El jardín de los placeres de Calígula, desenterrado y restaurado

Franz Lidz
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Una máscara teatral en partículas de mármol, recuperada del Jardín de Lamiano, el jardín del placer del emperador romano Calígula, en el Museo Ninfeo en Roma, el 9 de diciembre de 2020. (Nadia Shira Cohen/The New York Times)
Una máscara teatral en partículas de mármol, recuperada del Jardín de Lamiano, el jardín del placer del emperador romano Calígula, en el Museo Ninfeo en Roma, el 9 de diciembre de 2020. (Nadia Shira Cohen/The New York Times)

El cuarto de los doce césares, Calígula —oficialmente, Cayo Julio César Augusto Germánico— fue un populista caprichoso e irascible del siglo I, que es recordado, tal vez de manera injusta, como el gobernante más tiránico del Imperio. Como lo reportó Suetonio, el Michael Wolff de la Roma antigua, nunca olvidaba un desprecio, dormía tan solo unas pocas horas por la noche y se casó varias veces, la última vez con una mujer llamada Milonia.

Durante los cuatro años que Calígula ocupó el trono romano, su escondite favorito fue una estancia imperial del placer conocida como los Jardines de Lamiano. El enorme recinto residencial se extendía hasta el Esquilino, una de las siete colinas sobre las cuales se construyó la ciudad originalmente, en el área cercana a la actual Piazza Vittorio Emanuele II.

Ahí, apenas dentro de los límites de la ciudad, se montaron villas, santuarios y salas de banquetes en paisajes “naturales” construidos con mucho cuidado. Los Jardines de Lamiano, una especie de reserva natural de la Antigüedad, tenía orquídeas, fuentes, terrazas, una terma adornada con mármoles de colores preciosos provenientes de todo el Mediterráneo y animales exóticos, algunos de los cuales se usaron, como en el Coliseo, para juegos circenses privados.

El año 41 d. C., cuando Calígula fue asesinado en su palacio del monte Palatino, se trasladó su cuerpo a ese lugar, donde fue cremado y enterrado con prisa antes de llevarse al Mausoleo de Augusto en el Campo de Marte, al norte de la colina Capitolina.

Durante mucho tiempo, los historiadores creyeron que los restos de las fastuosas casas y áreas verdes nunca se iban a recuperar. Sin embargo, esta primavera, el Ministerio de Bienes y Actividades Culturales y Turismo de Italia planea abrir el Museo Ninfeo de la Piazza Vittorio, una galería subterránea que presentará una sección del jardín imperial que fue desenterrado durante una excavación realizada de 2006 a 2015.

En la excavación, realizada debajo de los escombros de un complejo de apartamentos del siglo XIX declarado en ruinas, se encontraron gemas, monedas, joyas, cerámica, vidrio de camafeo, una máscara teatral, semillas de plantas como toronja, albaricoque y acacia que habían sido importadas desde Asia, y huesos de pavorreales, venados, leones, osos y avestruces.

“Las ruinas cuentan historias extraordinarias, empezando por los animales”, opinó Mirella Serlorenzi, la directora de excavaciones del Ministerio de Cultura. “No es difícil imaginar animales, algunos enjaulados y algunos corriendo libres, en este lugar encantado”.

El Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Roma La Sapienza colaboró en el proyecto.

Los objetos y los restos estructurales en exposición en el museo pintan un retrato vívido de riqueza, poder y opulencia. Entre los ejemplos deslumbrantes de la destreza de la Roma antigua se encuentran mosaicos y frescos complejos, una escalera de mármol, capiteles de mármol y caliza de colores, y un prendedor de bronce de la guardia imperial con incrustaciones de oro y nácar.

“Se encontró el arte y los objetos más refinados que se hayan producido en la era imperial”, comentó Serlorenzi.

La clasicista Daisy Dunn señaló que los hallazgos eran incluso más extravagantes de lo que habían anticipado los académicos. “Los frescos tienen un ornato increíble y de un muy alto nivel decorativo”, hizo notar Dunn, cuyo libro “In the Shadow of Vesuvius” es una biografía doble de Plinio el Viejo —un contemporáneo de Calígula— y su sobrino Plinio el Joven. “Si consideramos las descripciones sobre el estilo de vida libertino y el apetito por los lujos de Calígula, podríamos haber esperado que los diseños fueran de mal gusto”.

La última excavación del jardín se desarrolló debajo de los restos de las residencias, las cuales fueron evacuadas en la década de 1970 tras el colapso de un edificio. Al igual que en la exhumación de Ricardo III realizada en 2012 en Leicester, Inglaterra, el desenterramiento involucró un estacionamiento moderno.

Hace dieciséis años, Enpam, una fundación privada que administra pensiones para doctores y dentistas italianos, compró la propiedad de 1,4 hectáreas. La perforación exploratoria para edificar unas nuevas oficinas centrales y un estacionamiento subterráneo produjo el hallazgo de las reliquias del siglo I, desde el tipo de vidrio en las ventanas que describió Filón hasta tuberías de plomo estampadas con el nombre de Claudio, el tío y sucesor de Calígula.

Un busto de mármol del emperador romano Calígula en exhibición en el Palazzo Massimo en Roma, el 9 de diciembre de 2020. (Nadia Shira Cohen/The New York Times)
Un busto de mármol del emperador romano Calígula en exhibición en el Palazzo Massimo en Roma, el 9 de diciembre de 2020. (Nadia Shira Cohen/The New York Times)

Mientras los equipos de construcción levantaban el edificio de oficinas de cinco pisos, los arqueólogos dentro de una zanja a cinco metros de profundidad —por debajo del nivel de la calle— tamizaban y eliminaban la tierra con cuidado. En un laboratorio del otro lado de la ciudad, unos paleobotánicos y arqueozoólogos analizaban los fragmentos, y unos investigadores reparaban un fresco en un muro de tres metros de alto pintado con pigmento hecho de cinabrio en polvo. Enpam sufragó los 3,5 millones de dólares que costó todo el proyecto de conservación y restauración.

En 2017, comenzaron las obras de construcción para el Museo Ninfeo. “El nuevo espacio, en el sótano de Enpam, revela uno de los lugares míticos de la capital del imperio, una de las residencias con jardines que les fascinaban a los emperadores”, comentó Daniela Porro, la directora del museo.

Todavía no se sabe qué implicaciones tendrá todo esto en la reputación aparentemente irredimible de Calígula.

Calígula aparece en “Las vidas de los doce césares” de Suetonio, escrito 80 años después de que el emperador fuera liquidado, retratado como un depravado total: tuvo relaciones incestuosas con sus hermanas, se acostó con cualquiera que se le anojara, utilizó a los criminales como alimento para sus bestias salvajes cuando la carne de res era demasiado cara y, en una ocasión, insistió en que un súbdito leal, el cual había prometido dar su vida si el emperador sobrevivía a una enfermedad, cumpliera su promesa y muriera.

Mary Bear, profesora de estudios clásicos en la Universidad de Cambridge, propuso que, aunque Calígula tal vez fue asesinado por ser un monstruo, es igual de posible que se le haya convertido en un monstruo porque fue asesinado.

En su libro “SPQR: Una historia de la antigua Roma”, su valioso libro de historia sobre Roma, Bear arguye que “es difícil resistirse a la conclusión de que, sin importar cuánta verdad posean, las historias contadas sobre él son una mezcla inextricable de hechos, exageraciones, malinterpretaciones deliberadas e invenciones descaradas, principalmente creadas después de su muerte y en beneficio del nuevo emperador, Claudio”.

Si la historia le dio un trato injusto a Calígula es tema de un debate obstinado.

“Claramente hay sesgos en las fuentes”, admitió Dunn. “Pero, incluso sin eso, es difícil concebirlo como un buen emperador. Dudo que estos nuevos descubrimientos hagan mucho por rehabilitarlo. Pero deberían abrir nuevas perspectivas sobre su mundo, y revelar que fue tan paradisiaco como deseó que lo fuera”.

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This article originally appeared in The New York Times.

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