El derechista Naftali Bennett es el nuevo premier israelí y pone fin al mandato de Netanyahu

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El nuevo primer ministro, Naftalí Bennett
Ariel Schalit

En una ajustada votación, con el apoyo de 60 de los 120 legisladores del Parlamento israelí, el derechista Naftali Bennett fue elegido hoy como nuevo jefe de un gobierno que pone fin a 12 años de mandato de Benjamin Netanyahu.

En su discurso ante la Knesset (Parlamento) Bennett prometió que su gobierno “trabajará para todo el país en su conjunto, nadie debe tener miedo”. Incluso se dirigió personalmente a Netanyahu y su esposa, presentes en el recinto. “No siempre estuvimos de acuerdo, pero ustedes sacrificaron mucho por Israel”, le dijo al premier saliente.

En el acalorado debate parlamentario hubo muchos gritos e insultos de “traidor” contra Bennett, que formó parte del gobierno de Netanyahu. El propio premier saliente advirtió a la Knesset que Bennett “siempre hace lo contrario de lo que promete”.

“En Irán hoy están celebrando: entienden que en Israel ahora habrá un gobierno débil y obsecuente” hacia Estados Unidos, afirmó con dureza.

Pero la repetida frase de estos días que habla del “final de la era Netanyahu” este domingo, incluye algunas verdades, dos engaños y una falacia.

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Una de las verdades es que Netanyahu deja efectivamente el cargo de primer ministro, y Bennett es el nuevo líder de un gobierno extremadamente heterogéneo de ocho partidos, que incluye agrupaciones de derecha, de centro, e incluso, por primera vez en el gobierno un partido árabe-israelí.

Yair Lapid, Naftalí Bennett y Mansour Abbas, del partido árabe-israelí
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Yair Lapid, Naftalí Bennett y Mansour Abbas, del partido árabe-israelí (-/)

Otra verdad, también, es que esto marca el final de una gestión ininterrumpida de 12 años, la más extensa de un primer ministro en la historia de Israel. ¿Qué cambió en estos años?

La economía israelí mejoró en forma notable en el último decenio. Hubo crecimiento del PBI -de 207.000 millones de dólares en 2009 a un estimado para este año de 420.000 millones de dólares, similar a la Argentina-. También hubo movilidad económica en la población y viajes al exterior de la clase media y media/baja. Pero, aunque Netanyahu se atribuye este éxito económico, la mayoría de los analistas ven mucho más el peso de la fuerte inversión, la gestión del sector privado y de las empresas de alta tecnología”, dijo a LA NACION el profesor Arie Kacowicz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Tel Aviv es una ciudad en la costa del Mediterráneo de Israel, cosmopolita y moderna. También se caracteriza por sus edificios Bauhaus austeros de la década de 1930 y sus playas atractivas.
Tel Aviv es una ciudad en la costa del Mediterráneo de Israel, cosmopolita y moderna. También se caracteriza por sus edificios Bauhaus austeros de la década de 1930 y sus playas atractivas.


Tel Aviv es una moderna ciudad en la costa del Mediterráneo de Israel. La ciudad experimentó un gran desarrollo gracias al auge de empresas tecnológicas

Una segunda característica de la era Netanyahu es la derechización de la sociedad israelí. Cabe aclarar que en Israel derecha e izquierda se define por una menor o mayor apertura a la negociación con los palestinos. Cuando el líder del Likud llegó al poder en 2009, casi un 70% de los israelíes apoyaba la idea de la creación de un estado palestino. Hoy respalda esa solución apenas un 43% de la población, y el porcentaje es mucho menor -de alrededor del 26%- entre los menores de 35 años, en un país donde los varones jóvenes cumplen 32 meses de servicio militar obligatorio y las mujeres dos años.

“Netanyahu ha derechizado la vida política. Siempre prefirió manejar el conflicto con los palestinos, más que resolverlo. Entonces, la sociedad ya toma como algo normal la ocupación de esos territorios. El tema palestino desapareció de la agenda política. Sólo se reaviva cuando ocurren ataques de Hamas, como los de este año”, afirmó Kacowicz.

Esas son algunas de las verdades respecto del final de la era Netanyahu.

Ahora, el primer engaño es creer que todo va a ser diferente a partir de este domingo.

Para prueba, bastan las declaraciones de Bennett de hace una semana. El premier entrante, que fue ministro de Defensa de Netanyahu entre 2019 y 2020, se opone al estado palestino, apoya los asentamientos judíos en Cisjordania y favorece directamente la anexión de grandes partes del territorio ocupado. Dicho de otra forma, él y su partido, Yamina (La Derecha, en hebreo) son más derechistas que Netanyahu.

“Este gobierno no se retirará ni entregará territorios, ni tendrá miedo de lanzar una operación militar si es necesario”, dijo Bennett hace una semana, por si quedaban dudas de dónde está parado ideológicamente. Incluso explicó que para él hubiera sido más sencillo permanecer en “territorio familiar” y unirse a una coalición con Netanyahu, pero llegó a la conclusión de que el premier saliente era incapaz de formar gobierno, y él no quería que Israel fuera por quinta vez a elecciones en dos años.

Yair Lapid y Naftali Bennett
Associated Press


Yair Lapid y Naftali Bennett (Associated Press/)

Pero cualquier intento de Bennett de hacer su propio juego en los próximos dos años en que será primer ministro, sería suicida.

“Seguramente, el nuevo premier tratará de llevar la coalición hacia su lado y las otras fuerzas tirarán en su propia dirección. Pero si no logran llegar a acuerdos, la coalición se rompe. Aunque sea por instinto de supervivencia, tanto Bennet como Lapid -cuando rote en el cargo en los dos años siguientes, según establece el acuerdo de coalición- deberán ser muy cuidadosos”, dijo a LA NACION el politólogo Gideon Rahat.

Un segundo engaño detrás de la frase que habla del final de la era Netanyahu es creer que no va a cambiar nada.

A diferencia del premier saliente, tanto Bennett como Lapid llegan con fojas limpias en cuanto a acusaciones de corrupción, pese a que hace años que están en la vida política.

“En el gobierno actual, no solo Netanyahu sino varios ministros y legisladores de su partido tienen acusaciones de corrupción. Así que la principal diferencia del nuevo gobierno es que muy probablemente tendremos un retorno a la normalidad, menos agitación política, menos populismo, más consensos y una búsqueda de los puntos de encuentro entre las diferentes facciones israelíes”, señaló el profesor Rahat.

Por último, hay una falacia en la idea del final de la etapa del saliente primer ministro.

Netanyahu no se va, sino que en esta democracia parlamentaria vuelve a su banca en el Parlamento, donde el Likud tiene 30 de los 120 escaños. Y en total los partidos de derecha y religiosos suman 76 legisladores.

“Netanyahu ya fue primer ministro entre 1996 y 1999. Y cuando fue legislador hasta 2009 demostró su capacidad desde la oposición para retomar el poder. Él puede hacer mucho desde la Knesset, y los políticos le tienen miedo porque saben que si lo enfrentan pueden correr el mismo destino que otros, que sacó del medio cuando se le opusieron”, afirmó Rahat.

Por eso lo único cierto es que este domingo asumió una nueva coalición encabezada por Bennett-Lapid, que ya en 2013 formaron su primera alianza conocida como “los dos hermanos”. Pero, por ahora, las miradas seguirán puestas en cada movida que haga Netanyahu. No en vano tiene el apodo de “el mago de la política”.

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