Irán condena a muerte a otros tres manifestantes en medio de las críticas internacionales

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, habla durante una reunión con un grupo de personas y clérigos de la ciudad de Qom, en Teherán, Irán

Por Parisa Hafezi

DUBÁI, 9 ene (Reuters) - La justicia iraní condenó a muerte a otros tres manifestantes antigubernamentales acusados de "hacer la guerra a Dios", informó el lunes su agencia de noticias Mizan, desafiando así las crecientes críticas internacionales por la feroz represión de los manifestantes.

Irán ahorcó el sábado a otros dos hombres, uno de ellos campeón de karate con varios títulos nacionales, en sus intentos de acabar con las manifestaciones, que han disminuido considerablemente desde que comenzó a llevar a cabo ejecuciones a las pocas semanas de las detenciones.

Mizan dijo que Saleh Mirhashemi, Majid Kazemi y Saeid Yaghoubi, condenados por el presunto asesinato de miembros de la milicia voluntaria Basij durante las protestas antigubernamentales en la ciudad central de Isfahán, podrían recurrir sus veredictos.

Las fuerzas Basij, afiliadas a la Guardia Revolucionaria de élite, han estado al frente de la represión estatal de los disturbios desencadenados por la muerte de Mahsa Amini, de 22 años, mientras se encontraba bajo custodia de la policía de la moral iraní el 16 de septiembre.

El Papa Francisco condenó el lunes a Irán por aplicar la pena de muerte a manifestantes que exigían un mayor respeto por las mujeres.

"El derecho a la vida también está amenazado en aquellos lugares donde se sigue imponiendo la pena de muerte, como es el caso en estos días en Irán, tras las recientes manifestaciones que exigen un mayor respeto a la dignidad de la mujer", dijo Francisco.

Las protestas, uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la cúpula clerical desde la revolución de 1979, han suscitado el apoyo de iraníes de todas las clases sociales y han puesto en tela de juicio la legitimidad de la República Islámica al pedir la caída de sus gobernantes.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, dijo el lunes que el Estado no tiene intención de suavizar su postura y afirmó en un discurso televisado que quienes "prenden fuego a lugares públicos han cometido traición sin ninguna duda". Según la ley islámica iraní, la traición se castiga con la pena de muerte.

Activistas de derechos humanos consideran que las ejecuciones, detenciones y duras condenas de los manifestantes por parte del clero son un intento de intimidar a los manifestantes y provocar miedo entre la población para poner fin a los disturbios.

A pesar de que el poder redobla la represión, persisten las protestas a pequeña escala en Teherán, Isfahán y otras ciudades.

Al menos cuatro personas han sido ahorcadas desde el inicio de las manifestaciones, según la judicatura, entre ellas dos manifestantes el sábado por matar presuntamente a un miembro de la Basij.

Amnistía Internacional dijo el mes pasado que las autoridades iraníes están solicitando la pena de muerte para al menos otras 26 personas en lo que calificó de "juicios farsa concebidos para intimidar a los manifestantes".

Activistas de derechos humanos afirmaron en redes sociales que otros dos manifestantes, Mohammad Ghobadlou, de 22 años, y Mohammad Boroughani, de 18, habían sido trasladados a régimen de aislamiento antes de su ejecución en la prisión de Rajai Shahr, en la ciudad de Karaj.

Vídeos difundidos en redes sociales, no verificados por Reuters, mostraron a personas reunidas a última hora del domingo frente a la prisión coreando consignas contra Jamenei.

La Unión Europea, Estados Unidos y otros países occidentales han condenado a Irán por utilizar la pena de muerte contra los manifestantes.

Al condenar la última ejecución de manifestantes en Irán, la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, dijo el lunes que "un régimen que asesina a sus propios jóvenes para intimidar a su población no tiene futuro".

La República Islámica, que ha culpado de los disturbios a sus enemigos extranjeros, entre ellos Estados Unidos, considera que la represión de las protestas preserva la soberanía nacional.

(Escrito por Parisa Hafezi; editado en español por Benjamín Mejías Valencia)