Israel: Yair Lapid, primer ministro antes de tiempo y con el reto de evitar el regreso de Netanyahu

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© Ariel Schalit / AP

Cuando lanzó su partido político hace una década, pocos auguraban que el presentador de televisión devenido en líder centrista podía gobernar Israel. Pero una carrera construida a largo plazo, sostenida en un discurso moderado y ambiguo, le ha permitido a Lapid convertirse en premier interino. De cara a las elecciones, buscará mantener al margen del poder a Netanyahu, mientras enfrenta temas como Irán o el alto costo de vida. El conflicto israelí-palestino promete, una vez más, ser ignorado.

La llegada de Yair Lapid al cargo de primer ministro interino de Israel es poco convencional. Programado para asumir en agosto de 2023, como parte del acuerdo de alternancia con Naftali Bennett, la caída anticipada de la diversa coalición gobernante precipitó los planes.

El movimiento parece acorde a una carrera política que también se edificó de manera inesperada. Cuando en 2012 lanzó su partido Yesh Atid ('Hay Futuro', en español), pocos confiaron en que este pudiera despegarse del destino de otras formaciones centristas, usualmente absorbidas por un mapa político israelí acostumbrado a las divisiones y la tendencia a los extremos.

También, a diferencia de sus antecesores Benjamin Netanyahu o el propio Bennett, Lapid no cuenta con una gran carrera militar o de negocios. Su popularidad la forjó en los medios de comunicación: de sus inicios, en la prensa gráfica, pasó a ser un famoso presentador de una 'late-night show', además de actor, guionista y compositor. Su colorido perfil se completa con aristas como haber sido boxeador amateur o no haber concluido la escuela secundaria.

Definido como autodidacta, Lapid se crió en un entorno intelectual, liberal y laico en Tel Aviv: su madre, Shulamit, fue una reconocida escritora; y su padre, de origen serbio, Yosef 'Tommy' Lapid, sobrevivió al Holocausto para convertirse en un filoso periodista y llegar a ser ministro de Justicia de Ariel Sharon –undécimo primer ministro del Estado israelí– por un breve lapso entre 2003 y 2004.

Padre de tres hijos y casado con la escritora Lihi Lapid, la trayectoria política del flamante premier israelí tiene estrechos vínculos con su familia: si su padre fue uno de sus impulsores –y él lo recordó en su primera acción tras ser confirmado como primer ministro al visitar Yad Vashem, el museo del Holocausto en Jerusalén–, su hija autista Yael inspiró su defensa del financiamiento adicional para personas con discapacidad, discutido por el Gobierno israelí en mayo pasado.

Una década de construcción de poder entre la moderación y la ambigüedad

Para algunos analistas, el acierto de Yair Lapid fue apostar a una carrera de resistencia, y no de velocidad, en la construcción de poder. En su primera elección en 2013, Yesh Atid sorprendió al quedar segundo detrás del Likud de Netanyahu.

Lapid edificó esa inesperada campaña con el respaldo de la clase media, que en 2011 lideró una ola de protestas contra el alto costo de vida y el reparto desigual de los beneficios económicos de Israel. "¿Dónde está el dinero?", título de una de sus columnas periodísticas, se convirtió en lema de sus seguidores.

Ese resultado lo catapultó a una alianza con Netanyahu y le permitió ocupar el cargo de ministro de Finanzas por apenas un año. Su plan de austeridad le restó popularidad y las fricciones con el primer ministro lo dejaron fuera de juego rápidamente.

Como tantos otros actores de la política israelí, pasó de colaborador a opositor de Netanyahu. Desde ese rol, proyectó una figura de moderación sostenida en un carisma y un discurso ambiguo, con la lucha contra la corrupción como principal bandera y escasas menciones a los temas más puntillosos.

Sus defensores destacan que, en pos de una construcción de poder duradera, supo resignar algunas ambiciones personales, gesto poco habitual entre los líderes políticos israelíes. En 2019, aceptó ir detrás de Benny Gantz, ministro de Defensa de Bennett, en una fallida alianza y en 2021 entregó a Naftali Bennett el mandato de crear un Gobierno bajo el pacto de alternancia, lo que allanó el camino para la coalición más diversa de la historia de Israel: con ocho partidos de ideologías muy distintas e inédita presencia árabe.

El conflicto israelí-palestino, lejos de la agenda de Lapid

En términos formales, Yesh Atid, el partido de Yair Lapid, defiende la llamada 'solución de dos Estados' para resolver la histórica violencia y conflicto entre israelíes y palestinos. Pero no acepta la división de Jerusalén, cuya parte Este, hoy ocupada por Israel, es reclamada por los palestinos como capital de un eventual Estado.

En acciones concretas, como ministro de Relaciones Exteriores desde 2021, Lapid ha mantenido algunas reuniones de alto nivel con dirigentes palestinos y ha intentado mostrarse abierto al diálogo, en contraste con su socio Bennett, quien cerró la puerta a cualquier posible negociación con la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

No obstante, Lapid muestra un acercamiento superficial al conflicto. Recientemente declaró que hoy un proceso de paz no es posible debido a la inestabilidad política de Israel y al escaso apoyo del presidente palestino Mahmud Abbás, cuyo poder es disputado por el grupo islamista Hamás.

En una columna publicada el 26 de junio pasado en el diario 'Haaretz', el analista Gideon Levy –reconocido crítico de las políticas de Israel hacia los palestinos– dibujó a Lapid como "el más israelí de todos" porque "no tiene idea de cómo es la ocupación". "No entiende la ocupación, no sabe nada sobre ella y no le importa", afirmó.

Una muestra de ello es, quizás, la decisión de Lapid sobre dónde vivirá mientras sea primer ministro transitorio. Con la residencia oficial de la calle Balfour de Jerusalén en reparación, el centrista se mudará a un apartamento en una propiedad de palestinos que debieron huir en 1948 y que fue transferida al Estado hebreo tras la guerra árabe-israelí.

La postura de Lapid –según cuenta Nir Hasson en 'Haaretz'– va en contra de una medida adoptada por otros primeros ministros (como el fundador David Ben-Gurion o Levi Eshkol) que se negaron a vivir en edificios construidos por árabes y abandonados cuando estos se vieron forzados a escapar.

Un primer ministro en funciones y en campaña

Considerado el arquitecto del llamado 'Gobierno del cambio', Lapid ve cómo el derrumbe de la coalición –atacada desde fuera por la oposición y diezmada desde dentro por sus propias divisiones– vuelve a poner el juego en la casilla de inicio de cara a las elecciones del 1 de noviembre. El estancamiento político amenaza con extenderse, la polarización sigue firme y Netanyahu es, otra vez, el hombre a vencer.

La principal diferencia es que esta vez 'Bibi' encara la campaña electoral desde fuera del Gobierno, mientras que Lapid, por primera vez, lo hará desde el cargo de primer ministro. Se trata de un arma de doble filo: por un lado, le sirve para proyectar una imagen de confianza y gobernabilidad; por el otro, cualquier paso en falso se magnifica y, con escaso margen de maniobra por su calidad de interino, son pocos los logros que puede anotarse.

A la vez que conservará su rol de ministro de Relaciones Exteriores, el flamante primer ministro tiene un punto asegurado: tendrá su foto con el presidente estadounidense Joe Biden, quien realizará una gira por Medio Oriente entre el 13 y el 16 de julio. Con Riad como una de las paradas del líder demócrata, varios expertos especulan con que la visita deje novedades sobre un acercamiento entre Arabia Saudita e Israel. La ampliación de los Acuerdos de Abraham –que bajo la Administración de Donald Trump permitieron la normalización de relaciones de Israel con algunas naciones de la región– podría ser un éxito a presumir por Lapid.

Detrás de estas alianzas por conveniencia, que sin duda aíslan aún más a los palestinos, está un enemigo común para Estados Unidos, Israel y varias naciones árabes: Irán. Durante el tiempo que esté en el cargo, el premier en funciones continuará con la política de rechazo al acuerdo nuclear que, para alivio de Israel, sigue estancado.

Las tensiones con Teherán se han elevado tras los reportes de que Israel habría estado detrás del asesinato de un coronel de la Guardia Revolucionaria iraní en mayo pasado, situación que llevó al Gobierno israelí a temer por represalias contra sus ciudadanos en el exterior, principalmente en Turquía. Y esta semana, filtraciones en medios locales sugirieron que una unidad de inteligencia israelí estuvo detrás del ataque cibernético a una planta siderúrgica estatal en Irán.

En política doméstica, con la Knesset (Parlamento israelí) paralizada salvo para circunstancias excepcionales, Lapid no podrá introducir grandes cambios.

No obstante, en lo que parece un déjà vu de sus inicios en la política, el primer ministro interino dijo, al anunciar la disolución del Gobierno junto a Bennett, que "necesitamos abordar el costo de vida". Con la inflación disparada, en parte como coletazo de la situación global pospandemia y también por la guerra en Ucrania, han resurgido algunos movimientos de protesta, sobre todo por el alto costo de la vivienda, siendo Tel Aviv la ciudad más cara de todo el planeta.

En este escenario, Lapid afrontará anticipadamente el desafío de ser primer ministro hasta que se forme el próximo Ejecutivo resultante de las elecciones. Un proceso que, como demuestran los antecedentes recientes –son los quintos comicios desde 2019–, puede llevar a que su interinato se extienda por meses o incluso años.

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