Jiajie Yu Yan: “Mi mayor éxito será hacer una película donde la comunidad china se trate con una mirada sana y sin prejuicios”

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De pequeño Jiajie Yu Yan (Barcelona, 1989) participó en unos anuncios como personaje secundario y en otros en el papel de protagonista. Durante una de esas experiencias le terminó de seducir el mundo de los rodajes y la atmósfera creada durante esos días de vorágine. En ese camino descubrió que lo suyo era contar historias a través del cine, así que aparcó sus planes de estudiar medicina y decidió enfocarse en una pasión que el tiempo ha demostrado que fue acertada. Ahora cosecha éxitos como la nominación a los Goya en 2020, la aparición en multitud de festivales y una residencia en la Academia de Cine que le ha colocado en el proceso para crear el guión de su primer largometraje.

Ahora, cuando en sus cascos suenan en bucle las canciones de Ty Segall, restringe el uso de Instagram para evitar obsesionarse y abre la puerta a la meditación guiada, transita por un proceso inacabado de adentrarse en sus identidades y los conflictos derivados que durante un tiempo le hicieron desconectarse de la identidad china proveniente de sus padres, fundadores de uno de los primeros restaurantes chinos en Barcelona. Dilemas y descubrimientos que alimentan sus trabajos en el cine. De todo ello y más charlamos en esta entrega de ‘España no es (solo) blanca’.

Tus padres regentaban uno de los primeros restaurantes chinos de Barcelona, lo que me recordó a la iniciativa de Paloma Chen, ‘Crecer en un chino: hablan los hijos de los restaurantes y bazares de todo a 100’. ¿Cómo fue crecer en ese contexto?

Creo que muy bien. En Barcelona hice amigos, tengo todavía a mi familia y ya a Madrid me vine solo. Tuve una buena adolescencia y los estudios se me daban bien. Pero ahora que estoy escribiendo una película y rememorando muchas cosas, una cosa que ha salido es el tema del apego y las relaciones, sobre todo con la familia, con la que tengo una buena relación, pero no del estilo occidental. Te comparas con tus amigos, por ejemplo, cuando vas a casa de tus amigos a dormir y ves que la cena y la sobremesa dura dos horas, los padres dicen te quiero para dar un beso de buenas noches… En la adolescencia no le daba importancia, pero al escribir la película que estoy haciendo ahora he tenido conversaciones más serias con la familia.

Hay una cosa también, y es que no quería tener amigos chinos ni tener relación con gente china. La única era con mi familia, única y exclusivamente. Al llegar a Madrid, el cine me ayudó a entender los orígenes y mis raíces, empecé a tener contacto con gente como Antonio Liu Yang, que me introdujo a la juventud china y española. Una de las primeras a las que conocí fue a Paloma Chen, pero también a Susana Ye, Quan Zhou, Chenta Tsai… y fue la hostia. Hasta ese momento no fui consciente de lo que compartíamos y que no podía verbalizar con mis amigos de toda la vida, lo de rechazar mis orígenes y raíces. Me voló la cabeza ver que éramos gente que nos entendíamos y vivíamos unas fases similares. Ahora varias personas queremos impulsar un grupo motor de jóvenes artistas de la comunidad china, nacidos en España aunque no excluyente, porque es guay darnos un apoyo y conocer a más gente sobre la que tener referencias. Incluso a mí mismo, que cuando he querido buscar actores chinos me ha costado.

Has mencionado varios nombres clave de la comunidad asiática que estáis levantando la voz y marcando presencia. Tú mismo eres uno de ellos. ¿Cómo sientes esa responsabilidad?

Hay presión. Si te soy sincero, tengo ese dilema y lo he hablado mucho con Paloma Chen. Sin querer parecer excesivamente épico o exagerado, creo que estamos haciendo algo histórico. Soy consciente de que lo es, pero lo hacemos todos, cada uno desde su ámbito. La emigración china en España es reciente y ya tenemos la edad para cambiar esto. Soy consciente de que esto es histórico, pero a la vez, si hablo desde mi punto de vista personal, nunca me he planteado hasta qué punto lo que yo hago puede cambiar cosas o ser una referencia. No quiero tener ese ego, pienso que todos estamos haciendo que avancemos.

De pequeño hiciste algunos pinitos como actor, sobre todo en anuncios. Tu plan era estudiar medicina, pero terminaste decantando por el cine. ¿Qué pasó en ese proceso?

Con 17 años estaba en segundo de bachillerato y ya había hecho algún que otro anuncio. Sobre todo como personaje secundario, pero alguno de protagonista. Entonces, hice un anuncio de Pepsi, una campaña mundial, para la que vino un director americano. Fueron cinco días de rodaje en los que fui actor protagonista junto con otros cinco niños. La experiencia fue tan brutal que dije: “Hostia, aquí hay algo que me atrae mucho”. El rodaje, el buen rollo, la idea de que no hay rutinas, que hoy estás aquí y mañana en otro sitio… Todo eso me atraía y es a partir de ahí cuando decidí estudiar Comunicación Audiovisual. Poco a poco empecé a ver de manera obsesiva cine, cine, cine. Pensaba que mi pasión era estar en un rodaje, pero me di cuenta de que es hacer cine, contar historias, y eso coincidió con una etapa mía de mucha reflexión y de intentar entender muchas cosas. El cine llegó en un momento bastante clave para mí.

Al final parece que te ha ido muy bien, sobre todo con ‘Xiao Xian’, un trabajo nominado a los Goya en 2020 como mejor cortometraje de ficción. ¿Cómo has vivido este salto que te ha llevado al radar de otros festivales de cine?

Sí, la verdad es que el Goya ha sido un antes y un después. Es mediático, ayuda y te expone mucho de manera positiva. A raíz del Goya viví cosas muy buenas y reuniones muy interesantes. Conseguí la residencia donde estoy escribiendo mi primer largometraje de ficción, que es para mí el salto más importante, el hacer mi primera película. Profesionalmente hablando, me ha ayudado mucho a llegar al punto en el que estoy.

XIAO XIAN | Short Film from Jiajie Yu on Vimeo.

Además de tus proyectos propios, también realizas trabajos para marcas, como el corto ‘The Lonely Prince’. ¿Qué diferencias hay entre trabajar para una compañía y hacerlo en un proyecto personal?

Me lo curro todo igual, pero cuando es una película tuya obviamente el apego que le tienes es distinto. La publicidad y el videoclip es mucho más acelerado y rápido. Con ‘Xiao Xian’ tardé dos meses en tener un montaje, pero una publi de hace poco tardé como un día. Es otra dinámica, otro ritmo, el cine es más lento y pausado, te permite darle vueltas. Te puedes dar el lujo de descansar dos semanas, desconectar de la historia para volver a leer y conectar con otros ojos. Eso en la publicidad no te lo puedes permitir.

En el videoclip que dirigiste de la canción Soul, de The Prussians, aparece el influencer negro Omar el Pretinho. Eso me hace querer preguntarte por cuál es tu relación con las redes sociales, ahora que se han convertido en uno de los principales escaparates del trabajo que uno hace.

Si me hubieras preguntado esto hace un año y medio, o dos, un poco antes de la pandemia, te hubiera dicho que estaba obsesionado. Entraba muchísimo a Instagram, en Twitter he empezado a ser activo hace relativamente poco, pero con Instagram estaba obsesionado. Un amigo me lo dijo y yo en ese momento decía que lo tenía todo controlado, pero me estaba engañando. Descubrí que se podía mirar cuántas horas dedicadas a Instagram y cuando lo vi me dio un ataque al corazón, eran unas seis horas al día. Me sorprendió mucho, pensé que se me había ido la olla y cuando llegó la pandemia, como terapia de choque, me quité Instagram. Lo dejé de usar y ahora mi media es muy sana, de 10 o 15 minutos al día.

Las redes sociales son muy importantes para nuestro oficio, porque tienes un público y tener una audiencia es la mejor manera de enseñar tu trabajo, de promocionarte, dar a conocer tu trabajo... Es imprescindible y necesario, pero obviamente siempre desde algo sano y lógico. Para un cineasta las redes sociales son la mejor manera de enseñar tu trabajo.

Hace unos años, en una entrevista, dijiste que los jóvenes cineastas lo tenéis difícil para progresar. ¿Qué es lo que se interpone en ese camino?

Hay una parte que tiene que ver con tener contactos que a veces es difícil tener ciertos accesos a ciertas productoras o a la la industria en general. Te encuentras con las puertas un poco más cerradas. Los contactos en el cine son súper importantes. Luego para las subvenciones, que van por un sistema de puntos, hay momentos en que si no puedes dar un primer paso, estás como bloqueado. Una vez sales del bucle te empieza a ir bien. Por ejemplo, yo a raíz de tener algunos puntos que tengo podría pedir subvenciones. Pero para estar los Goya he necesitado tener un corto con cierta logística o preparación que no todo el mundo se puede permitir, porque a veces hay gente que lo tiene.

Ahora aunque todo el mundo habla de la democratización del cine, que es cierto porque todo es mucho más barato, más sencillo e incluso se puede grabar con un móvil, sí que creo que hay ciertas barreras. Antes de los Goya yo llevaba ya en esto más de diez años currando, pero estaba más en la sombra. Veía resultados, pero muy pequeños, hasta los Goya. Ahí me cambia todo, pero claro, cuánta gente aguanta.

¿Qué es lo próximo que vamos a ver de ti?

Tengo muy claro que hacer mi película, se llama ‘San Dai Shi Guang’, que traducido es ‘Tres edades’’. Es una historia para mí muy importante porque habla de un niño que crece en España, con ciertas dificultades y cierta desconexión. Es una historia bastante personal pero no es autobiográfica, la historia es totalmente ficcionada y yo no soy el protagonista, pero obviamente hay parte de mí en la película. Mi mayor prioridad y mi mayor éxito es poder hacer una película donde la comunidad china se trate desde una mirada sana, sin prejuicios y sin la parte racial que hay en películas o programas de televisión como ‘El Hormiguero’.

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