Para los irlandeses, Varadkar quizá haya ganado el brexit, pero perdió la guerra en su país

Mark Landler
Peatones caminan por un área comercial en el centro de Dublín, el 7 de agosto de 2019. (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)

LONDRES — Desde un inicio, los electores irlandeses quedaron menos cautivados que el resto del mundo por la novedad de tener a un hombre joven, abiertamente gay y de ascendencia india al frente de su gobierno. Ahora, el 8 de febrero, cuando vayan a las urnas, estos votantes están preparados para sacar del poder a su pionero primer ministro, Leo Varadkar.

Al igual que cuando Varadkar ascendió al cargo de jefe de gobierno, o “taoiseach”, en junio de 2017, su suerte en declive para la política ha tenido poco que ver con su origen étnico o su identidad sexual. Es líder de un partido, Fine Gael, que ha estado en el poder desde 2011, y ahora que los electores se sienten frustrados por la crisis de vivienda en Irlanda, Varadkar, de 41 años, se está enfrentando a todos los maleficios políticos de ser una figura del “statu quo” en una elección que busca cambios radicales.

Esto ha rebasado el crédito que se ganó por el firme desempeño que demostró en las negociaciones con el primer ministro británico, Boris Johnson, sobre la condición de Irlanda del Norte tras el brexit. Varadkar logró entablar un acuerdo que evitó el establecimiento de una frontera controlada entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte pues alineó el norte con la Unión Europea de manera más estrecha que el resto del Reino Unido.

Sin embargo, el brexit rápidamente ha dejado de ser un problema en Irlanda y ha dado paso a inquietudes sobre la escasez de vivienda, el aumento de los precios de alquiler y la creciente población sin techo. Pese a su éxito como diplomático, los votantes han criticado a Varadkar por no hacer frente a estos y otros problemas nacionales, como el costo de la atención médica.

“Leo Varadkar está enfrentando un castigo por su gobierno”, dijo Theresa Reidy, politóloga de la Universidad de Cork. “La manera en que el gobierno manejó el brexit obtuvo apoyo generalizado. Pero a la hora de evaluar los partidos en una elección, otros problemas inundan el panorama”.

El anhelo de cambio está causando tumulto en la política irlandesa, según las encuestas. El partido nacional irlandés, Sinn Féin, saltó a la delantera inesperadamente, con lo que supera a los dos partidos establecidos con un 25 por ciento de los votos, en comparación con el 23 por ciento que obtuvo el partido de oposición Fianna Fáil y el 20 por ciento de Fine Gael, según reveló una encuesta publicada el 3 de febrero por The Irish Times.

Si bien es cierto que, a lo largo de su historia, Sinn Fein ha sido conocido por sus vínculos con el Ejército Republicano Irlandés —un legado que jamás ha podido borrar de la mente de los irlandeses de mayor edad—, sí ha logrado atraer a electores urbanos más jóvenes con políticas públicas contundentes para lidiar con la crisis de vivienda, que incluyen una promesa de construir 100.000 casas en cinco años.

Para estos jóvenes irlandeses, el papel que desempeñó el Ejército Republicano Irlandés en la violencia sectaria del conflicto norirlandés conocido como “The Troubles” es un recuerdo lejano. Su incapacidad de encontrar o costear un apartamento decente, incluso con un trabajo que paga bien, es una constante realidad cotidiana.

Aunque los analistas dicen que es improbable que Sinn Fein forme un gobierno —dicen que tiene muy pocos candidatos en la contienda, y los otros dos partidos se rehúsan a aceptarlo como compañero de coalición— este podría perfilarse como el principal partido de oposición del país. Incluso eso cambiaría la índole de la política irlandesa, puesto que Sinn Fein está comprometido con llevar a cabo un referendo sobre la unificación irlandesa en los próximos cinco años.

Sin embargo, la unificación de Irlanda sigue viéndose como algo lejano, mientras que la crisis de vivienda en el territorio domina los titulares. La escasez de viviendas es el resultado de la crisis económica de 2008, cuando se frenaron las obras de construcción. La economía de Irlanda se recuperó rápidamente, pero el gobierno de Fine Gael no reanudó las obras con la velocidad suficiente, lo cual provocó una marcada escasez, en particular en ciudades como Dublín.

Varadkar ha intentado dar solución al problema, y ha promovido el hecho de que Irlanda construyó 20.000 casas el año pasado. No obstante, los analistas dijeron que quizá ya era muy tarde para salvar su partido. Además, la mayoría de los ciudadanos han hechos oídos sordos a sus súplicas de que se enfoquen en otros asuntos, incluido su hábil manejo del brexit.

Parte del problema es su personalidad, la cual muchos consideran fría y distante en un país que aprecia lo contrario. Varadkar, médico hijo de un doctor indio y una enfermera irlandesa católica, es alto y prolijo, con una afición por las frases breves. En un debate reciente, admitió que, a diferencia del líder de Fianna Fáil, Micheal Martin, a veces se le ha acusado de ser poco empático.

“Sé que la gente dice eso de mi partido y de mí, pero nuestro país es muy importante para mí, así como los problemas que enfrentamos”, declaró. “Quizá no sea tan bueno para expresarlo con palabras como mi adversario, pero lo reflejan mis acciones”.

La actitud disciplinada y tranquila de Varadkar no le impidió convertirse en el “taoiseach” más joven en la historia de Irlanda, a la edad de 38 años. Y le sirvió de mucho durante las preocupantes negociaciones del brexit en otoño del año pasado, cuando fue un marcado contraste para el digresivo Johnson.

Durante su campaña electoral, Varadkar ha intentado suavizar su imagen al posar para fotos con bebés y animales de granja. Pero está en desventaja frente a Martin, a quien los analistas describen como un político talentoso que sabe venderse y a quien le encanta conversar con los electores en la entrada de sus casas.

“Él no logró conectar con los votantes comunes de la manera en que debía, en particular en esta campaña”, opinó Pat Leahy, editor de la sección de Política de The Irish Times. “Sobre todo porque su gobierno fue criticado por no estar en contacto con la realidad del país”.

This article originally appeared in The New York Times.

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