La irrupción de otra Chamorro revive la peor pesadilla de Ortega: la eventual salida del poder

Daniel Lozano
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Como si se tratara de un déjà vu, el doble apellido Chamorro Barrios ha irrumpido como un huracán en Nicaragua, que celebrará elecciones presidenciales a finales de año. Las declaraciones en defensa de su familia y a favor de un cambio democrático de Cristiana, hija de la expresidenta Violeta Barrios, no solo han convulsionado al régimen sandinista, también han levantado expectativas en torno a una candidatura presidencial cuando la oposición nicaragüense busca lo que hoy en día parece una unidad imposible.

“No entregamos los bienes del pueblo a familias que se han creído los dueños del país. A lo largo de la Historia, creyéndose superiores, han vendido a la patria. Nunca más ni odio ni venta de patria”, reaccionó con virulencia la vicepresidenta Rosario Murillo, mujer del presidente Daniel Ortega.

La sola mención de estos apellidos hace palidecer al clan de los Ortega, conformado por la pareja presidencial y por sus nueve hijos, poseedores de un imperio mediático que trabaja sin descanso para la causa familiar. Muchos son los motivos, comenzando porque Violeta Barrios, al frente de la Unión Nacional Opositora (UNO), sorprendió al mundo al imponerse en 1990 al entonces presidente Ortega contra todo pronóstico. La viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura de Somoza, se convirtió de esta forma en la primera mujer presidenta en América Latina y en todo un referente democrático.

Cristiana Chamorro
EFE


Cristiana Chamorro (EFE/)

Cristiana, fundadora de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y vicepresidenta del diario La Prensa, oficializó hace días que sopesa enfrentarse al candidato sandinista para las presidenciales de noviembre, ya sea otra vez Ortega o, si este le da paso, a Murillo. El presidente reapareció ayer tras su ausencia más larga: 40 días sin mostrarse en público.

“Le dije sí a Nicaragua, estoy lista para servir. Estoy trabajando para buscar consenso entre las fuerzas políticas. Vamos a ver cómo termina esta unidad que estoy segura vamos a lograr”, avanzó en CNN quien aparece hoy como la gran candidata para derrotar al oficialismo.

La periodista dio un paso más allá al encararse ante la pareja presidencial, al cuestionar al régimen sandinista a través de una columna de opinión en su propio periódico por las “injurias” que estaban realizando contra su familia, incluido el “ultraje” a la gestión de Violeta Chamorro.

La “Madre de la Democracia Nicaragüense”, de 91 años, sufrió un accidente vascular en 2018 y se encuentra en un delicado estado de salud. “Murillo, con sus improperios, abusa de su silencio y se aprovecha de que no está en condiciones de defenderse. Le martiriza que mi madre, con su autoridad moral y junto a la mayoría de nicaragüenses, puso fin a la guerra”, remachó la periodista.

En el artículo, además, Cristiana reta a la pareja presidencial a un debate: “Los dos contra esta ciudadana para defender la dignidad de mi madre y el legado de Pedro Joaquín Chamorro. Les insto a dar la cara con amplia apertura a la prensa, oficialista e independiente, nacional e internacional, y que la ciudadanía juzgue quién dice la verdad y quién miente”.

El desafío cayó como una bomba en el seno del poder sandinista, que controla a los medios como si se tratara de un asunto de Estado. Pero también sacudió las filas opositoras y provocó la reacción de la exprisionera política Amaya Copens, estudiante que encabezó la rebelión popular de 2018 contra los abusos gubernamentales.

“En lugar de pedir debates con la dictadura, que sabemos no se van a dar; en lugar de publicitarse, exijan libertad. Si sus prioridades no coinciden con las nuestras, se las recordamos: antes que sus campañas personales está la vida, la libertad y la justicia”, subrayó la joven, que se ha convertido en un símbolo en la lucha contra el régimen revolucionario.

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La oposición nicaragüense está hoy dividida en dos grandes bloques: la Coalición Nacional, con la Unidad Nacional Azul y Blanco como actor principal, y la Alianza Cívica, conformada por empresarios, estudiantes y la agrupación liberal Ciudadanos por la Libertad. No hay todavía acercamientos serios entre ambos bloques, pero sí se han aireado diferencias ideológicas y personales.

“La aparición de Cristiana en el escenario preelectoral ha movido el piso a la pareja presidencial, de ahí la reacción furiosa de Murillo. Hay un sentimiento en la población de que la unidad es imprescindible para enfrentar a Ortega, incluso Cristiana ha dicho que aceptaría a ser candidata de toda la oposición unida, no de una oposición dividida”, explica para LA NACION el general retirado Hugo Torres, disidente del sandinismo.

Cinco de los precandidatos más fuertes de la oposición suscribieron la semana pasada un documento por el cual se comprometen a medirse entre ellos, a través de encuestas u otros mecanismos, para alcanzar una sola candidatura. Se trata del periodista Miguel Mora (exprisionero político, a quien el gobierno expropió su canal de noticias), el líder campesino Medardo Mairena (también ex preso político), el activista Félix Maradiaga, el economista Juan Sebastián Chamorro y Luis Fley, candidato de Fuerza Democrática Nicaragüense.

El sandinismo ha levantado un “muro electoral” para mantenerse en el poder. No sólo posee la hegemonía mediática, “Ley Mordaza” incluida; también ha restringido la actividad política de la oposición y ha llenado la cárceles con 121 presos políticos, además de forzar el exilio de más de 100.000 nicaragüenses.