Elecciones nacionales: por qué Israel vota por cuarta vez en dos años

Rubén Guillemí
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Yair Lapid y Benjamin Netanyahu, en carteles publicitarios de Israel
Oded Balilty

Israel celebra hoy elecciones nacionales por cuarta vez en dos años. Y por primera vez en sus 72 años de vida esta pequeña nación de Medio Oriente ocupa la portada de los medios de todo el mundo desde hace meses, no por sus guerras ni por problemas con los palestinos. Es el líder mundial en la vacunación contra el Covid-19. Aunque aumentó la pobreza, su economía fue de las que menos se resintió con la pandemia, e incluso comenzó a quebrar el cerco histórico de aislamiento entre sus vecinos, estableciendo relaciones diplomáticas con varios países árabes.

Pero a manera de plebiscito, en la elección de hoy la población se divide entre los que proclaman “Bibi melej” (Bibi rey), en referencia al primer ministro Benjamin Netanyahu, y los que votan al resto de los candidatos, sea quien fuere el que lo enfrente. Lo mismo viene ocurriendo en estos 12 años de gobierno ininterrumpido (más otros tres años en el poder entre 1996-1999) del premier que batió récord de permanencia en el cargo, pero que no puede formar un gobierno estable desde 2019.

Las últimas encuestas muestran que de las 120 bancas en juego en la Knesset (Asamblea), el oficialista Likud obtendría 29, el partido del opositor centrista Yair Lapid 19, y los de los derechistas Neftali Benett y Gideon Saar, 11 y 10, respectivamente. Además, hay varias agrupaciones pequeñas, que también pesan en la balanza. Pero cualquier cálculo queda lejos del número mágico de 61 bancas necesarias para formar gobierno.

De todas maneras, más allá de las combinaciones aritméticas, la mirada de Bibi está puesta en otro foco.

“Si Netanyahu logra formar gobierno, su agenda inmediata tiene como prioridad frenar los juicios por corrupción en su contra. Impulsará la renuncia del fiscal general y buscará aprobar la llamada ‘ley francesa’ que concede inmunidad a un primer ministro mientras está en el cargo”, dijo a LA NACION el profesor Arie Kacowicz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Netanyahu está acusado de cohecho, fraude y abuso de confianza, delitos que se relacionan con los casos conocidos como 1000, 2000 y 4000, referidos a la recepción de regalos a cambio de favores políticos para beneficiar su imagen.

Cuando le preguntaron hace un mes si en un nuevo gobierno intentaría aprobar la “ley francesa”, el premier respondió: “Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él”.

En campaña el premier prefirió hablar del exitoso programa de vacunación, con el 60% de su población inmunizada frente al Covid-19, aunque los israelíes debaten a quién darle el crédito por ese logro.

El 60% de la población israelí ya recibió las dos dosis de las vacunas
Ahmad Gharabli


El 60% de la población israelí ya recibió las dos dosis de las vacunas (Ahmad Gharabli/)

“Lo exitoso es el sistema de salud creado en 1995 y la tarea que realizan las mutuales de asistencia médica, probablemente las mejores del mundo, que tienen digitalizados los datos de toda la población, agilizaron el proceso de vacunación y generaron la atracción de los laboratorios”, señaló Kacowicz.

Otro “logro” agitado por Netanyahu en la campaña es que, mientras el promedio de contracción de las economías occidentales de la OCDE a causa de la pandemia fue del 5,5%, en Israel la caída fue de un 2,4%.

“El gobierno puso mucho dinero para sostener la economía. Incluso ahora, en plena campaña, anunció un paquete de ayuda por 2800 millones de dólares. Y esa cuenta va a ser difícil pagarla, pero ahora lo único que le interesa es ganar la elección”, dijo a la nación el politólogo Gideon Rahat.

¿Por qué nadie puede derrotarlo?

La pregunta clave, entonces es: si Netanyahu tiene tantas causas de corrupción en su contra, si el logro de la vacunación o el de la situación relativamente buena de la economía no son plenamente atribuibles a él ¿por qué ningún candidato logra derrotarlo?

“En Israel hay un factor de mucho peso en el voto que es la cuestión de la defensa de la identidad nacional. En ese sentido el centrista Yair Lapid [un expresentador de televisión, segundo en los sondeos], es visto por los judíos tradicionalistas y mizrahim [originarios de Medio Oriente y África] como un hombre secular, no religioso, ashkenazi [de Europa Oriental] y occidentalizado”, explicó Rahat. “Lo primero que miran los votantes en un candidato es su identidad religiosa, fuerte o débil, luego su identidad étnica, si son mizrahim, ashkenazi o sefaradíes [de origen hispano]. Y todo esto se traduce además en una postura frente a temas de seguridad, como la cuestión palestina o la amenaza iraní”, agregó el especialista.

Los expertos coinciden entonces en que Netanyahu, sin dudas el político más astuto de la historia de Israel, se impondrá en las elecciones y posiblemente logre formar gobierno.

Pero existe la amenaza cierta de que la eventual coalición vuelva a estallar cuando los socios caigan en la cuenta de que, más allá de pequeñas concesiones, el rey Bibi jamás estuvo dispuesto a compartir el poder.