El joven y ambicioso Kurz recupera el poder en Austria

Luisa Corradini

PARÍS.- El cálculo político fue exacto y los resultados le dieron la razón. Gracias a su decisión de romper la coalición de gobierno con la extrema derecha después del llamado Ibizagate, el excanciller austríaco Sebastian Kurz obtuvo ayer en elecciones anticipadas una holgada mayoría que le permitirá formar alianza tanto con la socialdemocracia como con los Verdes e incluso otra vez con la extrema derecha.

Cerca de seis millones de electores austríacos dieron ayer una segunda oportunidad al joven líder conservador de 33 años y canciller saliente del país. Al frente del Nuevo Partido Popular (ÖVP), Kurz tiene así todas las posibilidades de volver a dirigir el próximo gobierno, en un paisaje político totalmente cambiado donde la extrema derecha sufrió un resonante derrumbe y los Verdes, un avance de más de diez puntos.

En todo caso, el cálculo político de Kurz hace cuatro meses fue acertado: su partido obtuvo 37,2% de los votos, casi seis puntos más que en las pasadas elecciones de 2017, según las proyecciones.

Su primer gobierno, formado con la extrema derecha del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) no había resistido a las comprometedoras revelaciones de un video, donde se veía al ex líder de esa formación y número dos del gabinete, Heinz-Christian Strache, prometiendo jugosos contratos públicos a la supuesta sobrina de un oligarca ruso durante una reunión privada en Ibiza, a cambio de una financiación oculta para su partido. Kurz aprovechó el escándalo para provocar la implosión de esa alianza con la extrema derecha al cabo de 18 meses de mandato y convocó a elecciones anticipadas. Poco después, sin embargo, el mismo tuvo que dejar el poder, víctima de una moción de censura votada en el Parlamento por la social-democracia y sus propios ex aliados de la extrema derecha. Desde entonces, el país estaba gobernado por un equipo técnico.

Ayer, los austríacos sancionaron al FPÖ, cuyo escándalo salpicó la imagen del país: el partido xenófobo y ultranacionalista perdió casi diez puntos con relación a 2017, obteniendo apenas 16%. Llegó así detrás de los socialdemócratas (SPÖ), que obtienen el segundo lugar, con cerca de 22% de los votos.

En una campaña en la que los temas climáticos reemplazaron la cuestión inmigratoria que había dominado las elecciones anteriores, los Verdes registraron un avance vertiginoso: si en 2017 tuvieron que dejar el Parlamento tras obtener menos del 4% de los votos, ahora regresarán con un score triunfal de entre 13% y 14%. Por su parte, los liberales del partido NEOS se ubicaron en quinta posición y podrán incorporarse al hemiciclo gracias al 7% de los sufragios obtenidos.

Kurz deberá enfrentar ahora arduas negociaciones para formar su futuro gobierno, aunque al mismo tiempo tendrá amplias opciones en su búsqueda de aliados.

El futuro canciller podría aliarse con los socialdemócratas, con la extrema derecha o con los Verdes. Las tres opciones son, sin embargo, peligrosas para el joven dirigente, que prometió a los electores un retorno a la estabilidad.

Por eso podría hacer caso omiso a la presión de numerosas figuras de su partido, que le sugieren un retorno a la histórica alianza con la izquierda, la fórmula que gobernó Austria durante 44 años, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Kurz sabe, sin embargo, que así perdería gran parte de su popularidad en un electorado ya cansado de esa "eterna pareja" gastada por los desacuerdos y las enemistades personales.