Irak espera a Francisco: “Es un viaje que tiene sus riesgos y que el Papa los corre”, dijo el cardenal Leonardo Sandri

Elisabetta Piqué
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Leonardo Sandri entre los refugiados de la llanura de Nínive, en el norte de Irak
gentileza Congregación para las Iglesias Orientales

ROMA.- En medio de la pandemia y pese a los últimos actos de violencia, el papa Francisco emprenderá un histórico viaje a Irak del 5 al 8 de marzo. Se convertirá, así, en el primer Pontífice que pisa este país de mayoría musulmana castigado por décadas de guerra y violencia fundamentalista, en un viaje no exento de riesgos, tal como admitió el cardenal argentino Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para la Iglesias Orientales y vice-decano del Colegio Cardenalicio, que será parte de la comitiva.

“Creo que es un viaje que tiene sus riesgos y que el Papa los corre, pero que es consciente de que él es un pastor, que es un padre, que es alguien que va a visitar a sus hijos aunque haya dificultades”, dijo Sandri, diplomático de gran experiencia, en una entrevista con La Nación en su despacho del Vaticano. El Papa llegará a un país sumido en una terrible crisis económica y políticamente inestable, donde el grupo terrorista fundamentalista Estado Islámico (EI) volvió a levantar cabeza gracias a la pandemia, tal como reflejó el atentado del 21 de enero pasado en Bagdad, que causó 35 muertos. Visitará la capital, Ur de los Caldeos, cerca de Nassirya, tierra de Abraham, el padre de las tres tres grandes religiones monoteistas y también Erbil, capital del Kurdistán iraquí, Mosul, la ciudad conquistada por EI y luego liberada y la llanura de Nínive, vinculada a los orígenes del cristianismo y donde vive la mayor parte de los cristianos iraquíes.

“Creo que con respecto a la seguridad, el gobierno iraquí asegurará todos los medios para poder hacer que el viaje del Papa sea tranquilo. El Papa le tiene más miedo a la pandemia”, aseguró Sandri, que tuvo el estratégico cargo de “sustituto” de la Secretaría de Estado, el tercero más importante después del Papa, durante el pontificado de Juan Pablo II.

Lo cierto es que del cerca de medio millón de cristianos que se estima que hay en Irak, sólo un puñado podrá ir a ver al papa Francisco: debido a un repunte de la epidemia de coronavirus el gobierno iraquí decidió el domingo pasado decretar una cuarentena estricta, con toque de queda total durante los fines de semana, que incluye incluso el cierre de mezquitas y demás lugares de culto. Por lo que Francisco se encontrará con un país semiparalizado y desierto, abierto de modo excepcional para la esperadísima visita del huésped ilustre.

En una charla de una hora el cardenal Sandri, porteño de 77 años pero que vivió casi toda su vida en Roma, destacó que no sólo será un viaje que “es continuidad” del que soñó san Juan Pablo II para el gran Jubileo del año 2000, en tiempos de Saddam Hussein, que no pudo ser por motivos políticos. Se trata también de un viaje “de consolación” a una tierra con “vocación martirial”, marcada a fuego por sufrimiento, terrorismo, violencia, bombardeos y persecución. Tribulaciones padecidas especialmente por la minoría cristiana, diezmada y protagonista de un verdadero éxodo, pero también por la mayoría musulmana.

Sandri entre los refugiados de la llanura de Nínive, en el norte de Irak
gentileza Congregación para las Iglesias Orientales


Sandri entre los refugiados de la llanura de Nínive, en el norte de Irak (gentileza Congregación para las Iglesias Orientales/)

“La mayoría de los cristianos, la mayoría caldeos católicos, son 500.000, pero es una cifra fluida, no cierta, porque no hay estadísticas. Pero es evidente que ha habido un éxodo notable porque han sufrido la guerra, el terrorismo, la inseguridad, la persecución. Y por eso el Papa ha querido ir a visitar a los hermanos nuestros católicos para llevarle ese consuelo, decir ‘aquí estamos’”, señaló. “Y una cosa muy importante es que el Papa a esos obispos iraquíes les va a tener que decir ‘gracias’ por el ejemplo que han dado porque han sido fieles a su ministerio de pastor y no han abandonado la grey. No se han ido, no han dejado a sus ovejas allí, sino que han resistido como pudieron, porque las circunstancias son las que son, pero se han quedado. Este es un gesto que es un ejemplo para toda la Iglesia. Es un signo de lo que el Papa habla sobre el martirio de los cristianos en la época actual, que en algún momento llegó a decir que es peor de las persecuciones de la época del inicio del cristianismo”, agregó.

Sandri viajó a Irak en 2012 para asistir en nombre del Papa a la reconsagración de la catedral siro-católica de Bagdad, reconstruida después de un atroz atentado de octubre de 2010 en el que murieron más de 50 personas: sacerdotes, laicos, niños, que están en proceso de ser declarados mártires. Esa vez, palpó en primera persona tanto la inseguridad reinante como el contexto totalmente distinto al occidental . “Tenía que ir de Bagdad a Kirkuk en avión y el vuelo se suspendió, por lo que fui en una camioneta, por supuesto rodeado de ejército, con metrallas y todo, porque había un gran temor de atentados. Cuando llegué a Kirkuk y me encontré con el obispo, que es el patriarca actual de Bagdad, el cardenal Louis Sako, lo primero que hizo fue llevarme a la mezquita de la ciudad, donde tuve un encuentro con los imanes sunnita y shiita, que me hicieron discursos de bienvenida y me regalaron un Corán”, contó. “Y de ahí pasamos a celebrar misa en la catedral católica. Pero primero, la mezquita. Bueno, para nosotros es otro mundo, acostumbrados como estamos a la libertad de caminar, de ir, venir, ahí es todo un mundo de seguridad. En Kirkuk mientras celebrábamos la misa con el patriarca hubo a lo lejos una explosión terrible: había sido un atentado con 40 muertos, pero a unos 20 kilómetros”, evocó.

Sandri, que también viajó en 2015, cuando visitó a refugiados cristianos expulsados por EI del norte de Irak, destacó la dimensión del diálogo interreligioso del viaje del Papa, que se reunirá en Nayaf con la máxima autoridad religiosa shiita de Irak, el ayatollah Alí al Sistani.

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“El Papa no sólo lleva el clamor de Juan Pablo II por la paz, lleva a su última encíclia Fratelli Tutti, sobre la hermandad y la declaración de Abu Dhabi que firmó con el gran imán de Al Azhar, Ahmed al Tayeb, máxima autoridad sunnita. Es decir, lleva una proclamación por la paz, pero no sólo, también una concreta hoja de ruta para el futuro de las relaciones interreligiosas y para el futuro del mundo. En ese sentido, el viaje del papa Francisco tiene un valor constitucional para el mundo futuro, un proyecto, un mensaje del cual agarrarse para salir de este desbande del mundo actual, con tantas desigualdades, injusticias, pobreza, discriminaciones”, resaltó. Y destacó, por otro lado, el valor de este viaje también para el resto de Medio Oriente. “Tiene una importancia enorme porque el Medio Oriente está dominado por la presencia del Islam en sus diversas formas y significa un respeto por parte del Papa hacia el Islam, en un país donde también ellos, los musulmanes han sido víctimas. Porque no es sólo la Iglesia católica: el martirio ha sido también de tantos musulmanes. Cuando hay un atentado en Bagdad la mayoría son ellos”, subrayó.

-¿Por qué el gobierno de Irak presionó tanto para esta visita, que se dará en un contexto de pandemia y gran inestabilidad?

-Irak tiene necesidad de superar una etapa en la cual se lo considera un Estado de muerte por todo lo que pudo haber habido de guerras, persecuciones, terrorismo. Y una visita como la del Papa lleva una connotación de decir ‘no somos más eso’, que el país está saliendo de eso o que ha salido. Es como una especie de sello que dice ‘vengan’. Ahora, esperemos que durante toda la visita esto sea verdad, que lo respeten al Papa y que no haya ningún tipo de inconveniente del punto de vista de seguridad.

-¿Cuáles serán para usted los indicadores del éxito de este viaje?

-Para mí no serán las masas en júbilo. Recuerdo el viaje de Juan Pablo II a Grecia: no había nadie por la calle, era un desierto. ¿No tuvo éxito? Tuvo éxito en el largo plazo, no inmediatamente y esto es lo que tenemos que ver. El hecho de que el Papa se inclina hacia esta gente en nombre de toda la Iglesia, llevando sobre sus hombros la humanidad doliente, como vicario de Cristo, es un ‘éxito’ o triunfo que no se mide por las manifestaciones. Pero es un viaje que dejará la posibilidad de abrir más puertas todavía para que se cumpla ese designio de Dios que quiere que todos estemos como hermanos y hermanas, proyectando una nueva humanidad.

-El Papa hará un viaje riesgosísimo, que va a ser “el” viaje de su pontificado... ¿Y el viaje a su madre patria para cuándo?

-A mí me hace acordar mucho a la parábola del hijo pródigo: el padre enloquecido cuando lo ve volver al hijo que se fue, que lo abandonó y se fue a comer bellotas. Y el otro hijo lo reprocha y el padre le dice ‘yo estoy siempre con vos’. Yo creo que esa es la respuesta que nos da el Papa por si fue o no fue a Argentina. Él está siempre con nosotros.