Ivana Trump, la socialité que conoció la otra cara de Donald Trump

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CIUDAD DE MÉXICO, julio 14 (EL UNIVERSAL).- Modelo, celebrity, escritora, fanática del esquí: así era Ivana Trump, la primera esposa de Donald Trump que murió este jueves, a los 73 años de edad.

Ivana, nacida en 1949 en República Checa, deseaba salir de Europa Oriental y para lograrlo no dudó en casarse con un amigo de la infancia, George Syrovatka, quien era ciudadano canadiense. Se mudó con él a Canadá y se divorció en 1976.

Entonces se mudó a Nueva York, donde conoció a Donald Trump, quien por entonces ya era un empresario de fortuna.

De acuerdo con lo que ella misma ha contado, él se acercó a ella cuando estaba cenando con un grupo de amigos en Manhattan y la impresionó. Terminó yéndose con él en un Cadillac Gigante.

Se casaron el 7 de abril de 1977 y de esa relación nacieron tres hijos: Donald Jr., Ivanka y Erik. En su libro "Raising Trump", Ivana contó que su marido no era el típico padre que pasea con sus hijos, o juega beisbol con ellos. Por el contrario, era desapegado y lejano. Hasta que cumplieron 18 años. "Fue entonces cuando pudo empezar a hablar de negocios con ellos".

Según Ivana, cuando nació su primer hijo, su esposo no quería que se llamara como él. "¿Qué pasa si es un perdedor?", le preguntó.

Ivana no quería ser sólo una ama de casa. Fue ella, de hecho, la encargada del diseño de interiores en la Torre Trump.

Pero en su matrimonio, las cosas estaban lejos de estar bien. Además de la lejanía de Trump, él era conocido por su afición a las mujeres.

Cuando apareció Marla Maples, el matrimonio llegó a su fin. "Esa mujer, a sabiendas, se metió en la relación que tenía con mi esposo, el padre de tres niños pequeños".

Cuando se dio a conocer que Marla estaba embarazada de Tiffany, Donald Trump decidió divorciarse de Ivana; según ella, más que por amor, para dejar ser objeto del escrutinio público.

La otra cara de Donald Trump

Pero Ivana conoció otra cara de Donald Trump durante el divorcio. Sabía que su esposo era un empresario de cuidado, capaz de cualquier cosa. Y actuó del mismo modo frente a la separación.

"Se lo tomó como si fuera un negocio, y él no podía perder, tenía que ganar", contó en el libro Ivana.

Incluso, en ese afán de ganar, Donald Trump quiso quitarle a Ivana a su primogénito. Durante toda su infancia no se acercó a él, ni siquiera lo conocía bien, pero durante el divorcio, habló con él 20 minutos. Luego, le informó a Ivana, según recordó ella: "Eres una mala madre. Me quedaré con Donald Jr.".

Ivana pensó que si se le enfrentaba saldría perdiendo. Le dijo: "Quédate con él, tengo dos hijos más que criar".

Fue una reacción que Trump no esperaba. Pensando que el niño no le importaba a Ivana, se lo devolvió. "Sabía que Donald no sabría qué hacer con él", dijo ella.

La pesadilla de una presidencia

A pesar de la difícil separación, Ivana se mantuvo cerca de Trump, a quien incluso dijo haber asesorado durante su campaña presidencial. Aun así, no podía esperar a que ésta terminara. Y cuando no ganó la reelección, nadie estaba más feliz que ella.

"Sólo quería que esto terminara, de un modo u otro", dijo a la revista "People". Señaló que su exmarido no era "un buen perdedor", y que lo único que ella quería era que sus hijos "pudieran vivir vidas normales- No la vida de Washington y todo eso, sino la de Nueva York, de cualquier lugar donde quieran ir, y vivir vidas normales. Creo que disfrutaban estar alrededor de Donald y participando en la elección pero ahora, gracias a Dios, se acabó".

Sobre el futuro de Trump como expresidente, Ivana estaba segura de que a pesar de que él odiara haber perdido, no lo pasaría mal. "Tiene mucho dinero, lugares a dónde ir y vivir y disfrutar su vida".

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