La gestión de pandemia se convierte en una pesadilla para Bolsonaro: el 54% cree que es pésima

Marcelo Silva de Sousa
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EPA

RÍO DE JANEIRO.- La pandemia se convierte en una pesadilla para Jair Bolsonaro. Según una nueva encuesta de Datafolha difundida hoy, el 54% de los brasileños piensa que su gestión sanitaria es pésima. La reprobación era del 42% en diciembre pasado.

Según la encuesta, Bolsonaro mantiene un núcleo duro de apoyo en torno al 30%, y el 22% del país considera excelente la forma en que está manejando la crisis del coronavirus.

En medio de un recrudecimiento del Covid-19 en Brasil, que alcanzó ayer un récord diario con 2841 muertos, la conducción del Ministerio de Salud quedó ahora en manos de Marcelo Queiroga, el cuarto ministro desde el inicio de la pandemia.

Queiroga, presidente de la sociedad brasileña de cardiología, se hizo cargo de la cartera con un mensaje de continuidad respecto a la gestión del general del ejército Eduardo Pazuello, ministro hasta la noche del lunes.

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El cambio en Salud fue decidido por Bolsonaro luego de días de creciente presión de sus aliados para provocar un giro en la gestión del combate al coronavirus, a medida que la situación sanitaria se deteriora y la vacunación avanza por goteo.

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Pazuello enfrentaba una investigación abierta en el Supremo Tribunal Federal por supuestas omisiones del ministerio de Salud que llevaron en enero a decenas de muertes en Manaos por la falta de oxígeno para tratar enfermos. Con la salida del gobierno, la investigación continuará en la primera instancia de la justicia. Durante su gestión, además, el general había defendido la adopción de remedios sin eficacia contra el virus, como la cloroquina, y el programa nacional de vacunación había sufrido interrupciones por problemas en la llegada de vacunas.

Pese a que se esperaba el comienzo de una gestión más alineada con la ciencia, Queiroga ofreció señales contradictorias en su primer día como ministro. El médico, quien se ha mostrado contrario al supuesto “tratamiento precoz” con remedios no probados contra el virus, señaló que llegó al gobierno para ejecutar decisiones del palacio del Planalto.

La política no es del ministro de Salud, es del gobierno de Bolsonaro. Pazuello ha trabajado arduamente para mejorar las condiciones sanitarias de Brasil, fui convocado para dar continuidad a ese trabajo y ver si conseguimos vencer esa crisis de la salud pública, que no sólo es brasileña, es mundial”, aseguró el nuevo ministro de Salud.

“El ministro ejecuta la política del gobierno”, resaltó Queiroga en Brasilia, minutos antes de ingresar a una reunión de transición con Pazuello. En un juego de cintura, el nuevo funcionario evitó criticar el uso de drogas no probadas contra el virus -defendidas por Bolsonaro- y, pese a no indicarlas, dijo que merecen un debate.

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El cambio de conducción en Salud fue interpretado como un gesto para descomprimir la presión sobre el palacio del Planalto, mientras Brasil se acerca a pasos acelerados a los 300.000 muertos por la pandemia. El mayor país de Latinoamérica superó ayer los 281.000 fallecidos, con récord nacional y también en San Pablo, el mayor estado del país que informó 679 muertes.

Bolsonaro fue cambiando el tono en las últimas semanas en relación con la vacunación y los cuidados contra el virus. La semana pasada, luego de un encendido discurso del expresidente Lula da Silva con críticas por la gestión pandémica, el presidente y sus ministros aparecieron en una ceremonia oficial en Brasilia usando barbijo, algo poco habitual. Los hijos del presidente, en tanto, comenzaron a agitar en redes sociales que “la vacuna es el arma” del gobierno en este momento.

Paulo Guedes, ministro de Economía, reforzó este martes la importancia de la vacunación para permitir una “reducción dramática del desempleo y de la economía informal”, mientras que se mostró ansioso por poder recibir su dosis la semana que viene en Brasilia, de acuerdo al calendario para población de 71 años.

Menos del 5% de la población brasileña recibió al menos una dosis de la vacuna contra el Covid-19 en Brasil. En su última conferencia de prensa como ministro el lunes, Pazuello anunció acuerdos de compra para las vacunas de Pfyzer y Janssen. De acuerdo con el cronograma de entregas presentado por el exministro, Brasil tiene garantizadas 545,5 millones de dosis hasta diciembre.

“Cambio cosmético”

Antes que Pazuello, su predecesor, el exministro Nelson Teich había salido del cargo en mayo de 2020 al recibir un ultimátum por divergencias en la ampliación del uso de la cloroquina para tratar casos de Covid-19 pese a la falta de evidencias sobre la efectividad de la droga. Teich, un respetado médico oncólogo, duró un mes en el cargo. Había llegado para reemplazar a Luiz Mandetta, el primer ministro que enfrentó la pandemia y que también había dejado el gobierno en abril del año pasado por diferencias con el presidente relacionadas a la adopción de medidas de distanciamiento social.

Ethel Maciel, doctora en epidemiología y profesora de la Universidad Federal de Espírito Santo (UFES), opinó que el desembarco de Queiroga en el gobierno parece ser apenas un cambio cosmético en un gobierno en el que presidente seguirá dictando el rumbo de la gestión en Salud.

“Seguimos viendo un error de origen muy importante. El ministro de Salud debería pautar al presidente y no al revés”, aseguró Maciel.

En una de sus primeras definiciones, Queiroga rechazó la posibilidad de un lockdown nacional. Dijo que tal medida “no puede ser una política del gobierno” y resaltó que existen “aspectos de la economía para ser observados”.

“La primera señal de cambio sería formar un gabinete de crisis para sugerir propuestas nacionales para salvar vidas”, agregó Maciel. “El lockdown es una medida extrema que Brasil precisaría en este momento, porque por primera vez todas las regiones están colapsando al mismo tiempo”.