Israel votará en sus cuartos comicios en dos años sin garantías de desbloqueo

Agencia EFE
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Jerusalén, 20 mar (EFE).- Los israelíes votan este martes por cuarta vez en menos de dos años, de nuevo con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como favorito pero sin garantías de alcanzar mayorías parlamentarias que saquen al país del largo bloqueo político.

El malestar por la pandemia, que penalizó la gestión de Netanyahu más que el juicio que afronta por corrupción, se ha desvanecido estas semanas con el despertar de la vida que ha permitido la campaña de vacunación, después de tres estrictos confinamientos nacionales.

El Likud de Netanyahu se ha recuperado en las últimas encuestas de intención de voto, seguido con diferencia por rivales desde la derecha al centro-izquierda que no descartan aliarse, lo que presenta un incierto escenario que incluye el fantasma de unas quintas elecciones para este verano.

El déjà vu electoral que viven los israelíes tiene sin embargo algunas diferencias con respecto a anteriores comicios. Estas son las claves:

DOS AÑOS DE BLOQUEO POLÍTICO

Tras las elecciones de abril y septiembre de 2019, ninguno de los candidatos consiguió formar Gobierno, lo que llevó a la repetición electoral con similares resultados en marzo de 2020. Fue hace poco más de un año, cuando Netanyahu volvió a empatar técnicamente con el centrista Beny Gantz de Azul y Blanco.

Comenzaba entonces una pandemia y una crisis sanitaria por la que Gantz aceptó pasar de ser rival a socio de Gobierno. Su coalición centrista se desintegró y decepcionó a un electorado que confió su voto para desbancar a Netanyahu. Se quedó solo. Hoy su partido roza el umbral mínimo para entrar en el Parlamento israelí (Knéset).

Las principales fuerzas políticas para estas elecciones son la centrista Yesh Atid (Hay Futuro) de Yair Lapid y las derechistas Nueva Esperanza de Guideón Saar y Yamina de Naftalí Benet.

Concurren, aseguran, para reemplazar a Netanyahu, quien hasta ahora solo ha conseguido comprometer para un futuro Gobierno a sus socios tradicionales ultraortodoxos, Shas y Judaísmo Unido de la Torá, y a la ultraderecha del Partido Sionista Religioso.

Pero los sondeos sugieren que la suma no alcanzará la mayoría suficiente de 61 diputados de los 120 de la Knéset.

LA CORRUPCIÓN NO CASTIGA A NETANYAHU

Si bien el exhausto año de pandemia vigorizó las manifestaciones que cada semana se organizan frente a la residencia del primer ministro en Jerusalén para pedir su dimisión por su juicio corrupción, estas se desinflaron con la aproximación de los comicios.

La foto de Netanyahu sentado en el banquillo de los acusados de la corte, que se repitió este mes de febrero, también parece haberse difuminado en medio del entusiasmo que ha generado la reactivación social y económica, con casi 4,5 millones de israelíes vacunados.

SIN PALESTINA, CON LOS ÁRABES

El proceso de paz con los palestinos, las intenciones o posibles soluciones al conflicto han desaparecido de la campaña política en Israel. Tampoco se rescataron los planes de anexión de parte territorio ocupado de Cisjordania que prometió Netanyahu en la anterior campaña, para arrastrar el voto colono y de derechas.

Incluso entre el electorado árabe la causa palestina está ausente, preocupado hoy más por el alto índice de criminalidad en sus comunidades.

La Lista Unida árabe, que llegó a ser tercera fuerza en el Parlamento, perdió a una de las formaciones, la islamista Raam, que apuesta por primera vez por apoyar un Gobierno israelí, incluso de Netanyahu.

Los votantes árabes, hasta ahora rechazados por el nacionalismo israelí, son en estas elecciones objetivo de campaña.

EL UMBRAL ELECTORAL, DETERMINANTE

En Israel, las formaciones políticas deben pasar un umbral mínimo de votos del 3,25% para obtener representación parlamentaria.

Las encuestas no aseguran que el centrista Azul y Blanco de Gantz, el izquierdista Meretz o la lista árabe Raam superen este límite. Los cuatro diputados que aportarían cada uno si obtienen representación serían determinantes para apoyar un Gobierno de coalición alternativo al de Netanyahu o sustentar uno de este.

LAS ELECCIONES MÁS CARAS DE LA HISTORIA

Israel celebra este 23 de marzo las elecciones más caras de su historia, con un coste de unos 170 millones de euros, al disponer una compleja logística, de carpas y traslado de urnas a hospitales, para garantizar que enfermos de COVID-19 o israelíes en cuarentena puedan ejercer su derecho a voto.

Estos votos, conocidos en Israel como "de doble sobre", que incluye el de diplomáticos, bases militares o cárceles, se triplicarán en estas elecciones, lo que previsiblemente retrasará el recuento y mantendrá aún más días la incertidumbre de los resultados finales y del futuro político de Israel.

Laura Fernández Palomo

(c) Agencia EFE