Así es Jair Bolsonaro, el líder ultraderechista que puede presidir Brasil

Carlota E. Ramírez
Jair Bolsonaro, en un acto en la ciudad brasileña de Taguatinga el pasado 5 de septiembre.

La amenaza ultra se va extendiendo por todo el mundo como una pegajosa mancha de aceite. Brasil, principal potencia de Latinoamérica, ha votado en la primera vuelta por el ultraderechista ha sumado un 46,70% de los votos, según datos oficiales, por lo que disputará una segunda vuelta frente al progresista Fernando Haddad, que acumula un 28,37%.

Muchos brasileños han huido como de la peste de la papeleta de Jair Bolsonaro. Por misógino, racista y fascista. "Es incluso peor que Trump", advierte Stela, una brasileña residente en Escocia. Sin haber llegado al poder, el candidato del partido Social Liberal ha batido un récord: generar la mayor movilización de mujeres en la historia de Brasil.

Bolsonaro, cuyo lema de campaña es "Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos", compite con Fernando Haddad, el reemplazo de Lula en el Partido de los Trabajadores (PT). Al no haber alcanzado ninguno el 50% de los votos, se necesita una segunda votación, prevista para el 28 de octubre.

Bolsonaro y Haddad.

Con 63 años este excapitán del Ejército brasileño ha conseguido pescar en río revuelto en un país en que 7 de cada 10 electores dice desconfiar de los políticos en general y considera corrupta a toda la clase política.

Un salvador para el país

Aunque ha ganado la primera vuelta, Bolsonaro tiene la tasa más alta de rechazo de todos los candidatos, lo que podría jugar en su contra en una segunda vuelta. Sus partidarios —muchos de ellos evangélicos— le ven como un salvador y argumentan que limpiará el país de corrupción. Lo que parecen obviar es el currículum despectivo que lleva Bolsonaro a la espalda. Ha calificado a las mujeres de "ignorantes", "demasiado feas para ser violadas" e "indignas" de tener un salario igual al de los hombres. Este desprecio lo lleva también en el ADN: tras tener cuatro hijos varones, el nacimiento de su niña representó para él un "momento de debilidad".

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