Irak: Francisco cumplió el sueño de Juan Pablo II en Ur de los Caldeos y llamó a “remar juntos” frente al extremismo y la pandemia

Elisabetta Piqué
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El mensaje del Papa desde Ur de Caldeos
Andrew Medichini / AP

UR DE LOS CALDEOS (Enviada especial).- En su segundo día de su histórica visita a Irak, el papa Francisco cumplió el sueño de Juan Pablo II. Después de reunirse en modo estrictamente privado con el ayatollah Al Sistani, máximo líder espiritual chiita y figura clave en Irak, en la ciudad santa de Najaf- algo sin precedente- se subió por segunda vez a un avión para peregrinar hasta aquí, Ur de los Caldeos, el lugar donde se cree que comenzó todo. Donde nació Abraham, el padre de las grandes religiones monoteístas, sitio bíblico fascinante, que se levanta en medio del desierto, cerca de la ciudad de Nassiriya, que queda 200 kilómetros al sur de Bagdad.

Desde allí, en un encuentro interreligioso en una área montada para la ocasión al lado de las ruinas de la casa de Abraham, hizo un fuerte llamado a “remar juntos”, la única vía para la paz no solo en Irak, país convulsionado por guerras, terrorismo y extremismo, sino para una humanidad asolada hoy, además, por la pandemia de coronavirus.

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“La pandemia nos ha hecho comprender que «nadie se salva solo». Aun así, la tentación de distanciarnos de los demás siempre vuelve. Entonces el «sálvese quien pueda» se traducirá rápidamente en el «todos contra todos», y eso será peor que una pandemia”, advirtió, citando su última encíclica, Fratelli Tutti.

“En las tempestades que estamos atravesando no nos salvará el aislamiento, no nos salvará la carrera para reforzar los armamentos y para construir muros, al contrario, nos hará cada vez más distantes e irritados. No nos salvará la idolatría del dinero, que encierra a la gente en sí misma y provoca abismos de desigualdad que hunden a la humanidad. No nos salvará el consumismo, que anestesia la mente y paraliza el corazón. El camino que el Cielo indica a nuestro recorrido es otro, es el camino de la paz. Este requiere, sobre todo en la tempestad, que rememos juntos en la misma dirección”, clamó.

Montaron un escenario en medio del desierto para el papa Francisco
Nabil al-Jourani / AP


Montaron un escenario en medio del desierto para el papa Francisco (Nabil al-Jourani / AP/)

Francisco denunció que “no es digno que, mientras todos estamos sufriendo por la crisis pandémica, y especialmente aquí donde los conflictos han causado tanta miseria, alguno piense ávidamente en su beneficio personal”. “No habrá paz sin compartir y acoger, sin una justicia que asegure equidad y promoción para todos, comenzando por los más débiles. No habrá paz sin pueblos que tiendan la mano a otros pueblos. No habrá paz mientras los demás sean ellos y no parte de un nosotros. No habrá paz mientras las alianzas sean contra alguno, porque las alianzas de unos contra otros sólo aumentan las divisiones. La paz no exige vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de las incomprensiones y las heridas del pasado, se encaminan del conflicto a la unidad”, afirmó. “Pidámoslo en la oración para todo Oriente Medio, pienso en particular en la vecina y martirizada Siria”, exhortó.

En el encuentro, al que asistieron diversos imanes musulmanes, tanto de la mayoritaria rama chiita, como de la minoritaria sunnita, con turbantes y túnicas, pero ningún representante del judaísmo, se oyeron testimonios desgarradores de representantes de minorías discriminadas, en muchos casos obligadas a escaparse de Irak. El Papa oyó con rostro dolido y transmitió esperanza.

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“Depende de nosotros, humanidad de hoy, y sobre todo de nosotros, creyentes de cada religión, transformar los instrumentos de odio en instrumentos de paz”, dijo. “Nos corresponde a nosotros tener la valentía de levantar los ojos y mirar a las estrellas, las estrellas que vio nuestro padre Abraham, las estrellas de la promesa. El camino de Abraham fue una bendición de paz. Sin embargo, no fue fácil, tuvo que afrontar luchas e imprevistos”, evocó.

Un lugar simbólico

Bajo un sol implacable y viento, las palabras del Papa -protegido por un escenario montado en medio del desierto-, resonaban en un escenario bíblico. A metros de la casa donde nació Abraham, personaje histórico y de las antiguas ruinas de Ur de los Caldeos, una de las más antiguas e importantes ciudades sumerias. conocida hoy como Tell al-Muqayyar, “colina de la paz”. Ésta tenía una posición estratégica, entre los ríos Tigris y Eufrates, cerca del Golfo Pérsico, que la convirtió en un desarrollado centro comercial y político. Se remonta hasta el IV milenio a.C. y es famosa por la majestuosa Ziqqurat, torre con gradas construida por Ur-Nammu, fundador de la tercer dinastía sumeria, dedicada a Nannar, dios de la Luna, descubierta gracias a las misiones arqueológicas del British Museum y la Universidad de Pennsylvania en 1922.

Al evento asistieron diversos imanes musulmanes, tanto de la mayoritaria rama chiita, como de la minoritaria sunnita
Al evento asistieron diversos imanes musulmanes, tanto de la mayoritaria rama chiita, como de la minoritaria sunnita


Al evento asistieron diversos imanes musulmanes, tanto de la mayoritaria rama chiita, como de la minoritaria sunnita

En la ciudad en la que también, según la tradición, Abraham habló por primera vez con Dios y es citada en la Biblia (Génesis), por segundo día consecutivo el Papa también recordó que “Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfemia es profanar su nombre odiando al hermano”. “Hostilidad, extremismo y violencia no nacen de un ánimo religioso: son traiciones a la religión. Y nosotros, creyentes. no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión. Es más, nos corresponde a nosotros resolver con claridad los malentendidos”, subrayó, aludiendo, sin mencionarlo, a la interpretación fallida del Corán de los grupos fundamentalistas.

Reclamó, finalmente, que se respete la libertad de conciencia y la libertad religiosa: “son derechos fundamentales, porque hacen al hombre libre de contemplar el Cielo para el que ha sido creado”.