Irak sigue excavando fosas comunes, testigo del horror de conflictos pasados

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En Nayaf, como en muchos lugares de Irak, los médicos forenses, con la ayuda de excavadoras, están exhumando huesos para identificarlos, una tarea gigantesca en un país en el que las fosas comunes son el testigo del horror de conflictos pasados.

Las escenas se repiten una y otra vez. Los forenses limpian la arcilla de un cráneo o colocan una tibia en una bolsa para cadáveres para luego iniciar el trabajo de investigación en el laboratorio, donde comparan los huesos con muestras de sangre de los familiares de los desaparecidos.

Desde 1980 y la guerra con Irán, Irak ha vivido dictaduras y conflictos, empezando por el régimen de Sadam Husein, la guerra sectaria de 2006-2008 hasta el reinado del grupo yihadista Estado Islámico (EI), derrotado en 2017.

Irak es uno de los países con mayor número de desaparecidos del mundo, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

En Nayaf (centro), las excavaciones comenzaron en mayo en una parcela de unos 1.500 m2 para exhumar los huesos de las víctimas del levantamiento contra Sadam Husein de 1991.

La fosa común, que contiene los restos de un centenar de desaparecidos, fue descubierta cuando unos promotores querían preparar el terreno para construir edificios.

- "Lo esperamos, pero nunca vino" -

A Intisar Mohamed la llamaron para pedirle donar una gota de sangre. Las autoridades creen que los restos de su hermano pueden estar en esta fosa común. Hamid desapareció en 1980, durante el régimen de Sadam Husein.

En ese época Intisar y toda la familia se trasladaron a Siria, pero Hamid se quedó en Irak para cursar sus estudios con la promesa de unirse a ellos más adelante.

"Lo esperamos, pero nunca vino", dice su hermana entre sollozos. El joven fue supuestamente secuestrado por unos desconocidos "y nunca más volvimos a saber de él", explica.

Intisar regresó a Irak en 2011 y desde entonces tiene la esperanza de saber lo qué pasó. Ahora su gota de sangre será "comparada con los huesos encontrados in situ", explica Wissam Radi, técnico forense de Nayaf.

Pero el proceso de identificación lleva tiempo y agota la paciencia de los familiares, que a veces se sienten abandonados.

Abrir una fosa común e identificar a las víctimas tiene un coste y "los mayores obstáculos son financieros", explica Dergham Kamel, de la Fundación de los Mártires, una institución gubernamental que gestiona las fosas comunes.

En la ciudad de Mosul, que el EI controlaba entre 2014 a 2017, y en el norte de Irak, los forenses avanzan lentamente en el análisis de las cerca de 200 fosas comunes que dejaron los yihadistas.

Hasan Al Anazi, director de medicina forense de Nínive, la provincia de la que Mosul es capital, pide que la base de datos de los desaparecidos incluya las identidades de todas las víctimas del EI de la región. En vano hasta ahora.

"Hay miles de personas desaparecidas", afirma Al Anazi, "cada día, unas 30 familias acuden a nosotros para pedir noticias de sus seres queridos".

Sin embargo, debido a la falta de voluntad política, "la fosa común de Khasfa [en Mosul], una de las más grandes, aún no se ha abierto", dice el forense, explicando que contiene restos de oficiales, médicos y académicos asesinados por el EI, cerca de 4.000 víctimas según las estimaciones.

Umm Ahmed busca información sobre el destino de sus hijos, Ahmed y Faris, que eran policías cuando el EI tomó Mosul en 2014. Fueron secuestrados por los yihadistas y desaparecieron.

"Llamé a todas las puertas. Incluso fui a Bagdad. Pero no obtuve respuesta", dice.

Hasta que no se identifican los restos de una persona desaparecida, los familiares no reciben ninguna compensación del Estado y en muchos casos los padres, hijos y hermanos asesinados por el EI eran el sostén de la familia.

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