Desde 'el Joe de Scranton' que apoyaba a la clase media hasta el presidente que lucha por los pobres

Michael D. Shear, Carl Hulse and Jonathan Martin
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El presidente Joe Biden toma apuntes durante una reunión con los estadounidenses que se beneficiarían de las medidas de alivio por la pandemia próximas a aprobarse, en la Casa Blanca, el 5 de marzo de 2021. (Al Drago/The New York Times)
El presidente Joe Biden toma apuntes durante una reunión con los estadounidenses que se beneficiarían de las medidas de alivio por la pandemia próximas a aprobarse, en la Casa Blanca, el 5 de marzo de 2021. (Al Drago/The New York Times)
El presidente Joe Biden saluda a los voluntarios del Banco de Alimentos de Houston, en Houston, el viernes 26 de febrero de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Joe Biden saluda a los voluntarios del Banco de Alimentos de Houston, en Houston, el viernes 26 de febrero de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

WASHINGTON — Días antes de su toma de posesión, el presidente electo Joe Biden estaba contemplando un plan de rescate por 1,3 billones de dólares orientado específicamente a la clase media a la que siempre ha defendido, pero que fue reduciendo para atraer un poco de apoyo de los republicanos.

En una conversación privada, el senador demócrata por Nueva York, Chuck Schumer, quien ahora es el líder de la mayoría, se sumó a otros demócratas y exhortó a Biden a pensar en grande. Es cierto que la pandemia del coronavirus había trastornado la vida de las personas de la clase media, pero también había sumido a millones de personas en la pobreza. Ahora que los demócratas tenían el control, el nuevo presidente debía presionar para obtener algo más cercano a los dos billones de dólares, le dijo Schumer a Biden.

El viernes, el Joe Biden de Scranton, cuya identidad política de cinco décadas en gran parte ha estado determinada por su interés hacia los sindicalistas y los comerciantes de clase trabajadora como los que habitaban en su pueblo natal de Pensilvania, promulgará un plan de gastos por 1,9 billones de dólares que engloba la mayor iniciativa contra la pobreza en una generación.

Su nuevo papel como paladín de los pobres supone una evolución para Biden, quien, por ocupar la presidencia de comités en el Senado, pasó gran parte de sus 36 años en el Congreso trabajando en temas de política exterior, contiendas judiciales, control de armas y justicia penal. Casi siempre dejó que otras personas se ocuparan de la política económica interna.

No obstante, sus colaboradores afirman que Biden ha aceptado su nuevo papel; y, en parte, lo ha hecho al seguir a los progresistas de su partido hacia la izquierda y al escuchar las exhortaciones de su círculo más cercano de aprovechar el poder de los demócratas para introducir cambios de gran envergadura en vez de cambios graduales. Sus colaboradores dicen que también lo ha impulsado la desigualdad que se ve en el sufrimiento y el dolor que la pandemia ha infligido en los estadounidenses más pobres.

“Todos crecemos”, comentó el representante de Carolina del Sur, James E. Clyburn, el tercer demócrata en el rango de liderazgo de la Cámara Baja, cuyo respaldo a Biden en las elecciones primarias fue primordial para que ganara la presidencia. “Durante la campaña, admitió lo que estaba sucediendo en este país, el problema de la pandemia. Es algo que no habíamos visto en cien años. Si se va a hacer frente al impacto del coronavirus, se tienen que abordar las desigualdades económicas que existen en el país”.

Un enorme porcentaje del dinero aprobado por el Congreso beneficiará a los estadounidenses de menores ingresos, y contempla créditos fiscales y cheques directos, de los cuales casi la mitad se entregarán a las personas desempleadas, a las que están por debajo del umbral de pobreza o a las que apenas ganan lo suficiente para alimentar y darle techo a su familia. Se usarán miles de millones de dólares para ampliar las prestaciones por desempleo. Los créditos fiscales por hijos beneficiarán principalmente a los estadounidenses más pobres.

“Millones de personas están sin empleo y eso no es su culpa”, señaló el presidente momentos después de que el Senado aprobara la ley de ayuda durante el fin de semana. “Quiero recalcarlo: no es su culpa. Las filas de los bancos de alimentos se extienden por kilómetros. ¿Alguien de ustedes alguna vez pensó que vería eso en Estados Unidos, en ciudades de todo el país?”.

Los asesores más cercanos del presidente insisten en que la iniciativa contra la pobreza de largo alcance —una estrategia esencial del ala progresista del Partido Demócrata— no es tanto un cambio ideológico de las raíces de clase media de Biden sino una respuesta al momento en el que se encuentra: al frente de una crisis sanitaria histórica que ha incrementado muchísimo la cifra de estadounidenses pobres.

De inmediato señalan que el Plan de Rescate Estadounidense del presidente también destina grandes sumas de dinero a las personas de ingresos medios que tienen empleo pero también dificultades. Las familias de trabajadores que ganan 150.000 dólares al año recibirán pagos directos, ayuda para el cuidado infantil y créditos fiscales ampliados por hijos que fortalecerán sus ingresos anuales durante la pandemia.

Los antiguos compañeros de Biden en el Senado también reconocieron que nunca había impulsado la política económica liberal.

Biden, quien a los 29 años fue candidato al Senado, promovía los derechos civiles y se oponía a la guerra de Vietnam, posteriormente viró hacia el centro y, en 1996, se adaptó al momento político al apoyar una reforma bipartidista a las prestaciones sociales respaldada por el presidente Bill Clinton, pero a la que se oponían mucho liberales que la consideraban represiva y con motivaciones políticas. Ahora, Biden está adoptando una expansión extraordinaria del Estado benefactor cuyo precio es un poco menos de la mitad de lo que gastó todo el gobierno federal en 2019.

“Se ha puesto al frente y le ha imprimido su sello”, señaló Rahm Emanuel, exalcalde de Chicago y antiguo jefe de gabinete de la Casa Blanca.

Tom Daschle, el exlíder demócrata del Senado y colega de Biden desde hace mucho tiempo, reconoció que el presidente —quien fue presidente del Comité Judicial del Senado de 1987 a 1995 y presidente del Comité de Relaciones Exteriores de 2001 a 2003— en esos años no fue líder en política económica. Pero afirmó que era natural que, dadas las condiciones del país, ahora la abordara de manera contundente.

“Los tiempos han cambiado”, comentó Daschle, y mencionó que “en los últimos años, las desigualdades económicas y raciales se han agravado, se comprenden mejor y son más importantes”. Hizo referencia al nuevo crédito fiscal por hijos de 3000 dólares, un beneficio provisional incluido en el paquete, y comparó su potencial de transformación con el programa de Medicare que se aprobó en el gobierno del presidente Lyndon B. Johnson, si este llega a ser permanente.

“Si es así, o cuando lo sea, se verá a Joe Biden como el LBJ para las familias de bajos ingresos por mejorar de manera drástica su situación económica”, aseguró Daschle.

Durante la campaña presidencial, Biden habló de “reconstruir la columna vertebral del país”, una frase que en ocasiones parecía incluir la promesa de ofrecer una importante ayuda a la gente que se encuentra en la parte inferior de la escala económica.

“Terminar con la pobreza no solo será un anhelo, sino una manera de construir una nueva economía”, afirmó en 2019, cuando hacía campaña para la nominación presidencial en el Partido Demócrata. Ya en el Despacho Oval, Biden colgó una fotografía del presidente Franklin D. Roosevelt e hizo referencia al mandatario de la época de la Gran Depresión en sus conversaciones privadas con legisladores.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company