Jorge Soler es el jugador más valioso de la Serie Mundial gracias a sus batacazos colosales

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El bateador designado de los Bravos de Atlanta, Jorge Soler, sostiene el trofeo al jugador más valioso tras ganar la Serie Mundial de béisbol en el sexto juego contra los Astros de Houston, en Houston, el martes 2 de noviembre de 2021. Los Bravos ganaron 7 a 0. (Annie Mulligan/The New York Times)
El bateador designado de los Bravos de Atlanta, Jorge Soler, sostiene el trofeo al jugador más valioso tras ganar la Serie Mundial de béisbol en el sexto juego contra los Astros de Houston, en Houston, el martes 2 de noviembre de 2021. Los Bravos ganaron 7 a 0. (Annie Mulligan/The New York Times)

Durante su infancia en Cuba, el jardinero de los Bravos de Atlanta Jorge Soler ya era tan alto a los 9 o 10 años, que, según su padre, la gente no creía su edad.

“Siempre quiso jugar béisbol”, dijo el padre de Soler, también llamado Jorge, el martes por la noche. “Desde muy joven tuvo el talento. Y quería jugar en las grandes ligas”.

Por estos días, Soler, ahora de 29 años, no está simplemente jugando en las grandes ligas; está usando su enorme estatura para sacar pelotas de los estadios, guiar equipos a campeonatos y ganar trofeos.

El martes, en la victoria de Atlanta sobre los Astros de Houston por marcador de 7 a 0 en el sexto juego de la Serie Mundial que selló el primer título de los Bravos desde 1995, Soler conectó un enorme jonrón de tres carreras que dejó asombrados a sus compañeros de equipo y a todo el Minute Maid Park.

Fue el tercer jonrón de Soler de la serie, y cada uno de ellos le había dado a Atlanta la ventaja en un juego. Sus esfuerzos le valieron el premio al jugador más valioso de la Serie Mundial, lo que le hizo unirse al lanzador Liván Hernández de los Marlins de Florida de 1997 como los únicos jugadores nacidos en Cuba en ganar la distinción.

“Esto significa mucho para mí”, dijo Soler, con una bandera de Cuba sobre los hombros mientras sostenía a su hija, de pie en el cuadro interior cubierto de confeti.

“Esto es lo más grande que me ha pasado en mi carrera, especialmente de donde vengo, Cuba. Es más difícil llegar aquí y lograr subir a las grandes ligas y tener estos resultados. Es increíble”.

En 2011, Soler, con 18 años, salió de Cuba en un bote con su padre para perseguir sus sueños de béisbol, dijo su padre. Un año después firmó un contrato con los Cachorros de Chicago por nueve años y 30 millones de dólares. En 2014, fue convocado a las Grandes Ligas con 22 años.

Durante las siguientes dos temporadas, Soler dio destellos de su talento tentador pero aún por perfeccionar. Durante la temporada 2016, en la que los Cachorros ganaron la Serie Mundial, bateó de .238 y conectó 12 jonrones en 86 juegos, pero fue relegado en gran medida a la banca durante la postemporada.

Jorge Soler celebra con sus compañeros de los Bravos de Atlanta el campeonato de la Serie Mundial. (Foto: Getty Images)
Jorge Soler celebra con sus compañeros de los Bravos de Atlanta el campeonato de la Serie Mundial. (Foto: Getty Images)

Tras ser enviado a los Reales de Kansas City ese invierno, Soler batalló contra lesiones, descensos de categoría e inconsistencias. En 2019, su talento resurgió: conectó 48 jonrones en la Liga Americana (líder esa temporada), impulsó 117 carreras y jugó todos los 162 juegos. Pero luego su desempeño volvió a decaer durante las siguientes dos temporadas.

El 29 de julio de esta temporada, Soler estaba bateando .192 y tenía 13 jonrones en 94 juegos con los Reales. Desesperado por revitalizar a un equipo que se estaba desmoronando y que había perdido a jardineros clave como Ronald Acuña Jr., Atlanta hizo un trato por Soler. Fue uno de los cuatro jardineros que los Bravos adquirieron en la fecha límite de canjes.

“Fue un reto al principio”, dijo Soler. “Me sentí un poco fuera de mi zona de confort. Realmente no conocía a nadie. Fue un poco difícil ir a un lugar nuevo y empezar a conocer personas y todo eso. En una semana, ya me sentía en casa”.

Soler floreció con Atlanta, y ayudó al equipo a llegar a la postemporada. Pero durante la serie divisional de la Liga Nacional contra los Cerveceros de Milwaukee, Soler, que no estaba vacunado, dio positivo por el coronavirus y se perdió 10 días. Regresó para los dos últimos juegos de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, sintiéndose terrible por no haber estado presente para ayudar a sus compañeros de equipo y prometió vacunarse lo antes posible. De allí, comenzaría una seguidilla exitosa en la Serie Mundial.

“Tenemos tiempo sabiendo lo que puede hacer”, dijo el primera base de Atlanta, Freddie Freeman. “Hace apenas dos años estaba bateando 50 jonrones. De hecho, es bastante increíble lo que hizo en la Serie Mundial, haber tenido COVID, perderse 10 días y luego regresar y no perder el ritmo. Eso es algo difícil de lograr en este deporte”.

En el primer turno al bate de la Serie Mundial, Soler conectó un jonrón. En el juego 4, su jonrón solitario le dio la ventaja a Atlanta en la séptima entrada. Y en el juego 6, le dio la ventaja contundente a Atlanta cuando conectó una bola quebrada y lenta del lanzador de los Astros Luis García y silenció a la multitud local en Houston.

Fue el tercer jonrón de Soler para dar la ventaja en la Serie Mundial. Solo el receptor de los Atléticos de Oakland, Gene Tenace, en la Serie Mundial de 1972, conectó más jonrones de este tipo (4).

“Apenas salió el batazo, pensé: ‘Creo que puede ser jonrón’”, dijo el relevista Luke Jackson. “Luego entendí que quizás nunca íbamos a encontrar esa pelota”.

La distancia del jonrón se estimó en 136 metros, pero se sintió más largo. Debido a que el techo retráctil del Minute Maid Park estaba abierto, la pelota pasó por encima de las vías del tren en el jardín izquierdo y, según varios guardias de seguridad, aterrizó en un patio.

“Dios mío santo, fue un bombazo absoluto”, dijo el relevista de Atlanta Tyler Matzek sobre la proeza de Soler, quien mide 1,93 metros y pesa 106 kilogramos. “Es una de las personas mejor dotadas físicamente que he visto en toda mi vida. Es como un ala cerrada de la NFL abanicando el bate. Es increíble”.

Al terminar el juego, el padre de Soler admitió que pensó mucho en su escape de Cuba porque fue una experiencia horrenda y fue lo que los trajo aquí, a este campo a ganar otra Serie Mundial, esta vez con un trofeo de jugador más valioso de la serie.

“Estoy muy orgulloso de lo que hice y de cómo jugaron todos mis compañeros como equipo”, dijo Jorge Soler, quien agregó: “Estoy muy orgulloso de mí y le agradezco a Dios por la oportunidad y el talento”.

© 2021 The New York Times Company

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