…

      —Pero me interesa mucho conocer su opinión al respecto…

      —Bueno, pues yo creo que hay diferentes maneras. Tiene que ver con la forma de construcción de significado, teatralmente hablando, que asuma cada uno de los creadores que quiere plantearlo. Ya sea desde la dramaturgia, desde la dirección, una combinación de ambas, o desde un proceso colectivo. La primera parte es esa: qué tema quieres tocar y al mismo tiempo cómo quieres contarlo. Esto genera una batalla contra el hoy del teatro, qué es para mí, y qué parte de la disciplina es la que quiero retar y estirar. Ahí los acontecimientos del día a día han sido asumidos desde muy diferentes formas. Un beso en la frente, por ejemplo, nace de una novela gráfica de una economista española que Jimena Eme Vázquez adapta al teatro a partir de una escritura tradicional pero que a la vez suma muchos elementos contemporáneos con base en la cercanía con el espectador. Tú ves esa obra y te impacta de manera brutal. El teatro tiene un tema que se llama verdad pero que hoy en día hay que dar gracias que vivimos una época teatral en la que puedes ver las mismas temáticas enfrentadas con la verdad, pero contadas con otro tipo de estructura, y esa forma de leerlo nos detona a los espectadores diferentes posibilidades de sentirlo, de vivirlo, y de construir nuestra verdad con relación a ellas. Claro que existe esa necesidad de decirlo, de gritarlo y de contarlo, y creo que está metido en casi todos los creadores de este momento que están conviviendo.

      —Hace unos días estaba leyendo un artículo, no recuerdo de quién, que decía que cómo es posible que los poetas se quejaran de la falta de público si los dramaturgos están en una situación peor, de mucho menos alcance y más ausencia de espectadores. ¿Usted cree que eso es cierto?

      —En el ámbito literario es claro que la novela tiene un papel ganado muy importante en la industria editorial. La poesía y el teatro están muy atrás y tienen otras formas de movilidad. No sé si podría decir si es cierto o no, pero extrañamente la poesía hoy está cerca de procesos en tipo voz alta, recitada, casi performática, acercándose en cierto sentido a lo teatral. Y justamente el teatro tiene una ventaja frente a la poesía y es que se escenifica, tiene esa otra posibilidad y salida. Depende desde dónde lo preguntes. Si lo ves desde las ventas, pues sí, pero desde la visibilidad que te da tener una obra en temporada, es otra historia. Son formas muy diferentes, pero lo que es claro es que en la industria editorial hay un nivel de ventas muy diferente, porque un lector de teatro es muy raro, es complejo. Lo que yo les diría es que no tengan miedo, si se pican y se clavan van a enamorarse tanto de leer teatro como de leer novela y poesía.

 

Cinco ejes

—¿Qué podemos esperar para esta edición del FITU?

      —Por un lado, podemos esperar emoción. Creo que es uno de los proyectos más emocionantes, tanto en el sentido de construirlo como de vivirlo. Por otro lado, dentro del mismo, tiene una serie de factores que creo que son importantes y que lo distinguen de otros festivales. Es una competencia, y digo esa palabra con todas las reservas que eso implica, que es emocionante para los participantes. Sacar una mención como actor, como actriz, como director, o como obra, es algo que definitivamente los marca, que trabajan duro para ello, y que al final acaba por ser proyecto formativo. Este año el consejo asesor que rige el FITU se puso cinco ejes principales como objetivos que nos sirven de programación para fortalecer el derredor de las obras que se presentarán en el concurso. El primer eje es considerar al FITU como una plataforma de profesionalización. El segundo es tener una línea de trabajo con relación a la perspectiva de género. El FITU es sororidad. El tercero es hacer énfasis en el ámbito de trabajo generado desde compañías o grupos. El cuarto eje es el de teatro para niñas, niños y jóvenes audiencias. Y el quinto es teatro de calle y en espacios alternativos. En cada uno de ellos construimos la presencia de obras invitadas, conferencias, mesas redondas, talleres, para darle una fortaleza a todo el festival.

      —¿Quiénes serán los invitados de lujo de este año?

      —Vienen muchas cosas. Tenemos una obra invitada del grupo emblemático para niños llamado Teatro en la Educación, desde Chile, que vienen a presentar una obra llamada Tú. Tendremos conferencias magistrales con figuras importantísimas como Suzanne Lebeau, Pascal Rambert, Sofía Espinosa. También habrá mesas redondas con maestros. Cada uno de estos ejes representa para nosotros una batalla a ganar. Una intención de que los jóvenes, maestros e investigadores se vean reflejados en lo que es el teatro universitario, que vean que va mucho más allá de presentar una función.



NTX/JC/VRP