Joe Biden anunció su megaplán billonario de gasto social y ambiental

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Gemunu Amarasinghe

WASHINGTON.- Luego de meses de duras negociaciones, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, presentó la versión final de su ambiciosa agenda doméstica que aspira a realizar una inversión histórica durante la próxima década para combatir el cambio climático, ampliar el respaldo del gobierno federal a las familias para educación, salud y vivienda, y marcar el camino hacia una economía verde y competitiva en la era de la recuperación a la pandemia del coronavirus.

Al presentar su propuesta final en la Casa Blanca, Biden dijo que Estados Unidos se enfrenta a “un punto de inflexión” y que su plan le permitirá al país mantener su ventaja competitiva en el mundo con inversiones focalizadas en la gente que reducirán la desigualdad, fortalecerán a la clase media y los trabajadores, y bajarán la pobreza sin aumentar el déficit fiscal, además de aliviar, de paso, las presiones inflacionarias, el último dolor de cabeza que provocó la pandemia en la economía.

“Estados Unidos sigue siendo la economía más grande del mundo, tenemos los trabajadores más productivos y las mentes más innovadoras del mundo, pero corremos el riesgo de perder nuestra ventaja como nación”, advirtió Biden en un discurso en la Casa Blanca. “No podemos ser competitivos en el siglo XXI en la economía global si seguimos derrapando”, insistió.

El plan contempla una histórica expansión del gasto público por 1,75 billón de dólares durante la próxima década. Las dos principales prioridades serán la lucha contra el cambio climático, con un plan de inversiones por 555.000 millones de dólares, y los niños y la educación infantil, a quienes se destinarán 600.000 millones de dólares.

El paquete, presentado bajo el mantra proselitista de Biden, “Reconstruir Mejor”, será financiado con reformas tributarias que, en la práctica, elevarán los pagos de impuestos de las grandes corporaciones, y una nueva “sobretasa” en el impuesto a las ganancias para las personas que ganan más de 10 millones de dólares, que funcionará como un impuesto a la riqueza.

Cambio de planes

Aunque el plan forjado por Biden y su administración es histórico, y está envuelto en la misma tradición expansionista del papel del gobierno federal en la vida diaria de los norteamericanos que definió a otros presidentes demócratas, como Franklin Delano Roosevelt, Lyndon B. Johnson o Barack Obama –quien llamó al plan “un gran salto adelante”–, el paquete final que logró la Casa Blanca tras arduas negociaciones quedó bastante lejos de las ambiciones originales de Biden y el ala progresista del oficialismo.

De la aspiración original de 3,5 billones de dólares, la Casa Blanca se vio forzada a achicar y borrar iniciativas hasta reducir el plan a 1,75 billón de dólares. Con todo, la cifra quedó muy por encima de cualquier inversión del gobierno federal desde, al menos, la posguerra. En el camino quedaron varias promesas de campaña y reformas que buscaban reducir la desigualdad y ampliar la red de contención social, como la idea de brindar dos años de educación universitaria gratuita para las familias de menores ingresos, o de financiar un período de licencia por maternidad, que pasó de 12 semanas en el plan original a cuatro durante las negociaciones, y al final quedó afuera.

Nadie consiguió todo lo que quería, incluyéndome a mí. Pero eso es el compromiso. Eso es consenso. Y eso es lo que prometí”, dijo Biden, quien a pesar de los recortes y las iniciativas que quedaron encajonadas, prometió: “Seremos dueños del futuro”.

Las principales reformas sociales del plan son la educación universal preescolar para niños de tres y cuatro años, la extensión por un año de un crédito fiscal por hijo –un programa similar a la Asignación Universal por Hijo (AUH)–, que según los demócratas reduce a la mitad la pobreza infantil, y la expansión de la cobertura de salud brindada por Obacamare, la reforma de salud de Obama, y de Medicare y Medicaid, los programas de salud del gobierno federal para los ancianos y los pobres. A esas medidas se suma un plan para construir un millón de viviendas, y una inversión de más de medio billón de dólares para combatir el cambio climático, que, de ser aprobado por el Congreso, será el primer plan para proteger el medio ambiente que recibe apoyo parlamentario en Estados Unidos.

La agenda de Biden aún debe sortear el Congreso. Los demócratas deben aprobar dos leyes: el plan de infraestructura por un billón de dólares, que tiene media sanción del Senado, y el nuevo plan de “infraestructura humana” por 1,75 billón de dólares, que debe ser votado por ambas cámaras. De llegar ambos al Salón Oval para la firma de Biden, la inyección final durante la próxima década sumará casi tres billones de dólares, alrededor de la mitad de los seis billones original que aspiraba conseguir Biden.

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