Johns Hopkins lanza un gran esfuerzo para hacer que el envejecimiento sea mucho menos doloroso

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BALTIMORE— Casi todo el mundo conoce a alguien —o es ese alguien— que tiene molestias o dolores, problemas de memoria u otra cuestión o enfermedad relacionados con la edad.

Reconozcámoslo, el cuerpo humano se deteriora a medida que envejece: los huesos se vuelven frágiles, los músculos no se recuperan tan rápido, el cerebro incluso empieza a encogerse.

La Universidad Johns Hopkins ha reunido a un grupo de expertos, con sede en su Bayview Medical Center en Baltimore, para acelerar los trabajos en curso con el fin de comprender mejor las causas de estos problemas relacionados con la edad, ralentizarlos o incluso solucionarlos.

Se trata de una ambiciosa colaboración entre varios departamentos del hospital Hopkins y de la universidad, denominada Human Aging Project (HAP).

"No pretendemos que la gente viva para siempre", dijo el doctor Jeremy Walston, profesor de medicina geriátrica en la Facultad de Medicina de Hopkins y director del proyecto. "Pero, si podemos ralentizar la progresión de la enfermedad y el declive, en esos 10 o 20 años que la gente vive con discapacidad podemos darles una mejor calidad de vida".

"Probablemente también aumentaremos la longevidad".

Walston concibió la idea hace años mientras trataba a sus pacientes mayores con cáncer, enfermedades cardíacas, Alzheimer y otras afecciones comunes que se desarrollan con el tiempo. Quería mejorar sus vidas ahora, pero también investigar los fundamentos biológicos del envejecimiento para poder contar más adelante con mejores terapias o estrategias de prevención.

El proyecto se puso en marcha hace aproximadamente un año, aportando lo que Walston denomina un "gran paraguas" de conocimientos en áreas que incluyen la atención médica, la investigación, la inteligencia artificial y la tecnología, la ingeniería y los negocios. Los estudiantes de Hopkins tienen la oportunidad de participar, al igual que algunas empresas y universidades externas que tienen innovaciones relacionadas con el envejecimiento por desarrollar.

Gran parte de la investigación se basa en décadas de trabajo en Hopkins y en otros lugares. Algunos de los esfuerzos que se están llevando a cabo en el marco del proyecto acerca del envejecimiento se encuentran ya en fases avanzadas. Los dispositivos y las terapias que están listos para ser sometidos a ensayos en humanos pueden buscar voluntarios entre un amplio grupo de pacientes geriátricos de Hopkins.

El esfuerzo es urgente. Según las estadísticas federales, más de 54 millones de estadounidenses tienen 65 años o más, es decir, el 16 por ciento de la población. Se espera que esta cifra aumente a casi 22por ciento en 2040, y se prevé que el número de personas de 85 años o más se duplique.

La mayoría de las personas mayores padecen al menos una enfermedad crónica y muchas tienen múltiples afecciones, que pueden incluir deficiencias físicas y cognitivas.

Muchas personas mayores desean "envejecer en casa" con apoyo externo e incluso gubernamental para permanecer en el hogar, pero eso es menos posible cuanto más debilitadas están las personas, dijo Walston.

El proyecto de envejecimiento solicitará una subvención para sufragar determinados esfuerzos. El proyecto de Hopkins es una de las tres instituciones académicas a las que el Instituto Nacional del Envejecimiento (NIA) ha concedido 20 millones de dólares, que se destinarán específicamente a trabajos de inteligencia artificial y tecnología. Hopkins repartirá subvenciones de hasta 200,000 dólares a lo largo de cinco años, y parte del dinero se destinará a universidades y empresas externas que quieran asociarse con Hopkins con dispositivos y otras innovaciones para los adultos mayores.

NIA buscaba centros académicos que pudieran generar ideas de alta tecnología y desarrollarlas, dijo Partha Bhattacharyya, director de programas de Division of Behavioral and Social Research (BSR) del instituto y funcionario encargado de supervisar el programa de subvenciones.

Bhattacharyya dijo que NIA buscaba que los centros desarrollaran dispositivos y terapias que ayudaran específicamente a los adultos mayores a vivir de forma independiente en casa. Eso significa, por ejemplo, buscar tecnología que ayude a tomar decisiones, coordinar la atención entre los médicos o apoyar la terapia cognitiva.

"NIA adopta un enfoque global de la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías, y somos conscientes de que las soluciones tecnológicas para su uso en hogares y comunidades requerirán la coordinación de una amplia gama de disciplinas y sectores económicos", dijo.

Hopkins ya había conseguido casi 16 millones de dólares en otras subvenciones de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), centradas en la fragilidad y la resistencia en el envejecimiento, que incluían dinero para formar a nuevos investigadores en estas áreas.

El proyecto ha nombrado a varios "becarios" de Hopkins, expertos en sus campos, quienes han recibido 6 millones de dólares en subvenciones filantrópicas. Están trabajando en ingeniería, biología, transformación de la ciencia básica en terapias reales y justicia social. El programa específicamente le pedía específicamente a los becarios que buscaran una ciencia que involucrara más profundamente a los adultos mayores desatendidos en Baltimore, así como de otras partes del país, y establecía que cualquier dispositivo o terapia resultante del proyecto fuera accesible financiera y físicamente .

Uno de los proyectos que ya está en marcha, por ejemplo, usa tecnología de imagen para detectar cataratas sin necesidad de un oftalmólogo, quien puede escasear en las zonas rurales y en las zonas urbanas desatendidas. Walston dijo que la equidad y la diversidad serán un elemento importante del proyecto de envejecimiento.

Otra rama del proyecto incluye a los estudiantes de ingeniería, quienes trabajarán con los profesores para desarrollar nuevos dispositivos.

Joshua Blair, estudiante de maestría en ingeniería, se está preparando para probar un dispositivo que promueva una mayor calidad de sueño y la retención de la memoria, un problema común entre los adultos mayores, especialmente los que padecen demencia u otros trastornos cognitivos.

El dispositivo usa sensores y estimula la parte del cerebro en donde las experiencias se convierten en recuerdos durante el sueño profundo. La idea es que la gente se despierte más descansada y perspicaz.

"Podremos ver al instante si está funcionando", dijo Blair.

El doctor Peter Abadir, profesor de medicina en Hopkins, había llevado a estudiantes de ingeniería a clínicas de pacientes para ver si podían despertar el interés y las ideas respecto a formas de mejorar la vida de los adultos mayores. Descubrió que muchos se dispusieron a desarrollar algo que podrían probar y convertir en un producto real.

Está previsto que el dispositivo de sueño se pruebe este verano en un laboratorio de sueño en Hopkins.

"Queremos que las cosas sucedan hoy, no dentro de 20 años", dijo Abadir. "Pero nos aseguramos de no acabar con algo que no sea práctico o eficaz".

Ahí es donde entrará en juego parte de la experiencia empresarial de la universidad, dijo Abadir, evaluando los mercados y convirtiendo las ideas en productos.

El proyecto de envejecimiento también incluye el trabajo en los laboratorios, en donde los investigadores evalúan los procesos biológicos básicos en busca de pistas de por qué se desarrollan las condiciones relacionadas con la edad y qué hacer al respecto.

Un día reciente, Nick Milcik, especialista en investigación del departamento de geriatría de Hopkins, estaba manipulando algunas muestras de cortisol tomadas de la saliva de pacientes quirúrgicos a lo largo del tiempo. Los investigadores esperan ver si los niveles de la hormona del estrés pueden ayudar a predecir, por ejemplo, quiénes saldrán bien parados luego de una operación de prótesis de rodilla. Eso podría indicarle a los médicos cuándo pueden seguir adelante y cuándo deben retrasar o cancelar las intervenciones en pacientes con pocas probabilidades de beneficiarse.

Reyhan Westbrook, profesor de medicina geriátrica, trabaja en el laboratorio estudiando el papel de la inflamación en el envejecimiento y cómo poder controlar cuando hay demasiada. En concreto, se centra en un aminoácido regulador del sueño llamado triptófano, que tiene efectos antiinflamatorios y podría contribuir a una terapia.

Una parte de la inflamación es necesaria como defensa contra las infecciones y las lesiones, explicó Westbrook, "pero es un problema cuando se sobrecarga. Se amplifica en las personas mayores".

Algunas de las investigaciones han ido más allá del laboratorio. Uno de los estudiosos del proyecto es el doctor Alex Pantelyat, profesor adjunto de neurología y director de Center for Music and Medicine de Johns Hopkins. No es musicoterapeuta, pero usa el ritmo y la música como medicina, a veces tocando el violín para los pacientes.

Pantelyat afirma que ya hay muchas pruebas de los beneficios de la música para el bienestar y la curación; él busca nuevas formas de aprovechar esos beneficios.

Entre los esfuerzos que está llevando a cabo en el marco del proyecto de envejecimiento se encuentra un dispositivo portátil que usa la música para mejorar la movilidad de los enfermos de Parkinson, un trastorno progresivo del sistema nervioso que afecta al movimiento y que es común en las personas mayores. Los enfermos suelen tener problemas para caminar y corren el riesgo de caerse.

Las caídas son un problema de salud importante, que provoca discapacidades y un número importante de muertes. Uno de cada cuatro adultos mayores se cae cada año, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Esto supone un gasto médico de decenas de miles de millones en lesiones mortales y no mortales.

Pantelyat está probando un producto desarrollado con una empresa de Maine que usa música rítmica para normalizar el andar de las personas. El cerebro humano responde naturalmente a un ritmo y el dispositivo entrenará a personas que escuchen una música específica y caminen durante 30 minutos al día. Un sensor en los zapatos del usuario acelera o ralentiza el ritmo con la velocidad del caminante.

"Si podemos reducir las caídas... eso realmente sería el santo grial", dijo. "Las intervenciones basadas en la música que incorporan el ritmo no tienen efectos secundarios. Sería realmente un logro importante".

Se espera que los ensayos clínicos comiencen este verano.

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