La investigación de un jefe policial de Texas podría revelar el origen de la despiadada maniobra de DeSantis | Editorial

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Courtesy/Facebook

La legalidad de lo que ocurrió la semana pasada, cuando un grupo de 48 venezolanos fueron trasladados en avión desde Texas y abandonados en la ostentosa isla Martha’s Vineyard, en un despiadado esfuerzo de reubicación financiado por el estado de Florida y cacareado por el gobernador Ron DeSantis, está siendo investigado. Muy bien, necesitamos más respuestas, ya que parece que DeSantis ya cambió de página, hablando cada vez menos sobre su equivocada maniobra.

Que haya suficiente evidencia para presentar cargos criminales parece una posibilidad remota. Aun así, es posible que lleguemos al fondo del siniestro complot del gobernador no es un cliché— para enviar por avión a inmigrantes desprevenidos de otro estado a un tercer estado.

El jefe de la policía de Texas Javier Salazar está respondiendo a la maniobra de DeSantis con lo que pudiera ser su propia maniobra. Y los inmigrantes en cuestión también están disparando su propia salva.

A última hora del martes, presentaron una demanda colectiva contra DeSantis y la Florida, alegando que lo que se les hizo fue “una crueldad similar a aquella de la que huyeron” en Venezuela. La historia se hizo viral.

Ahora la Florida parece estar replanteándose continuar con su maniobra, que costó $612,000 por vuelo a los contribuyentes. ¿Pudiera ser la reacción negativa contra esta cruel broma?

Salazar, un conocido demócrata que trabaja en el Condado Bexar, dijo en Facebook que su equipo está trabajando con los abogados que representan a los migrantes trasladados en avión desde San Antonio hasta Martha’s Vineyard para establecer si se violó alguna ley y, en caso de ser así, a quién se debe acusar.

DeSantis sostiene que está orgulloso de este plan, que le ha valido la atención nacional.

Y Christina Pushaw, directora de respuesta rápida de la campaña de DeSantis, tuiteó un desafío a Salazar.

“¿Y qué estatutos criminales cita el jefe de policía que él cree que fueron violados?”.

Ninguno, todavía. Pero, ¿qué hay de la “ley” de la decencia humana?

Pushaw tiene razón en una cosa: los cargos penales son una exageración. Pero sí que hubo engaño y decepción.

Los abogados dicen que a los inmigrantes se les hicieron falsas promesas de empleo y vivienda en un estado santuario. Pero los habitantes de Martha’s Vineyard no tenían ni idea de que los vuelos chárter privados planeaban llevar a los inmigrantes a la isla. Después de que los habitantes de Vineyard les mostraran su amabilidad, el grupo fue trasladado a una base militar en Cape Cod.

El alboroto sobre los vuelos a Martha’s Vineyard continuó el martes con la especulación de que Delaware, el estado natal del presidente Joe Biden, es un lugar potencial para la llegada de más inmigrantes. La práctica se ha llevado a cabo en Nueva York, donde los gobernadores de Texas y Nevada han transportado en autobús a otros inmigrantes.

Por cierto, los inmigrantes en cuestión no son ilegales. Fueron procesados en la frontera, se les concedió la libertad condicional y se les dieron fechas para audiencias judiciales.

“Lo que más me enfurece es que tenemos a 48 personas aquí legalmente —tienen todo el derecho a estar aquí— y se aprovecharon de ellas”, dijo Salazar. “Atraídas con promesas de una vida mejor, y con el conocimiento de que se aferrarían a cualquier cosa que se les ofreciera para una vida mejor, fueron explotadas y ‘engañadas’ para hacer el viaje a la Florida, para lo que creo que fue una maniobra política”.

Es cierto.

Incluso si no genera cargos penales, una investigación pudiera revelar la génesis de esta estafa mezquina. Engañar a la gente en un momento tan vulnerable de su vida es cruel. La Junta Editorial reconoce plenamente que nuestra política de inmigración en la frontera es defectuosa y lo ha sido durante años, pero apuntar a los inmigrantes vulnerables no es una solución.

Y los contribuyentes de la Florida pagan por todo esto. La Legislatura estatal aprobó $12 millones para exportar a los inmigrantes ilegales de la Florida. Sin embargo, estos inmigrantes no estaban en la Florida, salvo por una escala para recargar combustible —¿o para justificar el uso de fondos estatales?— en el camino a Massachusetts.

Pero DeSantis y sus facilitadores no dejaron que los hechos se interpusieran. Este fue un evento inventado, diseñado para mejorar la imagen de DeSantis como exterminador del progresismo y para afirmar que la Florida es un estado poco amigable con algunos inmigrantes.

Elogiamos a Salazar por enfrentarse a la maquinaria de DeSantis, que se prepara para la contienda presidencial de 2024.

Los activistas a favor de los migrantes advierten constantemente que los no ciudadanos, como los inmigrantes engañados, son vulnerables a las estafas. Estafadores desalmados explotan las esperanzas de los inmigrantes de obtener un estatus legal o juegan con su miedo a ser deportados. Algunos se hacen pasar por funcionarios de inmigración y exigen dinero.

¿Quién iba a pensar que el gobernador de la Florida se uniría con orgullo a sus filas?