Juan Martín Mena, el brazo de Cristina en la Justicia, que pasó de la AFI a la marcha contra la Corte

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Juan Martín Mena
Juan Martín Mena

El viceministro de Justicia, Juan Martín Mena, quedó esta semana en el centro de la polémica. Fue al apoyar la marcha contra la Corte Suprema de Justicia, organizada por el kirchnerismo y prevista para comienzos del mes próximo. “Me parece bien”, contestó cuando se le preguntó sobre la manifestación, impulsada entre otros por Luis D’Elía. Y después reforzó su idea al plantear que “los poderes” deben saber “cuál es su límite”.

Sus declaraciones motivaron que la oposición salga rápidamente a cruzarlo teniendo en cuenta el rol que ocupa. Aunque en lo formal Mena es el N°2 de Justicia, en la práctica es el “hombre fuerte” de Sarmiento al 300. Lo es desde que llegó en diciembre de 2019, por decisión de Cristina Kirchner. Desde allí vio como salía eyectada Marcela Losardo y la reemplazaba Martín Soria. La relación con uno y con otro es completamente diferente. En el período de Losardo, de extrema confianza del presidente, Alberto Fernández el vínculo estaba signado por la desconfianza mutua y movimientos que no conformaban a Kirchner. En cambio, con la llegada de Soria, aseguran que se da “otra sintonía de trabajo” y, por sobre todas las cosas, comenzó a despejarse el complejo panorama judicial de la vicepresidenta, con sobreseimientos antes de llegar a juicio, como principal signo distintivo.

Aunque al interior del oficialismo hay quienes consideran que “era una cuestión de tiempo que eso sucediera” y echan mano al argumento del lawfare para explicar el avance judicial contra Kirchner. Otros ven en el movimiento “amalgamado” y “dinámico” de Mena y Soria, pero sobre todo del primero, la clave de la estrategia para lograr esos beneficios. “Soria es vivo, sabe que el poder es de Juan Martín y lo incluye siempre. Es una sociedad en la que los dos ganan”, grafican.

Marplatense de 42 años y discípulo de Eugenio Zaffaroni, el poder de Mena es el único que no cambió en Justicia en estos dos años de Gobierno. Reporta directamente a Kirchner (aunque Fernández se sumó con sus críticas a la Corte el mismo día de sus dichos) y conoce a la perfección la cartera en la que estuvo entre 2004 y 2014. La de dejó en diciembre de ese año para ocupar la subdirección de la Inteligencia local.

Fue luego de que Kirchner descabezara el organismo y lo designara junto a Oscar Parrilli. Aunque para muchos era un desconocido, Mena ya se había ganado la confianza de Cristina. El vínculo entre ambos comenzó en 2012 cuando la entonces mandataria recibió al músico inglés Roger Waters y este le pidió por el reconocimiento de los soldados argentinos caídos en Malvinas y enterrados en el cementerio de Darwin, como NN. Por esos días Mena ocupaba en simultáneo la Jefatura de Gabinete y la Subsecretaría de Política Criminal en Justicia y tomó la posta.

Desde allí supervisaba la Unidad AMIA del Ministerio, y comenzó a tener un rol activo en la redacción del Pacto con Irán, lo que se transformaría en uno de los mayores problemas de su carrera.

Fue a partir de enero de 2015, cuando no había pasado ni un mes de su llegada al mundo del espionaje que el entonces titular de la UFI AMIA, Alberto Nisman, denunció el presunto encubrimiento del atentado a través de ese Pacto. Mena no estaba en la denuncia inicial, que alcanzó a Kirchner y buena parte de su gabinete, pero si terminó quedando involucrado en el caso. Fue en diciembre de 2017, cuando el juez Claudio Bonadio lo procesó por el caso. Poco después el expediente fue enviado a juicio oral y público. Una situación que se revirtió en 2021 y que lo benefició tanto a él, como a Kirchner y los restantes acusados.

Su participación en la audiencia de pedido de nulidad, que se hizo vía zoom, fue desde su despacho en el Ministerio. Un detalle que cosechó críticas en tribunales. El nombre del fallecido fiscal es también otro dolor de cabeza para Mena en la justicia. Es en la causa que se investiga el crimen de Nisman. Las llamadas que hizo Mena durante el fin de semana en que se produjo la muerte de Nisman, con otros miembros de la Inteligencia local son objeto de análisis de la Justicia. De momento no hay definiciones sobre ese análisis de comunicaciones, en el marco de la investigación que en septiembre de 2017 afirmó que la muerte de Nisman fue un crimen, pero aún no logró determinar quién o quiénes lo hicieron.

Entre 2015, tras dejar la AFI, y volver a la función pública en 2019, Mena fundó su propio estudio de abogados. Para hacerlo se asoció con la hoy ministra Elizabeth Gómez Alcorta, quien también fue su primera abogada en el caso por el Pacto con Irán. Fue en la calle Rivadavia, cerca del Congreso, donde oficiaba como consejero de Kirchner en temas legales y afianzó un vínculo que, a poco de cumplir una década, no hace sino consolidarse. Por eso por estas horas, nadie duda de que las palabras de Mena son las de Cristina. Y que el blanco elegido es el de la Corte Suprema, de la que en los últimos meses emanaron varias malas noticias para el Gobierno y en la que, por sobre todas las cosas, tendrá la última palabra en el futuro judicial de Kirchner.

Con los lazos prácticamente rotos con el tribunal, tras la visita de Soria, y sin capacidad numérica para avanzar con holgura en el reemplazo de Elena Highton, el poder de fuego es el principal bastión del oficialismo en el máximo escalafón de la Justicia.

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