Los jóvenes inuit de Groenlandia buscan una nueva identidad

Christian SØLBECK en Nuuk y Camille BAS-WOHLERT en Copenhague
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Carteles electorales en una calle en Nuuk, Groenlandia, el 30 de marzo de 2021, días antes de las elecciones que se celebrarán el 6 de abril de 2021.

Con tradicionales tatuajes en cara y manos, Seqininnguaq Lynge Poulsen se siente orgullosa de ser inuit y forma parte de una generación en busca una nueva identidad cultural con miras, en el futuro, a una independencia de Groenlandia.

En esta inmensa isla del Ártico, un territorio autónomo danés donde el martes se celebran elecciones legislativas anticipadas, casi el 40% de los 56.000 habitantes tiene menos de 25 años.

Una juventud confrontada desde hace tiempo a problemas sociales (abusos sexuales, violencia, suicidios, alcoholismo). Pero también a una pérdida de identidad ante la modernización a marcha forzada de las comunidades tradicionales, durante y después de la colonización danesa, que terminó oficialmente en 1953.

Seqininnguaq -"bonito sol" en groenlandés- representa a su nación en distintas instancias internacionales y se ha convertido en una de las encarnaciones de lo que los investigadores denominan una "renovación" inuit.

"Estamos asistiendo a una renovación cultural en el contexto de los problemas planteados por el cambio climático (...) La filosofía, los valores de la cultura indígena se están popularizando mucho", confirma Peter Berliner, profesor de ciencias sociales de la Universidad de Groenlandia y experto en la juventud local.

Seqininnguaq lleva tatuajes desde hace más de un año, como muestra de reconocimiento a su cultura y antepasados.

Antes de la colonización estos tatuajes celebraban las etapas de la vida.

"Quería mostrar al resto del mundo lo orgullosa que estoy de ser inuit", explica a la AFP esta habitante de Nuuk, la pequeña capital de Groenlandia de 18.000 habitantes.

- "Descolonizar" -

"Creo que debemos emanciparnos para estar mentalmente preparados para la independencia", estima.

La joven considera que hay que "descolonizar" el sistema, es decir "adaptarlo a nuestra forma de hacer y de pensar. Esto es una gran realidad en el sistema escolar, que es demasiado occidental".

Actualmente, solo uno de cada dos groenlandeses llega a la universidad.

En la campaña electoral, "el sistema educativo debería ser el tema de discusión número uno. No está para nada adaptado", añade Morten Boller.

Con 21 años este habitante de Kangerlussuaq (oeste) acaba de terminar el bachillerato y comenzará una formación en Nuuk para trabajar en un aeropuerto, ahora que Groenlandia refuerza la infraestructura aeroportuaria para atraer a turistas e inversores.

Al igual que él, muchos de los jóvenes que quieren seguir estudiando se ven obligados a abandonar sus pueblos y con frecuencia a partir a Dinamarca.

"No tenemos suficientes personas diplomadas aquí y esta es también la razón por la que perdura esta mentalidad de víctima/ayudante con Dinamarca", sostiene Seqininnguaq, que también se plantea estudiar en el extranjero pero con la intención de volver a Groenlandia.

El economista Birger Poppel aboga por "revitalizar" el sistema educativo, pero teniendo en cuenta "el aprendizaje de los niños traumatizados por abusos y la negligencia".

- Suicidio -

En Groenlandia más de una de cada tres personas ha sido víctima de abuso sexual, sobre todo durante la infancia.

Estos delitos, vinculados con frecuencia al consumo de alcohol y drogas, tienden a disminuir desde un programa lanzado en 2018 por las autoridades locales con el apoyo de Copenhague.

Pero siguen siendo demasiado frecuentes en los hogares más pobres y en regiones de difícil acceso, subraya Berliner.

"La brecha entre ricos y pobres está al mismo nivel que en Estados Unidos, muy lejos de la de los países nórdicos", señala el experto.

La isla también tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo, uno por cada 1.000 habitantes en promedio cada año, muchos de ellos jóvenes, según un informe del Nordic Welfare Center.

"A causa de la modernización, muchos groenlandeses se perdieron, pequeños pueblos y aldeas fueron cerrados. La gente tuvo que dejar sus casas, trabajar para nuevas industrias y cada vez se dedican menos a la caza o a la cosecha", resume la politóloga groenlandesa Nauja Bianco.

Para ella, el entusiasmo de la juventud sobre el papel de la herencia colonial es muy positivo: "Los jóvenes están más dispuestos y abiertos a debatir e investigar sobre el impacto de la colonización danesa", considera.

Morten es más escéptico. "La gente que se queja de la opresión danesa me fastidia. Lo entiendo en parte, pero no ven las ventajas que nos aporta Dinamarca, pongamos el caso de la vacuna contra el coronavirus, nos la dan gratis", afirmó.

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