Gobierno iraní dice que las protestas dañaron decenas de comisarías y bancos

Agencia EFE

Teherán, 27 nov (EFE).- El ministro iraní del Interior, Abdolreza Rahmaní Fazlí, informó este miércoles de que cientos de bancos y decenas de sedes policiales fueron atacados e incendiados durante las recientes protestas por la subida del precio de la gasolina en las que, según las ONG, han muerto más de 140 personas.

Rahmaní Fazlí explicó que entre los objetivos de la destrucción figuran 731 sucursales bancarias, 140 propiedades públicas, 70 gasolineras, 50 sedes policiales, nueve centros religiosos, tres centenares de coches civiles, 183 vehículos militares, un millar de motocicletas y 34 ambulancias.

El ministro ofreció así su primer balance de daños materiales pero no detalló las pérdidas humanas, limitándose a acusar a "los vándalos" de ser los causantes de las víctimas mortales mediante armas como escopetas de caza, cuchillos y piedras o por provocar incendios.

Sin embargo, tanto Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado que más de 140 manifestantes han muerto en una veintena de ciudades por la represión de las fuerzas de seguridad y que los detenidos se cuentan por miles.

Sin aludir a estos informes, el titular de Interior, citado por la agencia oficial IRNA, indicó que en las protestas y disturbios participaron en todo el país no más de 200.000 personas que se desplazaban a distintos lugares.

Entre el 10 y el 20 % de esas personas, según Rahmaní Fazlí, tienen "antecedentes criminales" y quisieron dañar "toda la infraestructura principal del país, incluidas los autopistas".

"En una ciudad intentaron explotar el mayor depósito de gasolina (...) Si ese depósito hubiera explotado, habría quemado la mitad de la ciudad", señaló.

Las protestas comenzaron después de que las autoridades triplicaran el viernes 15 de noviembre el precio de la gasolina y derivaron pronto en una escalada violenta, reprimida por las fuerzas de seguridad.

La ola de descontento se tradujo también desde el principio en fuertes críticas contra el sistema teocrático iraní, lo que ha fomentado que las autoridades acusen a "enemigos" extranjeros como EEUU de instigar las protestas.

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